Mario José Buschiazzo: Un pionero, un imprescindible, un faro que no debe ser apagado.

Por Eduardo de Bianchetti


Nació en Buenos Aires, el 10 de diciembre de 1902, era el sobrino de Juan Antonio Buschiazzo, quien fuera Director de Obras Públicas del Intendente Torcuato de Alvear. Juan Antonio, fue el que abrió la Av. de Mayo, el que hizo el pórtico del Cementerio de la Recoleta, o el Mercado de San Telmo y el Palacio Municipal, entre otras obras que ayudaron a modelar la Buenos Aires de fines del XIX.

El Padre de Mario murió muy joven y Juan Antonio se hizo cargo de velar por la educación de su sobrino que realizó estudios secundarios en el Colegio Internacional de Olivos, donde obtuvo medalla de honor en 1920, y seis años después se graduó en la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Buenos Aires.

En 1929 inició su actividad docente en el Colegio Nacional “Almirante Brown”, de Adrogué, fue luego profesor en el Instituto Nacional del Profesorado secundario (1939-41). Allí fijó su residencia y construyó su casa y varias de las pocas obras particulares que hizo ya que se dedicó casi con exclusividad a la docencia y a la arquitectura pública.

Arq. Mario Buschiazzo, Rubén Vargas Vera SJ y Arq. Ricardo Braun Menéndez

Se desempeñó como profesor titular de Historia de la Arquitectura y de Arte en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Buenos Aires, desde 1941; allí, en 1947, fundó y fue el primer Director del Instituto de Arte Americano e Investigaciones Estéticas que hoy lleva su nombre. Lo condujo hasta su fallecimiento y lo elevó al más alto rango entre los centros de investigación sobre la arquitectura y el arte americanos. A su vez fue el Director de la colección de Anales del IAA.

Los Anales se abrieron tanto a los trabajos producidos por los más importantes investigadores de toda América sobre la arquitectura colonial como a noveles investigadores que se foguearon bajo su firme conducción. Así formó a toda una generación de investigadores y docentes. Esos brillantes discípulos fueron quienes nos formaron a las generaciones siguientes en el compromiso por la defensa de nuestra arquitectura como patrimonio cultural de los argentinos y como puente de hermandad con los otros pueblos americanos. Él solo, en la práctica, sentó las bases teóricas -y realizó el trabajo de campo pionero- de la historiografía científica en este tema hasta entonces poco explorado.

Trabajó en la Dirección de Arquitectura de la Provincia de Buenos Aires (1929-30). Trabajó en varias, obras entre ellas la capilla del Cementerio de La Plata, escuelas, hospitales y edificios públicos en varias puntos del territorio provincial.

Fue jefe de la Sección Monumentos Históricos de la Dirección General de Arquitectura de la Nación. Al crearse la Comisión Nacional de Museos, Monumentos y Lugares Históricos, en 1938, por impulso del Dr. Ricardo Levene, pasó adscripto a la misma como asesor técnico hasta 1946. En 1963 fue nombrado vocal del organismo.

Aquí volvió a ser pionero al restaurar el Cabildo de Buenos Aires. Esta es sin duda uno de los aportes más relevantes tanto a la praxis de la intervención en edificios de altísimo valor patrimonial, como a la elaboración de criterios y directrices teóricas. Pero el tándem Levene-Buschiazzo entendía de símbolos. La elección del Cabildo como sede del organismo rector del patrimonio edificado para toda la Nación, fue un acierto enorme y colocó el tema en el centro de la discusión sobre los orígenes del país, nuestras raíces culturales y nuestra proyección, que solo puede ser genuina si se arraiga en esos potentísimos signos que sirven de puente entre las generaciones.

En orden al impulso inicial, en 1941 se sancionó la ley 12.724 que promovió la reconstrucción de la Casa donde se declaró la Independencia en Tucumán. Mario J. Buschiazzo utilizó planos realizados en 1874, cuando la casa fue comprada por el Gobierno, también dibujos y fotos antiguas (sobre todo la de Ángel Paganelli, de 1869). Aquí tuvo algunas herramientas documentales mayores para su cometido. Dejó escrito que, avanzando con los trabajos, fue encontrando los antiguos cimientos y que esto fue una corroboración de los supuestos desde los que había partido. Y lo que –sin dudas- fue un logro notable, trabajo sobre la elevación de la fachada, desde la cumbrera de la Sala de la Jura (única sobreviviente de la Casa original) y usando la proyección y rectificación de la perspectiva de la foto de Paganelli, consiguiendo dibujar con notable precisión el geometral de la fachada icónica.

MOP. Casa Histórica de Tucumán. Reproducción de 1925 de la fotografía tomada en 1869 por Angel Paganelli

Es así como todos los argentinos le debemos la recuperación de los símbolos iniciales de nuestra vida como sociedad independiente.

Pero su legado no terminó allí, aunque estas dos obras le hubieran asegurado un lugar de honor y agradecimiento por sí mismas. Pese a la enormidad de ese aporte, proyectó y llevó a cabo la restauración de numerosísimos monumentos que se iban incorporando al Registro de Bienes Históricos de la Nación. El Cabildo de Salta, la Posta de Sinsacate, estancias jesuíticas en Córdoba, las Ruinas de San Ignacio Miní en Misiones, la Iglesia y el Convento de San Francisco en Santa Fe, El Palacio San José en Entre Ríos, junto con otras tantas obras señeras en la recuperación de la materialidad de los edificios paradigmáticos del periodo colonial y republicano.

Sinsacate, Pcia de Córdoba, Antigua posta. 1942


Palacio San José. 1937.


