La erosión hídrica bajo la lupa en la Pampa Ondulada
Una jornada realizada en Arrecifes permitió compartir, analizar acciones y diseñar estrategias para la recuperación de áreas degradadas minimizando los impactos negativos sobre la producción agropecuaria.
La pérdida de suelos es una problemática que afecta a distintas regiones del país. En el norte bonaerense, Arrecifes se encuentra entre los distritos con mayor afectación dentro de la zona núcleo productiva. Frente a este escenario, la Agencia de Extensión Rural Arrecifes del INTA trabaja desde hace más de una década en acciones de sistematización de lotes y articulación de investigaciones junto al Instituto de Suelos del INTA para generar información que contribuya a la prevención y recuperación de ambientes degradados.
Con el objetivo de compartir experiencias, resultados de investigación y herramientas de diagnóstico, el INTA organizó junto a la Fundación Stegman y la Asociación Argentina de la Ciencia del Suelo una jornada técnica en la Escuela Agrotécnica Martín Fierro de Arrecifes. Allí, especialistas del INTA y de la Universidad Nacional de Rosario abordaron distintos aspectos vinculados al proceso de erosión hídrica, desde su origen hasta las alternativas de mitigación y recuperación.
Una problemática que trasciende los límites del lote
Una de las expositoras fue Patricia Carfagno, investigadora del Instituto de Suelos del INTA, quien participa desde 2016 en trabajos de recuperación de cárcavas desarrollados en el campo experimental de la Fundación Stegman.
Durante su presentación explicó que los procesos erosivos pueden iniciarse a partir de pequeños escurrimientos superficiales que evolucionan hasta convertirse en surcos y cárcavas, incluso en sistemas bajo siembra directa.
Además, remarcó que los flujos de agua que generan erosión no necesariamente se originan dentro de la unidad productiva afectada. En muchos casos provienen de establecimientos vecinos, por lo que las soluciones requieren una mirada integral de cuenca y no únicamente intervenciones prediales aisladas.

En ese marco, Daiana Sainz, también investigadora del Instituto de Suelos del INTA, presentó resultados obtenidos en diferentes relevamientos de campo realizados en la región. Entre los hallazgos destacó que incluso suelos con buena aptitud agrícola y pendientes moderadas pueden presentar riesgos de erosión cuando las pendientes son extensas o existe escasa cobertura superficial.
Los estudios permitieron además identificar procesos de compactación asociados a estructuras laminares que reducen la infiltración del agua y aumentan el riesgo de escurrimiento superficial durante eventos intensos de precipitación.
Cuando el agua que se pierde también es productividad
La jornada contó también con la participación de Sergio Montico, docente e investigador de la Universidad Nacional de Rosario, quien analizó las consecuencias productivas y económicas de la erosión hídrica.
Según explicó, el agua que abandona los lotes por escurrimiento representa mucho más que una pérdida física de recurso hídrico también implica pérdidas de fertilidad, materia orgánica y capacidad productiva.
Como ejemplo, indicó que una lluvia de 35 milímetros con un escurrimiento del 30 % puede representar la pérdida de alrededor de 100 metros cúbicos de agua por hectárea. A ello se suma el arrastre de partículas de suelo y nutrientes que terminan depositándose en cunetas, alcantarillas y sectores bajos del paisaje.

Montico advirtió además sobre la escasa adopción de estudios de suelo como herramienta para la toma de decisiones y señaló que muchos productores no logran dimensionar las pérdidas asociadas al agua que no infiltra. En ese sentido, recordó que cada milímetro de agua aprovechado por los cultivos puede traducirse en importantes incrementos de rendimiento.
Tecnología para detectar y monitorear procesos erosivos
Otra de las exposiciones estuvo a cargo de Néstor Dileo, docente e investigador de la Universidad Nacional de Rosario, que trabaja en el uso de inteligencia artificial en la lectura de imágenes aéreas y satelitales para detectar procesos de erosión.
Dileo explicó que cuando los procesos erosivos ya son visibles en imágenes satelitales, generalmente se trata de situaciones avanzadas, precedidas por fenómenos de compactación y degradación física del suelo.
Para el monitoreo de estos ambientes, los equipos de trabajo combinan imágenes satelitales, relevamientos con drones y procesamiento digital mediante software especializado. A partir de estas herramientas, distintos algoritmos de inteligencia artificial permiten identificar automáticamente signos y síntomas asociados a la erosión hídrica.
El investigador resaltó que el primer paso para abordar el problema consiste en reconocer su existencia y comprender que la erosión es una amenaza concreta para la sustentabilidad de los sistemas productivos de la región.

De la investigación a las acciones de recuperación
Los diagnósticos obtenidos mediante sensores remotos y observaciones a campo se complementan con investigaciones desarrolladas en condiciones reales de producción.
En la jornada, Daiana Sainz presentó experiencias realizadas en el campo de la Fundación Stegman, donde se instaló un limnígrafo para registrar la dinámica del agua a escala de microcuenca y se utilizaron simuladores de lluvia para evaluar la respuesta hidrológica de distintos tipos de cobertura.
Los resultados mostraron que la erosión no depende únicamente de la intensidad de las precipitaciones. La condición física del suelo desempeña un papel determinante en la infiltración, el escurrimiento y la pérdida de partículas.
Según explicó la investigadora, los suelos con cobertura presentan una mejor respuesta frente a los eventos de lluvia, con mayores tasas de infiltración y menores pérdidas de suelo. Sin embargo, advirtió que la cobertura por sí sola puede resultar insuficiente cuando existen procesos de compactación, por lo que el manejo de las rotaciones agrícolas se vuelve un aspecto central en las estrategias de conservación.
Por su parte, Patricia Carfagno describió experiencias de recuperación desarrolladas en establecimientos de San Pedro y Arrecifes. Los trabajos incluyeron relevamientos planialtimétricos para determinar pendientes, diseño de terrazas de absorción y desagüe, estabilización de cárcavas y establecimiento de coberturas vegetales destinadas a controlar el escurrimiento y favorecer el aprovechamiento forrajero.
Asimismo, se incorporaron estructuras de retención de sedimentos orientadas a disminuir la velocidad del agua y promover la recuperación gradual de los ambientes degradados.

Conservación de suelos: una inversión para el futuro
Al analizar los costos de estas intervenciones, Montico destacó que las prácticas de conservación deben considerarse una inversión y no un gasto. Según sostuvo, la degradación genera pérdidas permanentes de productividad, mientras que las acciones de manejo permiten recuperar recursos, reducir riesgos y sostener la capacidad productiva de los sistemas agropecuarios.
La jornada permitió poner en común experiencias de investigación, monitoreo y recuperación que hoy ofrecen herramientas concretas para abordar una problemática cuyo impacto excede los límites de cada establecimiento y compromete la sustentabilidad de las cuencas productivas.
Desde la Agencia de Extensión Rural Arrecifes del INTA destacaron la importancia de continuar promoviendo prácticas de conservación, monitoreo y manejo integral de cuencas para prevenir nuevos procesos de degradación y recuperar áreas afectadas.
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