Malvinas 44 años: en el callejón de las bombas
Tras mantener un compás de espera que no permitió realizar operaciones aéreas durante el 22, la mejora en las condiciones hidrometeorológicas abrió las puertas para ejecutar las acciones que luego serían recordadas como el ‘callejón de las bombas’
El mal tiempo reinante durante el 22 impidió el despegue de los aviones argentinos para realizar los ataques aéreos sobre el desembarco que permitía que las tropas invasoras ingresen en San Carlos. La incipiente mejora del tiempo permitió retomar las actividades el 23, con la salida de varias oleadas de ataque.

La primera estuvo conformada por dos escuadrillas de A-4B Skyhawk de la V Brigada Aérea de la Fuerza Aérea y tres de aviones Dagger de la VI Brigada Aérea. Aunque no encontraron blancos efectivos y debieron volver a sus bases, fueron el precedente de una segunda oleada que despegó poco después, con dos escuadrillas de A-4B acopladas, debido a que dos de los seis aviones no pudieron continuar la misión.

Los aviones se aproximaron desde el sur y al llegar a la zona de combate, se encontraron con un helicóptero Lynx, orgánico de la fragata HMS Antelope, al que atacaron sin éxito; pero luego vieron a las fragatas Antelope y Broadsword y fueron a su encuentro. Las recibieron abriendo fuego contra las aeronaves, sin alcanzarlas, aunque un misil explotó muy cerca del avión del Capitán Pablo Carballo, desestabilizándolo, por lo que escapó al pensar que su avión estaba muy dañado.

Mientras tanto, el Alférez Gómez atacó un buque que no pudo identificar, pero que igualmente le arrojó una bomba Mk.17. El 1º Teniente Luciano Guadagnini y el Teniente Carlos Rinke embistieron en su corrida contra la Antelope, que con su artillería antiaérea alcanzó a impactar al avión de Guadagnini en el momento en que lanzaba su bomba Mk.17. El A-4B seriamente dañado, perdió altura y golpeó contra el mástil principal de la fragata, cayendo al agua con su piloto. La bomba de Rinke no dio en el blanco.

Pasado el mediodía despegó una escuadrilla de cuatro A-4Q Skyhawk de la Armada Argentina, aunque uno debió volver debido a problemas técnicos. Tres siguieron con la misión. El Capitán de Corbeta Castro Fox atacó al HMS Intrepid, que se defendió con un misil Sea Cat que lo obligó a hacer una maniobra evasiva en momentos en que lanzaba sus bombas. Por muy poco erraron el blanco específico, pero igualmente causaron daños menores. El Teniente de Navío Marco Benítez fue contra una fragata tipo 21, que no llegó a reconocer, pero se trataría de la HMS Antelope.

Al final del día, la fragata quedó con dos bombas sin explotar, una de cada lado de las bandas. Al intentar desarmar la primera de ellas, ésta explota, causando un incendio generalizado en el buque que lo dejó fuera de combate. Horas después el incendio fue tan fuerte, que el buque colapsó, se partió en dos y se hundió.

En momentos en que regresaron los A-4Q, el avión del Capitán de Corbeta Carlos Zubizarreta volvió con desperfectos técnicos sin poder arrojar sus bombas. Cuando inteneó aterrizar se despistó, por lo que su piloto se eyectó ante el riesgo de que las bombas exploten. Lamentablemente, las graves heridas sufridas al caer al suelo, causaron su muerte horas después.

Desde Río Grande despegaron las escuadrillas Daga y Puñal con seis Dagger, pero la primera volvió al no encontrar blancos y la segunda siguió a San Carlos con el Mayor Martínez y el Teniente Héctor Volponi. Fueron interceptados por dos Sea Harrier que derribaron el avión de Volponi, que perdió la vida.
En la Bahía de San Carlos
Al día siguiente se lanzaron nuevos ataques, esta vez dentro de la Bahía de San Carlos, donde estaban concentrados los buques británicos de desembarco. Para ello, cambiaron la ruta entrando por el sur pero sobre la Bahía Ajax. Allí fueron las escuadrillas Chispa y Nene de A-4B de la V Brigada Aérea, compuesta la primera por los tenientes Oscar Berrier, Alférez Marcelo Moroni y Luis Cervera. La segunda fue integrada por el Vicecomodoro Manuel Mariel, el Teniente Mario Roca y el 1º Teniente Héctor Sánchez. Berrier debió regresar y los otros aviones atacaron tomando por sorpresa a los británicos, logrando varios impactos en los buques RFA Sir Lancelot, Sir Bedivere y RFA Sir Galahad, aunque con las bombas sin explotar. El Sir Lancelot sufrió los mayores daños, quedando fuera de servicio por el resto de la guerra.

Las escuadrillas Plata y Oro de M5 Dagger del Grupo 6 de Caza, despegaron desde San Julián. La primera atacó blancos en tierra en Bahía de San Carlos, mientras que la segunda fue interceptada por dos Sea Harrier y derribada, causando la muerte del Teniente Carlos Castillo, mientras que el Mayor Luis Puga y el Capitán Raúl Díaz pudieron eyectarse. Por otra parte, desde Río Grande emprendió vuelo la escuadrilla Azul, que atacó los buques RFA Sir Galahad, Sir Lancelot y HMS Fearless, causando un impacto en el Sir Lancelot con una bomba que no explotó. Descargadas las armas, los aviones volvieron a su base.

El Grupo 4 de Caza atacó con sus A-4C Skyhawk mediante las escuadrillas Halcón y Jaguar, aunque la primera debió volver por el fuego antiaéreo y la segunda atacó los buques RFA Fort Austin, Resource y Stromness, sin lograr impactos. Mientras regresaban, el Teniente Jorge Bono lamentablemente cayó al mar.

Si bien los ataques del 24 no lograron hundir demasiados buques, generaron un efecto relevante sobre el desembarco británico, al atacar fuertemente a los buques logísticos, y previamente en San Carlos a los buques de escolta. Durante las jornadas de mayor actividad de la aviación argentina, hubo presencia de prensa británica, que publicó numerosos materiales en los medios invasores. De los materiales adquiridos durante los ataques, cuando los medios comenzaron a reportar desde las Malvinas, se pudo constatar la información de que las bombas no estaban explotando. Ante esta información, rápidamente los técnicos argentinos comenzaron a cambiar las espoletas de las bombas, y se priorizó el uso de las de 250 kilos en lugar de las de 500, para aumentar las probabilidades de impacto.