Templo y Convento de San Francisco, Santa Fe. 1946

Mucho se dijo sobre la pertinencia de sus intervenciones o se cuestionaron -y se cuestionan- algunos criterios y decisiones que sustentó y llevó a la práctica. Estoy convencido que, si hubiera vivido más tiempo, él -con su extremo rigor intelectual- hubiera revisado buena parte de los supuestos con los que se manejó en esa etapa inicial. Pensemos que sus obras principales se hicieron 20 años antes de la Carta de Venecia, documento fundacional de la actual doctrina de manejo del patrimonio edificado.

Recibió el Gran Premio de Honor y Medalla de Oro en el V Congreso Panamericano de Arquitectos de 1940 en Montevideo, En 1941, el gobierno norteamericano lo invitó a dictar conferencias sobre arte colonial Iberoamericano en las más prestigiosas universidades de los Estados Unidos, actividad que se repitió hasta sus últimos años.

Desde 1948 dio conferencias en universidades de España, Portugal, Puerto Rico, Colombia, Grecia e Italia, donde, en la Escuela de Arquitectura de Venecia, dio un seminario. Y recibió el profesorado honoris causa de las universidades “Tomás Frías” de Potosí, Bolivia, y el doctorado honoris causa de las Universidades de México y de la Católica de Chile.

A fines de la década del 50, planificó la restauración de la parte histórica de San Juan de Puerto Rico y de la Casa de Moneda de Potosí.

Casa de la Moneda. Potosí

Sus reflexiones fueron publicadas en numerosas ediciones que, todavía hoy, son de imprescindible consulta de especialistas y estudiantes (*). En 1960 recibió la Beca Rockefeller para investigar en varias universidades norteamericanas. Su presencia en congresos fue constante y, en 1963, llegó a ser miembro de número de la Academia Nacional de Bellas Artes y en la de la Historia. También desde 1964 fue nombrado miembro correspondiente de las academias de Historia de Venezuela, Panamá y Chile, de la Academia de Bellas Artes de Portugal y de diversas organizaciones en su campo.

Además fue amante de la música y un bibliófilo obsesivo. Sus libros personales fueron adquiridos por la Provincia del Chaco y destinados a la Biblioteca Central de la Provincia que inauguró la Sala Buschiazzo con la base de este acervo. Es imposible resumir el conjunto de su obra y de su legado. El agradecimiento y la guía que significa Buschiazzo para los que nos dedicamos a investigar la Historia de la Arquitectura Argentina y Americana o nos abocamos a la conservación del patrimonio monumental, son inmensos.

Falleció el 15 de agosto de 1970, hace 50 años, en la casa de la calle Ferrari 540 -que todavía está en poder de su familia- y que había diseñado y construido para sí, y donde nacieron sus hijos, en su querida Adrogué.

A los que continuamos su trabajo en el Área Técnica de la actual Comisión Nacional de Monumentos y de Lugares y Bienes Históricos, nos queda honrar su memoria y ser consecuentes con su enorme legado. Olvidarlo es traicionarlo y no profundizar y actualizar su trabajo y su visión, es una claudicación que nos reprocharían las próximas generaciones.

Eduardo de Bianchetti

(*) ANEXO: Listado de publicaciones

Listado sus obras publicadas: Beethoven (1932), El arte oculto del cristianismo (1933); Panorama histórico de los Estados Unidos a través de su arquitectura (1934); La Arquitectura Colonial de Cuzco (1936); El templo y convento de Santo Domingo del Cuzco (1936); Las viejas iglesias y conventos de Buenos Aires (1937); La construcción del Colegio e iglesia de San Ignacio de Buenos Aires (1938); Las capillas abiertas para indios (1939); El Aleijadinho (1939); La destrucción de nuestros monumentos históricos (1939); Impresiones sobre Bolivia (1939); Historia de la Catedral de Córdoba (1939); Arquitectura Colonial Venezolana (1939); Planos y fotografías de monumentos históricos (1939); La Arquitectura Colonial en Hispano América (traducida al francés, inglés y portugués) (1940); La Arquitectura Colonial en Colombia (1940); La estancia jesuítica de Jesús María (1940); El templo de San Francisco de La Paz (1940); La Catedral de Córdoba (1941); Buenos Aires y Córdoba en 1729, según cartas de los PP. Gervasoni y Cattáneo (1941); La iglesia de la Compañía de Córdoba (1942); Por los valles de Catamarca (1942); La Catedral de Buenos Aires (1943); Estudios de Arquitectura Colonial en Hispano América (1944); La iglesia del Pilar (1945); De la Cabaña al Rascacielos (1945); From Log-Cabins to Skycrapers (1945); Bibliografía del Arte Colonial Argentino (1947); Skidmore, Owins y Merrill (1959); Argentina: Monumentos históricos arqueológicos (1959); Historia de la Arquitectura Colonial de la América Latina (1961), Faja de Honor de la Sociedad de Historia Argentina; Estudios de Arquitectura Colonial Hispano Americana (1962).

En colaboración con Diego Angulo Iñiguez y Enrique Marco Dorta publicó Historia del Arte Hispano Americano (3 tomos, 1945, 50 y 56).

Folletos: Arquitectura Religiosa Popular en la Argentina (1942); Arquitectura Religiosa Colonial: análisis e historia de unos planes, en colaboración con Guillermo Furlong S. J. (1943); Tres Monumentos salteños (1943); La Arquitectura Colonial del Cuzco (1943); Cabildos del Virreinato del Río de la Plata (1946); El templo de Santo Domingo en la Isla Española (1952); La Arquitectura de las Misiones de Mojos y Chiquitos (1953); Estudio sobre Monumentos Históricos de Puerto Rico (1955); La Arquitectura en la Argentina. 1810-1930 (1966).

Esto sin contar con numerosos artículos de divulgación publicados en numerosos periódicos de circulación masiva o restringida.

Agradecimiento: Cediap