La Casa Histórica de Tucumán, el escenario donde nació la independencia argentina
El edificio que albergó las sesiones del Congreso de 1816 atravesó profundas transformaciones hasta recuperar su fisonomía colonial. Fue declarado Museo Nacional y conserva un valioso acervo histórico que testimonia el proceso de la Independencia.
Construida a mediados del siglo XVIII, la Casa Histórica de Tucumán es uno de los edificios patrimoniales más relevantes del país. Además de haber albergado las sesiones del Congreso que declaró la Independencia, el inmueble fue objeto de distintas intervenciones arquitectónicas y de un proceso de reconstrucción que definió la imagen con la que hoy se lo conoce.
La propiedad pertenecía a la familia Bazán, descendiente de antiguos encomenderos, y había sido construida como una residencia familiar. En 1815, ante la convocatoria del Congreso que sesionaría en San Miguel de Tucumán, Francisca Bazán Esteves de Laguna cedió la vivienda para albergar las reuniones de los diputados.
Con ese fin, algunos ambientes fueron acondicionados para el funcionamiento de la asamblea: la sala y el comedor se unificaron para conformar un espacio de mayores dimensiones, conocido posteriormente como el Salón de la Jura, donde el 9 de julio de 1816 se aprobó la Declaración de la Independencia.

La residencia respondía a las características de la arquitectura doméstica colonial. Con aproximadamente 39 metros de frente por 69 de fondo, se organizaba sobre un eje longitudinal de simetría, aunque las visuales y circulaciones se desarrollaban de manera quebrada, una disposición habitual en las viviendas de la época.
El edificio se articulaba alrededor de dos patios: el primero reunía las habitaciones de la familia, mientras que el segundo se destinaba a los sectores de servicio y a la huerta. Su distribución reflejaba la organización jerárquica de la sociedad colonial.

La fachada principal, considerada uno de los ejemplos más representativos de la arquitectura colonial argentina, estaba dominada por un gran portal flanqueado por columnas salomónicas, concebido como un retablo adosado al frente, y rematado en el tímpano con el escudo de la familia Laguna.
Tras la independencia, la casa atravesó distintas etapas de transformación. En 1874 el Estado nacional adquirió el inmueble a la familia Zavalía, que era su propietaria en ese momento. Durante esa intervención se reemplazó el histórico portal colonial por un frente de inspiración clásica, acorde con los ideales arquitectónicos de la etapa republicana. En las décadas siguientes el edificio albergó dependencias públicas, entre ellas oficinas judiciales y de correos.

El cambio más drástico llegó en 1904, cuando gran parte de la construcción original fue demolida. Solamente se conservó el salón donde se había firmado la Declaración de la Independencia, que quedó protegido por un templete levantado especialmente para resguardar ese espacio considerado una verdadera reliquia histórica.
La valoración patrimonial del edificio se consolidó definitivamente en la década de 1940. En 1941, mediante el Decreto 98.076, el Poder Ejecutivo Nacional declaró a la Casa Histórica de Tucumán Monumento Histórico Nacional, en el marco de la aplicación de la Ley 12.665 y del plan impulsado por la entonces Comisión Nacional de Museos y Monumentos y Lugares Históricos.
En los fundamentos de la norma se destacaba que, junto con el Cabildo de Buenos Aires, la Casa de Tucumán constituía uno de los edificios de mayor significación histórica del país, razón por la cual el Congreso ya había dispuesto previamente la realización de los estudios destinados a su restauración.

Ese proceso se concretó en 1943, cuando la Comisión Nacional promovió la reconstrucción integral del edificio bajo la supervisión del arquitecto Mario Buschiazzo. El proyecto se apoyó en fuentes documentales existentes.
En la actualidad, el edificio funciona como el Museo Casa Histórica de la Independencia, institución encargada de preservar y difundir el patrimonio vinculado con el proceso emancipador. Su colección supera las 700 piezas e incluye mobiliario, armamento, objetos de uso cotidiano, vajilla, ornamentos religiosos, pinturas, retratos, monedas, placas y medallas conmemorativas de los siglos XVIII y XIX. Entre los bienes más significativos se encuentra el Acta de la Declaración de la Independencia, documento fundamental para la historia nacional.
El museo también alberga una biblioteca especializada que reúne más de 500 volúmenes sobre la historia de Tucumán y del período independentista. La colección comprende obras de historia eclesiástica, guerras de la Independencia y civiles, arte, economía, industria azucarera, relatos de viajeros, crónicas jesuíticas, publicaciones periódicas y estudios historiográficos.
