Julio Barragán, el trazo cubista argentino

 


En el marco del Dia Mundial del Arte, queremos recordar al artista plástico Julio Barragán, uno de los grandes exponentes de la plástica en la República Argentina.

Su característico trazo se transformó en el denominador común de todas sus obras. Su formación autodidacta fue impregnada por el uso de las formas, las texturas y el color de una manera univoca.
Sus primeras producciones plásticas, de tintes realistas, fueran gobernadas por las tonalidades pardas, grises, y mates, las cuales evidencian el puente establecido entre su oficio de artista y su otro gran amor, la cerámica. No es casualidad que desde el año 1945 detentó el título de Técnico de la Escuela Nacional de Cerámica, ubicada en el barrio de Almagro de la Ciudad de Buenos Aires.

Su obra fue bien recibida en el Salón Nacional de Artes Plásticas desde 1946, pero su producción dará un salto cualitativo y cuantitativo a partir de un viaje a París y el contacto con la obra de Pablo Picasso.
La adopción del cubismo en su obra traerá consecuencias notorias en su producción. El estudio del color y de las formas, la incorporación de la materia y las dinámicas logradas, se transformarán en el norte hasta alcanzar la perfecta conjunción entre las representaciones constructivistas y la potente fiebre del color que amalgama lo estrictamente formal del lenguaje y el desborde expresivo.
El 27 de Diciembre del año 1939 se inauguró el edificio del Ministerio de Hacienda y Finanzas Públicas como una pieza única en cuyo interior se presenta un universo patrimonial que tiene como grandes protagonistas a los artistas plásticos argentinos.

La producción plástica de Julio Barragán se constituye como una columna vertebral entre el cuarto, quinto, sexto y noveno piso de la cartera económica. La singular lucidez del autor se hace evidente en las piezas que forman parte de la colección del Ministerio de Hacienda y Finanzas Públicas, y permanecen en custodia de la Coordinación de Recuperación y Conservación del Patrimonio Cultural.
Obras como “Álamos”, “Paisaje con casas e iglesia”, “Paisaje con casas”, "Escena portuaria", “Casas” o “El Riachuelo” engalanan los distintos despachos, salones de reunión y oficinas de funcionarios y empleados.

Lo manifestado, no solo circunscribe una responsabilidad, sino destaca y pone en valor la vocación necesaria y excluyente para velar por la perpetuidad de los bienes culturales, concebidos como componentes insoslayables y poseedores de un valor espiritual que los define como únicos e irremplazables y conforman el valioso acervo que pertenece a toda la sociedad.
Es por esto, que desde hace más de dos décadas la Coordinación de Recuperación y Conservación del Patrimonio Cultural ha asumido un compromiso inquebrantable con la sociedad en relación a los bienes culturales, encauzando dicha comprometida labor en la salvaguardia, recuperación y uso responsable de los mismos.
Por Lic. Mario Félix Naranjo