Julio Cortázar, el gran renovador de nuestra literatura
A 112 años de su nacimiento la Secretaría de Cultura recuerda al creador de una obra que aún sigue sorprendiendo a lectores de todo el mundo.
Julio Florencio Cortázar nació el 26 de agosto de 1914 en Ixelles, Bruselas, Bélgica, mientras su padre se desempeñaba como funcionario de la Embajada Argentina. La Primera Guerra Mundial obligó a su familia a refugiarse en Suiza y, posteriormente, en España, hasta que en 1918 regresaron a la Argentina. La familia se instaló en Banfield, donde Cortázar pasó buena parte de su infancia, una etapa marcada por una temprana pasión por los libros.

Formado como maestro y luego como profesor en Letras, Cortázar comenzó a trabajar como docente en distintas ciudades del interior argentino. En esos años desarrolló una intensa actividad intelectual: enseñó literatura, escribió crítica y publicó sus primeros textos. En 1938 apareció Presencia, un libro de sonetos firmado con el seudónimo Julio Denis, mientras que durante la década de 1940 comenzó a publicar cuentos y artículos en revistas literarias. Su encuentro con la literatura francesa y particularmente con el surrealismo amplió su concepción de la escritura.
En 1946 publicó Casa tomada en la revista Los Anales de Buenos Aires, que dirigía Jorge Luis Borges. El relato, con su combinación de una vida doméstica aparentemente normal y una presencia inexplicable que va ocupando una casa, anticipaba una de las grandes características de la narrativa cortazariana: la irrupción de lo extraordinario en medio de la vida cotidiana. En 1951 apareció Bestiario, su primer libro de cuentos, que reunió relatos en los que animales, casas, objetos, obsesiones y situaciones aparentemente comunes podían adquirir una dimensión inquietante.

Ese mismo año Cortázar se trasladó a París, ciudad en la que viviría durante el resto de su vida y que se convertiría también en uno de los escenarios fundamentales de su literatura. Trabajó como traductor para la Unesco y realizó traducciones, entre ellas las de Edgar Allan Poe, una tarea que tuvo una influencia importante sobre su propia escritura.

La consagración definitiva llegó en 1963 con Rayuela, una novela que modificó la relación tradicional entre autor, obra y lector. El libro podía ser leído siguiendo el orden convencional de sus capítulos o mediante el recorrido propuesto por Cortázar, convirtiendo al lector en una especie de jugador que decide cómo atravesar la historia. En esta obra Cortázar construyó un universo donde Buenos Aires y París, el amor, la amistad, la filosofía, el lenguaje, el jazz y la búsqueda de una existencia diferente se entrecruzan. Rayuela fue un gran éxito editorial y se convirtió en uno de los clásicos de la literatura en español, al mismo tiempo que ubicó al escritor en el centro del boom latinoamericano junto a escritores como Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa y Carlos Fuentes.

La obra de Julio Cortázar abarca géneros literarios tan diversos como cuento, novela, poesía, ensayo, teatro, crítica, crónica y algunos libros inclasificables. Después de Rayuela publicó La vuelta al día en ochenta mundos y 62, modelo para armar, obras en las que combinó narrativa, poesía, reflexión, humor y juego. Otros de sus libros fueron Todos los fuegos el fuego, Libro de Manuel, Octaedro, Alguien que anda por ahí, Un tal Lucas y Queremos tanto a Glenda.
La música tuvo también un papel decisivo en su escritura. Cortázar fue un apasionado del jazz, el tango y la música clásica, y buscó trasladar a sus textos la cadencia, la improvisación y el ritmo propios del jazz. El perseguidor, uno de sus relatos más célebres, está inspirado en la figura del saxofonista Charlie Parker y utiliza la música como una vía para explorar el tiempo, la creación artística y la existencia. El jazz representó para Cortázar algo más que una preferencia estética: fue un modelo de libertad, improvisación y ruptura de las estructuras convencionales.
En sus últimos dedicó parte de su tiempo a viajar. Junto a Carol Dunlop publicó Los autonautas de la cosmopista, relato de un viaje realizado por ambos por la autopista entre París y Marsella.

Julio Cortázar murió en París el 12 de febrero de 1984, a los 69 años, y fue enterrado en el cementerio de Montparnasse. En 1984 recibió de manera póstuma el Premio Konex de Honor en reconocimiento a su aporte a la literatura argentina.