Investigación en el espacio: historias de vocaciones científicas

¿Cómo descubrieron y desarrollaron sus carreras quienes optaron por generar conocimientos y desarrollar tecnología espacial? Cuatro historias en el Día Mundial de la Ciencia y la Tecnología y el Día Nacional del Investigador Científico.


La ciencia del espacio involucra a un conjunto amplio de conocimientos que provienen de variadas disciplinas. En el Día Mundial de la Ciencia y la Tecnología y el Día Nacional del Investigador Científico, que se celebra el 10 de abril, desde la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) los homenajeamos con las historias de cuatro investigadoras e investigadores que se desempeñan en la institución. Desde la biología, la física y la astronomía, destacan su vocación por generar nuevos conocimientos y ponerlos a disposición para beneficio del conjunto de la sociedad.

Del microscopio a los satélites

Familia de tradición italiana. Fin de semana por medio se juntaban a almorzar en casa de la abuela. La cita era en la cuidad de La Plata, donde además Sandra Torrusio solía visitar el Museo de Ciencias Naturales. Así rememora su infancia, la calidez de sus afectos y el despertar de una vocación que la acompañaría por el resto de la vida.


Dra. Sandra Torrusio

Torrusio recuerda cómo la ciudad de las diagonales y, tal vez, el museo más famoso del país, luego serían el escenario de su vida universitaria. Allí estudiaría biología en la Universidad Nacional de la Plata, daría los primeros pasos como docente y avanzaría en sus estudios sobre los ecosistemas del mar. Sin proponérselo, también iniciaría su carrera en el campo de los sensores remotos y el uso de información satelital.

“Al finalizar mis estudios de grado, desde la cátedra donde trabajaba pedimos una beca a la Universidad para realizar estudios sobre fitoplancton en la Antártida, pero como eran tiempos de crisis económica, previo a la hiperinflación, también busqué otras alternativas”, comentó. Así fue cómo respondió a la solicitud publicada en un pasillo de la Facultad, donde requerían un biólogo para trabajar con sensores remotos en un proyecto de las Naciones Unidas.

Hasta ese momento Torrusio no tenía mayor información sobre los sensores remotos, pero quedó seleccionada. A comienzos de 1989 ya estaba trabajando con imágenes satelitales en el Ministerio de Obras Públicas de la provincia de Buenos Aires, cuando recién surgían las primeras computadoras personales y aún no existía la CONAE. Hoy es doctora en biología, referente del uso de satélites en investigaciones sobre ambiente y mar, y de las Misiones SAC-D Aquarius y SAC-C.

“Lo que había empezado a ver desde un microscopio en el laboratorio de la universidad, lo empecé a mirar a 700 km de distancia con un satélite, siempre enfocada en las comunidades de fitoplancton, problemas vinculados con la pesca y el cambio climático, así como las emergencias por derrames de petróleo en el mar y otras emergencias en la tierra”.

Siempre me gustó pensar cómo pueden ser aplicadas las investigaciones, ya sea en el sector agropecuario, en los bosques, en la calidad del agua, en las emergencias o en la salud”, dijo, y agregó: Me atrapa la gestión pública. Creo que es una manera de devolver al estado lo que me dio. También me apasiona dar clases, como un espacio para inculcar a los y a las jóvenes la pasión y el gusto por el trabajo en el ámbito de la investigación”.

Curiosidad por el espacio

Laura Frulla aún recuerda con cariño los libros de astronomía que había en su casa de la infancia, que pertenecían a su padre. Es la primera imagen, junto con la serie de TV de Carl Sagan, en donde encuentra los orígenes de su vocación por la ciencia y por el espacio en particular. Hoy todavía conserva los libros de la saga de Cosmos como un bien preciado.


Dra. Laura Frulla

“Siempre tuve curiosidad por el espacio. Aunque fue algo que fui asimilando de a poco. Cuando empecé a estudiar en la Universidad de Buenos Aires me orienté hacia la física porque pensé que podría ayudarme a entender algo de la naturaleza y del espacio en particular, indicó.

Luego de especializarse en satélites geoestacionarios GOES, para su tesis de licenciatura, trabajó con sensores remotos y ópticos, para lo cual contó con la colaboración de su profesor “excepcional” Alberto Giráldez, quien luego fue su antecesor como investigador principal de la Misión SAOCOM, y también de su mentor Antonio Gagliardini, el director de su tesis doctoral.

En 30 de diciembre de 1998 ingresó a la CONAE. Guarda esta fecha en un rincón especial de la memoria, como un paso muy importante en su carrera. Desde que obtuvo su título de grado hasta ese momento llevó a cabo toda su carrera profesional en CONICET y adquirió conocimientos que después pudo aplicar en estudios de misión y, en particular, en la calibración para los satélites SAC-C, SAC-D, SAOCOM y en la Misión SABIA-Mar, actualmente en desarrollo.

Frulla destacó el trabajo que realiza desde un organismo público como la CONAE, donde valora el hecho de que se desarrollen productos útiles para la sociedad. “Hago este trabajo porque lo siento, me gusta y me divierte, por más que en ocasiones pasamos por momentos difíciles. Esta actividad me apasiona y no registro el tiempo que le dedico. "

Para ella 2020 es un año especial, por la cercanía del lanzamiento del satélite SAOCOM 1B: “No me olvido más de todas las cosas que vivimos durante la preparación y la puesta en órbita del satélite SAOCOM 1A. Nunca me hubiese imaginado ser parte de esto.

