Malvinas 44 años: desde tierra contra la aviación británica
Durante la defensa de nuestro territorio en las Islas Malvinas, la actividad aérea del invasor era uno de los principales desafíos para nuestras fuerzas, por lo que resultó crucial su detección temprana para el combate
Para la localización e identificación de los aviones enemigos la Argentina se basó en dos pilares centrales: por un lado los radares de la Fuerza Aérea y el Ejército, y por otro, en la Red de Observadores del Aire, conformada por oficiales en actividad y reservistas de la Fuerza Aérea Argentina. Esta red, ideada previamente, estuvo conformada por 24 hombres desplegados en las islas y otros 57 en el continente, los cuales hacían distintas observaciones e informaban por radio toda la actividad visualizada; pero además de mirar el cielo, observaron el mar, y también el terreno. Su misión no estaba exenta de riesgos, ya que permanecían desplegados de manera solitaria, enfrentando no sólo al enemigo, sino también al clima, y en muchos casos quedaron tras las líneas enemigas al moverse el frente.

El caudal de información por ellos generado, fue crucial para que los comandantes de las operaciones tuvieran conciencia situacional de lo que ocurría en nuestras islas, especialmente en las zonas donde no llegaba la cobertura radar. En muchas ocasiones, fueron vitales para alertar a las unidades propias sobre la presencia de medios enemigos, salvando gran cantidad de vidas, así como también, hicieron posible la realización de ataques al marcar debidamente la posición de los blancos.

En relación a los radares nuestro país desplegó sistemas de control de tiro de corto alcance Skyguard y Super Fledermaus, para el guiado de los medios antiaéreos, pero la vigilancia y la detección de gran distancia se logró por medio de un radar Westinghouse AN/TPS-43E del Escuadrón de Vigilancia y Control Aéreo Malvinas (VyCA), desplegado en Puerto Argentino. Con ellos, el personal del Grupo 1 de Vigilancia Aérea y el Grupo 2 de Vigilancia y Control Aéreo, recibieron el apoyo de un radar Cardion AN/TPS-44 Alert II del Ejército Argentino.

La posibilidades de respuesta antiaérea, se sustentaron en unidades dependientes de las tres fuerzas. El Ejército Argentino desplegó una batería del Grupo 102 de Artillería Antiaérea al sur de Puerto Argentino, así como al Grupo de Artillería de Defensa Aérea, GADA 601 -reforzado por parte del GADA 602- con dos baterías de seis cañones Oerlikon de 35 mm y directores de tiro Skyguard. También, una batería de misiles Roland y tres lanzadores de misiles Tigercat, que fueron desplegados alrededor de la BAM Malvinas y de Puerto Argentino, mientras que otras dos piezas se ubicaron en la BAM Cóndor.

Además se reforzó con la Batería B del GADA 101, que contaba con ocho cañones Hispano Suiza de 30 mm, desplegada en Camber, al otro lado de la bahía de Puerto Argentino. La Infantería de Marina envió al Batallón de Artillería Antiaérea 1, con tres lanzadores de misiles Tigercat y doce piezas de artillería de 30mm Hispano Suiza que se desplegaron alrededor de Puerto Argentino. Por último, la Fuerza Aérea movilizó en el terreno una batería con ocho cañones Rheinmetall de 20 mm, que se distribuyeron entre la BAM Cóndor y la BAM Malvinas, además de dos cañones Oerlikon de 35 que estuvieron en la BAM Malvinas.

Las acciones que generaron el bautismo de fuego de la defensa antiaérea argentina, ocurrieron durante el 1º de mayo, cuando se repelió el ataque aéreo del enemigo invasor sobre las BAM Malvinas y Cóndor, y donde se alcanzó a algunos Sea Harrier. Muchos soldados en acciones defensivas, pudieron presenciar la caída de uno de ellos al mar.

El 4 de mayo en el segundo ataque aéreo sobre la BAM Cóndor, un Sea Harrier fue derribado, muriendo su piloto. Este derribo fue seguido el 21 de mayo por el de un Harrier GR.3 empleando un misil portátil Blowpipe sobre Puerto Howard, tarea ejecutada por personal de Comandos del Ejército. El piloto invasor abatido, teniente Jeff Glover, fue capturado.

El 27 de mayo los artilleros de la BAM Cóndor se cobraron otro Harrier, esta vez un GR.3 de la Royal Air Force, cuyo piloto logró eyectarse. Tres días después, no fueron las unidades antiaéreas, sino la infantería argentina, la que causó daños a un Harrier con sus armas livianas, al punto que su piloto debió eyectarse. Este derribo fue seguido dos días después por otro empleando un misil Roland desde Puerto Argentino, y su piloto se eyectó sobre el mar.

A estos se sumaron otros derribos reclamados pero no confirmados, además de causar daños a numerosas aeronaves que lograron volver a los portaaviones. Esto generó que los británicos eviten bajo cualquier circunstancia atacar las posiciones donde había artillería antiaérea argentina, o hacerlo desde muy gran altura pero con poca efectividad. Nuestra capacidad para mantener la defensa antiaérea y ayudar a la operativa, fueron tan significativas, que permitieron utilizar la pista de la BAM Malvinas hasta el final del conflicto.

El radar AN/TPS-43 representó un problema tan importante para los invasores, que durante el mes de mayo trabajaron arduamente para integrar el misil antirradar AGM-45 Shrike en el bombardero Avro Vulcan, con el cual intentaron una primera misión el 28 de mayo. Luego de suspenderla, el 30 de mayo lanzaron dos misiles contra el radar, causando daños menores y siendo reparados con rapidez.

Viendo que el radar estaba operativo nuevamente el 1º de junio, días después lanzaron otra misión de ataque, pero los operadores se adelantaron y lo apagaron de manera temprana. Esto generó que la tripulación del Vulcan ataque un director de tiro Skyguard de la artillería antiaérea, que recibió daños de consideración, y en el que perdieron la vida el Teniente Alejandro Dachary, el Sargento René Pascual Blanco y los Soldados Jorge Llamas y Oscar Daniel Diarte.