La Comisión Nacional de Monumentos, de Lugares y de Bienes Históricos expresa su pesar por la muerte de don Luis Orecchia

La Comisión Nacional de Monumentos, de Lugares y de Bienes Históricos expresa su pesar por la muerte de don Luis Orecchia, quien fuera desde 2008 el Delegado de la institución en la Provincia de La Rioja.


La Comisión Nacional de Monumentos, de Lugares y de Bienes Históricos expresa su pesar por la muerte de don Luis Orecchia, quien fuera desde 2008 el Delegado de la institución en la Provincia de La Rioja.

Italiano por su nacimiento en Asti en 1934, llega junto a sus padres al país en 1935, desarrollando toda su fecunda vida en la que será desde entonces su patria de adopción. Arquitecto por la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Buenos Aires (1960), será más tarde docente en las Universidades Nacionales de Córdoba y La Rioja.

Su amor por una de las provincias fundantes de la Nación estará presente en todo el amplio arco de sus iniciativas, actividades y obras, siempre ligadas a la enseñanza en múltiples niveles y a la defensa irrestricta del patrimonio cultural riojano. Su presencia en el Centro Polivalente de Arte de Chilecito entre 1989 y 1993 y en la sede local de la Universidad Nacional de La Rioja (1997-1998) será parte de su importante legado docente.

Pero cabe destacar además que el campo disciplinar abarcado por el arquitecto Orecchia constituye un ejemplo virtuoso de la aplicación del conocimiento académico a la realidad sociocultural de su territorio de actuación: Arquitecturas de Tierra, Arte Sacro y Folklore –algunas de las materias centrales de sus cursos, seminarios y conferencias–, señalan tanto la influencia determinante del rico pasado prehispánico y colonial como su persistencia actual en el perfil identitario del pueblo riojano.

Aunque ahora nos despidamos con pena de un amigo, no podemos dejar de pensar que su tránsito plantea asimismo una enseñanza: una vida llena de interés solidario por su lugar en el mundo y por sus comprovincianos, una labor de indudable alcance nacional, un compromiso militante y ferviente por el patrimonio sostenido hasta la misma hora de su muerte, convierten a esa vida en un espejo en el cual reconforta –y consuela– detener la mirada.