Manuel Mujica Lainez: el legado literario que se resiste al olvido
A 42 años de su fallecimiento, la Secretaría de Cultura le rinde homenaje a uno de los escritores argentinos más notables de su generación. En esta nota, repasamos parte de su vida y legado literario.
Miembro de una familia aristocrática de Buenos Aires, Manuel Mujica Lainez —“Manucho”, como lo apodaban— nació el 11 de septiembre de 1910. En su árbol genealógico, se encuentran personalidades como las de Juan de Garay, fundador de la ciudad porteña en 1580. Del lado materno, ya había escritores y periodistas que, seguramente, influenciaron su amor por las letras. Había comenzado la carrera de Abogacía, pero luego la abandonó para dedicarse a la literatura, aunque no solo a ella: además de escribir poemas, cuentos y novelas, abordó otros géneros como la biografía, la crónica de viaje, el ensayo y la crítica de artes, cuyas columnas en el diario La Nación dieron cuenta de cierta parte del escenario plástico argentino del momento.

Entre sus pares, se vinculó con autores como Alfonsina Storni, Arturo Capdevila, Adolfo Bioy Casares, Victoria y Silvina Ocampo, y Jorge Luis Borges. Sobre todo, por sus colaboraciones en la revista Sur, fundada por Victoria Ocampo. Admiraba a Marcel Proust, Henry James y Virginia Woolf; pero en cuanto a su escritura, el propio Manucho expresó una vez que nunca perteneció a ninguna escuela literaria.
Algunos de los temas que abordó Mujica Lainez tuvieron que ver con distintos momentos de Buenos Aires —como en los cuentos de Aquí vivieron (1949) y Misteriosa Buenos Aires (1950)— y, en otros textos, con el apogeo y la decadencia de la vida burguesa en la Argentina —como en las novelas Los ídolos (1952), La casa (1954), Los viajeros (1955) e Invitados en "El Paraíso" (1957)—. La novela histórica, ambientada en distintas ciudades de Europa, también fue un género al que se dedicó con entusiasmo.

Con una base de datos documentados, liberó su imaginación para ficcionalizar y novelar. Así llegó Bomarzo en 1962, en la que combina lo histórico y fantástico, para recrear la vida de un noble italiano del siglo XVI. Y le siguieron otras como El unicornio (1965), en la que recrea la Francia medieval, y El laberinto (1974), la España del siglo XVI. Bomarzo es, tal vez, la gran obra de Manucho, según distintos críticos. Incluso, fue seleccionada como una de las cien mejores novelas en español del siglo XX, por el diario El Mundo (España). En el ámbito musical, el compositor Alberto Ginastera realizó una ópera basada en el libro.

Contrajo matrimonio con Ana de Alvear Ortiz Basualdo, en 1936. Con ella tuvo tres hijos: Diego, Ana y Manuel. En una finca en Córdoba, apodada “El Paraíso”, Manuel Mujica Lainez murió el 21 de abril de 1984. No es raro que lo hubiera querido hacer allí. A propósito, él mismo compartió: “Pude ir a vivir a Florencia o a Rambouillet, pero compré en cambio una casa en Córdoba porque creo que al país propio hay que sentirlo, juzgarlo, padecerlo, gozarlo, para no abandonarlo. Hay que vivir y crear en el país de uno”.

Si bien obtuvo distinciones como el Premio Nacional de Literatura (1963) y la Legión de Honor del Gobierno de Francia (1982), y sus libros fueron traducidos a más de quince idiomas, no son pocos los que afirman que, desde el comienzo del nuevo siglo, escasean los lectores de su obra. Ya lo decía la escritora y biógrafa María Esther Vázquez, quien también fue amiga del escritor: “Manucho fue un hombre de su siglo, irreemplazable y único, en un país que no lo conoció bien y que —a veces pienso— ya lo ha olvidado”.

En ese sentido, Diego Niemetz, investigador del Conicet, docente de la UNCuyo y autor de Aventuras y desventuras de un escritor. Manuel Mujica Lainez en el campo cultural argentino, comentó en una entrevista: "He escuchado y discutido muchas veces esta idea. La realidad es que desde siempre la crítica fuera de la Argentina fue mucho más entusiasta y benévola (aunque no complaciente) con el escritor que la que se producía aquí. Dejando de lado esa cuestión, en mi opinión en los últimos diez o doce años ha habido una especie de redescubrimiento del autor en el país, algo que se puede verificar en diferentes niveles: por empezar, el síntoma más evidente, es que paulatinamente se ha ido reeditando gran parte de su obra y eso ha permitido que muchos lectores que no lo conocían pudieran acercarse, por primera vez, a sus libros".
Y agregó: "Además, veo interés crítico renovado, que ha permitido revisar su literatura desde perspectivas que antes se habían pasado por alto. Hasta que comenzó esa renovación, todo lo que se escribía de la obra de Mujica partía de su origen social y de su personalidad. Es decir, era una crítica muy orientada a lo biográfico y sustentada en las disputas de poder del campo literario: al leer algunos estudios da la sensación de que en las alabanzas, hasta el absurdo, de los amigos y en las diatribas furibundas de los rivales, se juega otro partido, en el que la literatura queda como un detalle sobre el cual nadie está interesado en hablar seriamente. En ese tipo de crítica había una inclinación, por momentos morbosa, por pensar en la línea obra-vida como única clave interpretativa".

A 42 años de su fallecimiento, la Secretaría de Cultura homenajea a Manuel Mujica Lainez, por su gran aporte a las letras castellanas y por sus múltiples historias que, aún hoy, continúan despertando el interés de lectores de todas las generaciones.
Imagen de portada: Lecturia.