[Intermesas] Nahuel Levaggi: “Hay que democratizar la economía para independizarnos de quienes imponen los precios”

Invitado dentro del marco de charlas de la Propuesta de Proyecto Comunitario “Hacia la Soberanía Alimentaria” de la Red de Mesas del Asociativismo y la Economía Social (MAyES), que coordina INAES, el presidente del Mercado Central y referente nacional de la Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT), Nahuel Levaggi, explicó cómo se construyen los precios y qué medidas cree que se deben impulsar para racionalizarlos.


El jueves 25 de marzo, en una reunión virtual convocada por la Red de Mesas del Asociativismo, Nahuel Levaggi analizó las razones por las que existe una distorsión en el precio de los alimentos y cómo cree que se podría solucionar ese tema prioritario de la agenda pública. Con un año de gestión al frente del Mercado Central y una trayectoria de casi una década como coordinador de la UTT, Levaggi plantea la necesidad de ordenar la producción de alimentos para modificar la irracionalidad de un mercado concentrado y dolarizado.
“Cómo se construyen los precios es la pregunta que interpela a todos y todas cuando los precios están altos. Ahí es un problema que surge para la política nacional, cuando la sociedad se queja y se pone el tema en la agenda pública. Es un debate que sirve para poner en cuestión cuál es el modelo que construye los precios. Hay quienes venimos planteando la necesidad de cambiar el modelo agroalimentario en la Argentina. En estos últimos tiempos en que los precios se disparan, pudimos ponerlo en agenda, es una oportunidad para que el tema se instale y se trabaje en la solución”, explica Levaggi.
La siguiente referencia es para otro interrogante de la actualidad: ¿por qué esos precios distorsionados? “Hay dos elementos. Primero hay un modelo general que genera dependencia, anclado al agronegocio, basado en agroproductos modificados, monocultivos y a precio dólar. Es un modelo tecnológico dependiente y dolarizado, eso impacta en los costos del producto. Un modelo que también pone en juego la renta de la tierra porque compite con un modelo de exportación (sojero) en gran parte del territorio y en los cordones verdes periurbanos compite con el valor de la tierra dedicada a los countries. En segundo lugar, la fruta y la verdura son alimentos que están librados a la oferta y la demanda, desde la semilla hasta la venta a la vuelta de la casa del consumidor. Se cumple aquello de que a mayor demanda, mayor precio. Hay muchas cuestiones para analizar en todo ese proceso, distorsiones, es necesario planificar la producción porque nunca hubo de parte del Estado un plan estratégico que ordene al sector para que se equilibre el mercado”, sostiene Levaggi.
Para el presidente del Mercado Central, el parámetro que se debe tomar para organizar una política de alimentos es que se cubra la necesidad nutricional de todos los habitantes: “Necesitamos garantizar lo que pide la FAO que es que el consumo de frutas y verduras debería ser de 400 gramos diarios per cápita. Hoy en la Argentina ese consumo en promedio está entre los 180 y 200 gramos. El registro es peor todavía si tenemos en cuenta que gran parte de esos 200 gramos se da por el alto consumo de papa, lo que desequilibra mucho más la dieta. Para que eso mejore, tiene que haber una planificación. Durante la pandemia se vieron los grandes problemas de producción que hay, aumentó la demanda de fruta y verdura, y eso hizo que en un mercado distorsionado y con precio dólar aumentara mucho el costo de producción”.
“¿Cómo se soluciona? Algunos piensan que se les debe imponer el precio a los mercados y verdulerías, pero para solucionarlo no sirve poner un precio máximo si no se modifican las condiciones que llevan al aumento de los precios. Hay que transparentar e incidir en todo el modelo de producción. Tener semillas propias, dejar de lado el uso de agroquímicos, multiplicar las hectáreas de producción agroecológica y planificar la producción de modo que no se tengan los altibajos que suele haber de alimentos que a veces faltan y el precio se encarece y en otros momento sobran. Un ejemplo es lo que pasa con el tomate que en algunos momentos no hay y en otros se tira porque no hay forma de que el mercado absorba la producción”, asegura Levaggi.
“Para que esa planificación se pueda dar, es imprescindible revisar el acceso a la tierra y al agua. Hay que transparentar las cadenas de comercialización y generar un desarrollo de alimentos y comercios locales. Para las grandes urbes es muy importante contar con mercados abastecedores. Estas dos estrategias no son contrapuestas, son complementarias. En ese esquema el rango de ganancia debe ser racional, debe contemplar que el mercado de verduras y frutas es estacional, que no se puede producir todo, todo el tiempo y en todos lados. Necesitamos racionalidad, transparencia y abasto para las grandes urbes, evitando sumar intermediaciones. Con estos instrumentos de planificación que racionalizan el mercado, el consumidor debería acceder a precios razonables.”, enumera el titular del Mercado Central.
¿Qué se está haciendo para cambiar esta realidad? Levaggi aporta algunas medidas y proyectos: “En el Mercado Central tratamos de poner en marcha algunas medidas en ese sentido, por eso elaboramos una lista de precios que sirvan de guía. Las urbes tienen que tener sus propios cordones verdes. En la mayoría de los territorios puede desarrollarse la producción de hoja. Es irracional que la producción viaje cientos de kilómetros cuando muchos lugares podrían generar su propia producción agrícola, su propio ordenamiento periurbano verde. La planificación productiva es eso, no puede ser que la lechuga que uno consume en su casa tenga 300 kilómetros encima. Tapalqué es un ejemplo de municipio que está buscando cambiar esto. La verdura llega desde 300 kilómetros cuando tienen un clima y un suelo totalmente apto para la producción. Hay una conciencia que está creciendo en parte de la dirigencia política y es un cambio que se tiene que dar”.