Física por el arte, el espacio y la salud

Doctor en Física, Marcelo Scavuzzo es referente en el desarrollo de información satelital aplicada a la salud humana, sobre enfermedades transmitidas por vectores como el dengue y el hantavirus, entre otros temas. Además es director del Instituto de Altos Estudios Espaciales Mario Gulich. Pero curiosamente no descubrió su vocación atraído por la ciencia sino por el arte. “Aunque parezca raro, empecé a estudiar Física en la Universidad Nacional de Córdoba por una cuestión artística. Años antes, cuando en el secundario cursé la materia Óptica me interesaron los arcoíris, los espectros y los rayos de luz. Me parecían algo bello, en el sentido artístico. Eso me sedujo, pero además la carrera de Física era como el cuco de la universidad. Y a mí me gustaban los desafíos, dijo.


Dr. Marcelo Sacavuzzo

“El desafío de ingresar al campo de la ciencia me atraía más que la ciencia en sí misma. Tenía una alta valoración por la capacidad intelectual de quienes se dedicaban a la investigación y me preguntaba si yo también podría hacer ese trabajo”, indicó, y añadió: “Mi motivación tiene que ver con resolver problemas y encontrar soluciones que sirvan a las personas.

Scavuzzo trabajó casi 10 años en la Universidad. Allí realizó sus tesis de licenciatura y de doctorado sobre modelos de simulación aplicados a la física de la atmósfera. Años después también pudo volcar esos conocimientos a su trabajo en la CONAE, con modelos que utilizan imágenes satelitales para resolver problemas de sistema socio productivo argentino.

Además de publicar “papers” en revistas científicas internacionales, como un medio para validar la calidad de una investigación, Scavuzzo destacó la necesidad de investigar temas que tengan una utilidad concreta. “En este sentido, CONAE es un buen lugar para trabajar, partiendo del objetivo del Plan Espacial Nacional, que apunta a optimizar las actividades del sistema socio productivo del país. Ese debería ser el plan de desarrollo personal de cualquier científico, indicó, y consideró que esta premisa es una responsabilidad mayor para quienes se formaron en la universidad pública, debido a que pudieron acceder a una educación de excelencia y gratuita.

“Para que el desarrollo científico sea sustentable, la Argentina necesita que el sistema esté más anclado en la sociedad”, consideró.

El cielo desde la terraza, la tierra desde un satélite

Marcelo Colazo aún recuerda las noches en su ciudad natal, Santa Rosa, provincia de la Pampa, cuando tendría unos 11 o 12 años y se juntaba con amigos a observar el cielo estrellado desde las terrazas de sus casas. Desde su infancia estaba todo dicho: el espacio era su vocación y su vida profesional giraría en torno a ella. Hoy es doctor en Astronomía y lleva adelante investigaciones sobre el espacio profundo desde la CONAE.


Dr. Marcelo Colazo

“Cuando fui creciendo continuó mi interés por la astronomía, pero por el lado más teórico, vinculado con la matemática y la física. Tuve muy buenos profesores en el secundario, que me orientaron y me alentaron a seguir astronomía, y en quinto año hice un test vocacional que confirmó esa vocación por la ciencia. Mi familia estaba un poco temerosa de cómo iba a vivir siendo astrónomo, pero me alentaron a hacerlo”.

Colazo estudió Astronomía en la Facultad de Ciencias Astronómicas y Geofísicas de la Universidad Nacional de la Plata, que funciona en el observatorio astronómico. “Adoraba las matemáticas y la física. Disfruté cada materia que cursé”, aseguró. Allí orientó sus estudios hacia la atmósfera de las estrellas, desde el punto de vista teórico. “Mi herramienta siempre fue más la computadora que el telescopio, indicó.

“Cuando terminé la carrera, en 1993, en la CONAE, que era un organismo recientemente creado, estaban buscando a una persona que manejara información satelital, con un perfil científico y una orientación en computación. Tuve una entrevista y empecé a trabajar a los dos meses en la sede de la Ciudad de Buenos Aires. Hacía poco que me había recibido y ese fue mi primer trabajo profesional y estable”, recordó. En 2001 se mudó a la provincia de Córdoba, donde dirigió la estación terrena, se orientó al desarrollo de productos satelitales y, en los últimos años, se enfocó en las antenas del espacio profundo.

“Hace más de 25 años que trabajo en la CONAE. Estoy involucrado desde muy joven en todas las actividades espaciales. Poder ver que se hace realidad un proyecto que llevó tanto tiempo, como el próximo lanzamiento del satélite SAOCOM 1B, y que involucró el esfuerzo de tantos profesionales es una alegría y un orgullo muy grande. Aunque no sea mi trabajo directo, es parte de mi vida, sostuvo.

“También me enorgullece haber estudiado en la universidad pública, por su nivel de excelencia y su reconocimiento internacional, así como trabajar en un organismo del Estado. Además de permitirme cumplir con mi vocación, creo que aquí nos desarrollamos como servidores públicos, finalizó.