“A las mujeres en la ciencia les digo: confíen en que pueden llegar lejos”

La científica argentina, María Molina, fue distinguida por el Programa L'Oréal-UNESCO como talento emergente internacional por el desarrollo de terapias antibacteriales.


Hace poco María Molina, doctora en Ciencias Químicas por la Universidad Nacional de Río Cuarto (UNRC), investigadora adjunta de CONICET en dicha institución y profesora adjunta en la Universidad Nacional de Villa Mercedes (UNVIME), fue mamá por segunda vez. Junto a toda su familia -marido y dos hijas- visitará Francia para recibir el 14 de marzo el premio L'Oréal-UNESCO "Talentos emergentes internacionales", un reconocimiento que compartirá junto a otras 14 científicas destacadas de todos los continentes. A sus 34 años, está ilusionada porque no solo conocerá a sus pares sino que participará de la “Semana por las Mujeres en las Ciencias”, jornadas de charlas y debates sobre cuestiones de género, “algo que siempre estuve interesada y se tiene que visibilizar”, afirma. “Las mujeres ponemos el foco en´nosotras podemos con todo´ y tendría que estar puesto en programas de apoyo, subsidios, recursos para allanar el camino”, reflexiona, “a ellas les digo que confíen en que pueden llegar lejos”.

La historia de María es el espejo de tantas jóvenes del país que estudiaron con muchas inquietudes, algunas certezas y varios kilómetros recorridos. Nacida en Venado Tuerto, provincia de Santa Fe, reside en Río Cuarto. Allí no solo trabaja sino que realizó su licenciatura y doctorado en Química. “Gracias a la Universidad pública pude estudiar, con cinco hermanos hubiera sido muy difícil”, enfatiza. De chica no estuvo interesada en las ciencias hasta que empezó el secundario y comenzó a tener un acercamiento a distintas materias más científicas. “Igual era bastante nerd”, confiesa. Se decidió finalmente por la Química, en la carrera conocería al profesor Dr. César Barbero, referente y actual jefe, y a un compañero de clase que resultaría su futuro marido. En Alemania realizó su posdoctorado, precisamente en la Universidad Libre de Berlín, donde se gestó parte del proyecto que luego tomaría forma en nuestro país. Si antes trabajaba sobre terapias anticancerígenas, aquí lo haría sobre terapias antimicrobianas. “Entre ellas se encuentran las terapias fototérmicas, que posibilitan la eliminación de microorganismos, a través de la hipertermia localizada, es decir, la aplicación de temperaturas por encima de lo normal en zonas puntuales”, y añade, “los nanogeles son sustancias poliméricas que se utilizan habitualmente como cápsulas para la liberación controlada de diferentes fármacos. En este caso, planteamos cargarlos con antibióticos que se liberen al encogerse el gel como consecuencias de su calentamiento por medio de la radiación infrarroja. A su vez, habilitaría el funcionamiento paralelo de una segunda terapia antimicrobiana que permitiría matar a las bacterias resistentes a los antibióticos”. El proyecto, que hasta el momento le sigue dando muchos frutos, está en vías de desarrollo, “faltan los ensayos biológicos”, explica y menciona a los integrantes del equipo, la Dra. en Ciencias Biológicas, Inés Yslas; la Dra. en Ciencias Químicas, Melisa Monerris, y la Lic. en Química, Antonia Cuello.