El papel del Estado
Acerca de favorecer ese cambio desde las compras del Estado, Levaggi plantea la necesidad de profundizar algunas iniciativas con el apoyo de las organizaciones sociales: “Se están impulsando. Ese es un planteo histórico de las organizaciones, desde el Mercado Central lo estamos implementando, es una decisión política. Hay que entender que las intenciones a veces chocan con la realidad y el Estado es una gran máquina de impedir. El Estado es un espacio en disputa. Es el árbitro al que le exigimos reglas de juego. Las organizaciones tienen que plantear un direccionamiento en función de los intereses populares. Es necesario organizar a la comunidad y buscar que los resortes del Estado estén en función de esos intereses”.

Volviendo sobre la formación de los precios, Levaggi resume las necesidades para generar el cambio de modelo: “Todo empieza con una semilla en la tierra. El problema es que hoy por hoy dependemos de las grandes multinacionales para comer todos los días, eso es dependencia, no soberanía. Necesitamos multiplicar el sujeto productor y las hectáreas. Las políticas activas de planificación no van en contra del planteo de la soberanía alimentaria, no es dicotómico. Las dos cosas son necesarias. Hay experiencias en los mercados internacionales que empiezan a recortar las compras en base a los agroquímicos que contienen los productos. Ya empieza a controlarse la producción en muchos países que no aceptan alimentos con tóxicos, eso va a impulsar el cambio. Hay que aumentar la producción de hectáreas para el mercado interno y empoderar al sujeto productor generando soberanía. Esa discusión se debe dar”.
“La política de control de precios en la que se hace toma una lista de productos pactados no es la solución porque estamos diciéndole a la población que vaya al supermercado, que es uno de los principales formadores de precios. Hay que empoderar al sector cooperativo y las organizaciones del campo. Podemos producir leche, carne, embutidos, aceites; tenemos a los productores con capacidad de hacerlo. Hay que recurrir a la política pública, que debe incluir a todo ese sector. Si se logra esa democratización de la economía, podríamos independizarnos de los concentradores que ponen los precios”, enfatiza Levaggi.
Aumentar la oferta para el mercado interno es uno de los ejes centrales de la política que plantea Levaggi, pero sostiene que no es el único factor a modificar: “No es una sola cosa. La planificación es fundamental para el centro del problema, pero hay otros factores. Uno de ellos es que comemos mal. Tenemos una dieta con muchos hidratos de carbono, hay que alentar la ingesta de más verduras y frutas. Además de los cambios en el sector productivo para que los productores vivan dignamente y que el consumidor tenga acceso a los alimentos, es necesaria una educación para comer mejor. Hay una enorme variedad de frutas en la Argentina, por ejemplo las frutas subtropicales del norte. Sin embargo, todo el mundo come manzanas, peras, duraznos, naranjas y mandarinas. Si se cambiaran esos hábitos, el consumidor conseguiría frutas de estación a menor precio y se abriría un nuevo mercado para los productores”.

Abusos, tierras y agroecología

“Si lo que recibe el productor tiene un 400% de diferencia con lo que paga el consumidor, no podemos tener dudas de que el mercado es irracional. Hay que racionalizarlo con una política activa con precios justos para el productor y el consumidor. Es un trabajo que está comenzando. Hay que promover zonas de producción, planificar los picos, evitar la atomización de la producción, que es muy fuerte”, asevera Levaggi.
“Hay que ganar más tierras y dar un debate con toda la comunidad. Una de las grandes victorias de los sectores concentrados es haber ganado a mucha gente con un discurso falso. Hay que dar un debate de sentido común, hay que ganar a los sectores perjudicados por más que apoyen el modelo actual. Hay que demostrarles que el mundo va hacia un modelo diferente. Hay que salir a proponer que en los espacios urbanos se aprovechen las tierras que están en manos del Estado para la producción. Hay muchos que desde la política empiezan a tomar el guante”.
Una de las banderas históricas de la UTT fue la difusión de la agroecología. Levaggi plantea una diferencia profunda entre esta forma de producción y los alimentos orgánicos: “Lo orgánico es un negocio, el certificado lo otorga empresas privadas que forman parte de ese negocio. Lo importante es que se introduzca el concepto agroecológico, que tiene que ver con alimentos sanos para toda la población, no solo para el que pueda pagarlos. Hay que poner la agroecología a disposición de todos los habitantes. Estamos en un cambio de época, hoy esa posibilidad empieza a suceder. Hace 8 años, cuando empezamos a difundir la agroecología, era muy difícil, pero ahora se multiplica en todos lados. Los precios de la agroecología son más bajos porque no tienen el insumo dolarizado de los agrotóxicos. Si hay algunos proyectos que venden las verduras y frutas agroecológicas más caras es por negocio, esos no son proyectos populares”.