La vuelta a casa de Cascos Azules desde Israel

La pandemia de COVID-19 planteó nuevos desafíos, tanto en la misión como en el regreso al país. Adaptarse a los cambios es parte de la formación de los marinos.


Como parte del despliegue de Argentina en misiones de paz, el país también aporta personal militar a la Misión de las Naciones Unidas para la Organización de Supervisión de la Tregua en Palestina (UNTSO). El Cuartel General del Grupo de Observadores del Golán se encuentra en Tiberias (Israel), donde prestaron servicio dos oficiales de la Armada Argentina. Uno de ellos fue el Capitán de Corbeta Ricardo Schröeder.

“Nos desplegaron el 5 de abril de 2019. Después de hacer un curso inductivo en Jerusalén fuimos a la ciudad de Tiberias, que es donde está el Grupo de Observadores del Golán. Tiene la tarea de asistir a Siria e Israel en el acuerdo de separación de fuerzas firmado en 1974”, explicó el Capitán Schröeder.

Quienes son designados para realizar las misiones de paz como observadores militares, suelen permanecer en suelo extranjero hasta un año. Sin embargo, la pandemia de COVID-19 modificó esos plazos e incluso impuso nuevos desafíos profesionales y personales.

Al respecto, el Capitán Schroeder, que se desempeñaba como Jefe de Operaciones del Grupo de Observadores, relata que el primer caso de coronavirus en Israel se detectó el 22 de febrero. A partir de ese momento, el Estado comenzó a tomar medidas rápidas y estrictas para controlar lo que ya era diagnosticado mundialmente como una pandemia.

“A fines de mayo, el Secretario General de Naciones Unidas suspendió todas las rotaciones de los contingentes que formaban parte de las misiones de paz hasta el 30 de junio. El aislamiento en Israel al principio se extendió por dos meses aproximadamente, llegando a mayo con un promedio de 20 contagios por día. Luego, con el inicio de las clases y la reactivación del mercado laboral sucedió la ‘segunda ola’ llegando a 2000 casos por día en junio”, relató el aviador naval.

Respecto al desafío que implicó a nivel profesional adaptarse a nuevas lógicas de trabajo, destacó: “Nunca estuvimos varados, nuestro tiempo de trabajo en la misión se extendió; por ende, trabajamos con el mismo compromiso que lo veníamos haciendo”.

Entre las medidas tomadas, el Capitán Schroeder particularizó: “Conformamos tripulaciones fijas y aisladas. Nosotros teníamos –previo a la pandemia– puestos de observación fijos conformados por cuatro personas y había bases de patrulla con 5/6 integrantes. Redujimos todos los grupos y los hicimos fijos, o sea cada grupo debía permanecer al menos 14 días. De este modo garantizábamos que, si uno de ellos se enfermaba, la posibilidad de contagio fuera mínima, controlada e identificada. Lo mismo en el Cuartel General, nos dividimos en dos grupos que intercalaban trabajo presencial y home office”.

El oficial de la Armada destacó que estas medidas tendientes a reducir el contagio también les permitieron formar una reserva de gente lista para reemplazar a cualquier grupo que tuviese que ser aislado preventivamente. También afirmó que las plataformas informáticas de la ONU estuvieron a la altura del contexto, brindándoles herramientas eficaces para continuar con las tareas habituales.

La “vuelta a casa” de este contingente se produjo en julio, momento en que Argentina comenzaba a tener su mayor ola de contagios por COVID-19. “Las Naciones Unidas indicaban hacer 14 días de aislamiento en el área de la misión, justamente para mostrar el compromiso con las autoridades locales, que Naciones Unidas no se convirtiera en un vector de desarrollo de la enfermedad. En nuestro caso, como Argentina disponía el aislamiento obligatorio al ingresar al país, también debimos cumplir ese período al regreso”, describió.

En su hogar, situado en la ciudad de Verónica, lo esperaba su familia. Intentaba transmitirles tranquilidad dado que, cuando en Argentina se registraban los primeros casos, Israel ya había controlado la “primera ola” y las medidas de prevención sanitaria eran bastante similares.

Para finalizar, el Capitán Schroeder, realizó un balance de su experiencia: “Tuve la oportunidad de representar a mi país en un equipo de trabajo multicultural y muy diverso. Mis tareas y obligaciones eran totalmente diferentes a las que cumplo en el país y el contexto era un área de operaciones con un elevado nivel de tensión y estabilidad muy frágil. Uno se da cuenta que los desafíos son prácticamente los mismos que uno viene desarrollando desde cadete naval: liderazgo, toma de decisiones y el trabajo en equipo. Guardaré por siempre la satisfacción de haber contribuido en alguna medida y de acuerdo a la función que se me asignó, con la estabilidad o la paz en una región que tiene un conflicto desde muchísimos años atrás”.