INTA Quimilí evalúa experiencias de cultivos asociados en Campo Gallo
Técnicos de INTA Quimilí llevan adelante el seguimiento y la evaluación de una experiencia de cultivos asociados en un establecimiento agropecuario de la zona de Campo Gallo, una práctica innovadora para la región que busca mejorar la cobertura del suelo y aportar mayor sustentabilidad a los sistemas productivos.
El Ing. Agr. Javier Reinaldi, coordinador de Extensión de INTA Quimilí, explicó que la iniciativa surge a partir del interés de un productor local que decidió implementar un sistema utilizado en otras provincias y países, adaptándolo a las condiciones del oeste santiagueño.
La experiencia consiste en sembrar una pastura, en este caso brachiaria ruziziensis, asociada al cultivo de maíz. El objetivo es generar una importante cobertura del suelo sin afectar el rendimiento del cultivo comercial, además de mejorar las condiciones para los cultivos posteriores.
Reinaldi explicó que este tipo de estrategias adquiere especial importancia en la zona de Campo Gallo, donde las precipitaciones promedio rondan los 640 milímetros anuales, inferiores a las registradas en Quimilí. Esta condición dificulta la implantación de cultivos de servicio durante el invierno debido a la escasez de lluvias en esa época del año.
"El desafío es incorporar el cultivo de servicio dentro del mismo cultivo de renta. De esa manera se logra cobertura del suelo sin depender de las lluvias otoñales e invernales", señaló.
Para acompañar el trabajo, INTA Quimilí se vinculó con la ingeniera Verónica Sauer, de INTA Las Breñas, quien cuenta con experiencia en este tipo de sistemas y aportó recomendaciones técnicas para la implantación.
Actualmente, los técnicos realizan mediciones de biomasa producida tanto por el maíz como por la brachiaria, comparando los resultados con un lote testigo sin la pastura asociada. Además, se evalúan distintos indicadores del suelo, como humedad hasta los dos metros de profundidad, densidad aparente, resistencia a la penetración, infiltración y una caracterización de fertilidad química de los suelos.
Según las primeras observaciones, los resultados son alentadores. Reinaldi indicó que, a simple vista, no se observan diferencias en el desarrollo del maíz respecto del lote testigo, lo que permite suponer que la incorporación de la brachiaria no afectaría el rendimiento del cultivo. A ello se suma la importante cobertura vegetal que deja el sistema una vez finalizado el ciclo.
La experiencia también permitió comparar distintos métodos de implantación de la brachiaria, entre ellos la siembra con sembradora y mediante drones. De manera preliminar, la siembra con el sistema fertilizador mostró mejores resultados.
Al tratarse de la primera experiencia de este tipo en la zona de Campo Gallo, desde INTA destacan que será necesario continuar las evaluaciones durante los próximos años para analizar el comportamiento del sistema bajo diferentes condiciones climáticas y su impacto sobre los cultivos que integran la rotación, como la soja.
Finalmente, Reinaldi remarcó que el rol del organismo consiste en generar información técnica a partir de estas experiencias para ponerla a disposición de los productores y agradeció la predisposición de Catinzaco Agropecuaria S.A. que abre las puertas de sus establecimientos para desarrollar este tipo de trabajos de innovación e investigación aplicada.