Gonzalo Demaría: "Más que nunca, el arte es humanidad"

Hasta el 5 de diciembre, continúa en cartelera la obra La comedia es peligrosa, en el Teatro Nacional Cervantes. Estrenada en coincidencia con los festejos por el centenario del Teatro, conversamos con su autor, el dramaturgo argentino Gonzalo Demaría, sobre la fascinación del público argentino por el vodevil y las historias de enredos, así como la importancia del teatro y las artes en el siglo XXI.


Historia de enredos, parlamentos en verso, vestuario de época, música y humor son características propias de aquel teatro del Siglo de Oro español que, aún hoy, sigue funcionando para maravillar al público argentino. En este caso, se trata de La comedia es peligrosa, escrita por Gonzalo Demaría y dirigida por Ciro Zorzoli, la cual se estrenó en el Teatro Nacional Cervantes y continúa hasta el 5 de diciembre. Luego, se sumará a la cartelera de verano del Teatro Auditorium, en la ciudad de Mar del Plata.

Con un elenco de lujo —entre ellos, Paola Barrientos, Milva Leonardi, Roberto Castro, Iván Moschner, Gaby Ferrero, Horacio Acosta, Mariano Mazzei, Andrés Granier y Tincho Lups—, la obra muestra a un grupo de personajes en la época del Virreinato del Río de la Plata, en 1783, que intenta montar una compañía de teatro en Buenos Aires. A partir de ahí, los vaivenes entre los personajes-actores y las autoridades de la Corona (personalidades históricas como el Virrey Juan José Vértiz y el Virrey de Loreto), y siempre en tensión por sus diferencias culturales y de jerarquía social, toman forma en una muy divertida comedia. A su vez, la pieza no pierde la oportunidad de explorar sobre las posibilidades de las artes en general y el teatro en particular, en aquel mundo que comenzaba a expandirse cada vez más.

En coincidencia con el centenario de la fundación del Teatro Nacional Cervantes que se continúa celebrando durante todo 2021, el año en que transcurre la obra es también una referencia histórica importante para las artes escénicas en esta parte de la región, ya que en 1783 se montó en Buenos Aires "La Ranchería": el primer teatro estable. Inspirada en este acontecimiento, Demaría y Zorzoli pone en escena un clásico vodevil, con todo ese sello propio de los creadores.


Foto: La Nación.

Gonzalo Demaría —dramaturgo, novelista, compositor y director teatral, con espectáculos estrenados en Buenos Aires y en París como Siglo de Oro Trans; Happyland; La reina del pabellón; Juegos de amor y de guerra; Tarascones, entre tantas otras— nos cuenta más en esta entrevista sobre esta pieza que continúa en el Teatro Nacional Cervantes, la fascinación del público argentino por el vodevil y las historias de enredos, y la importancia de las artes en las sociedades de hoy.

-¿Cómo nació el proyecto de La comedia es peligrosa?
-Todo empezó con un llamado de Ciro Zorzoli invitándome a participar de un proyecto para celebrar los 100 años del Cervantes. Los directivos del teatro querían un espectáculo grande, acorde con el evento pero no cerrado en la historia de esa sala, sino más abarcativo, sobre el teatro nacional en general. Así surgió la idea de evocar los orígenes del teatro estable en el país, que se remontan a los tiempos del Virreinato y al tablado de la Ranchería. Yo había investigado mucho a los virreyes del Río de la Plata y publicado un libro sobre el tema, así que lo vi como una oportunidad de tomar esos personajes un poco extraños (al menos para los argentinos de hoy) y situarlos en una comedia desaforada.

-Hay algo interesante en el vodevil y las historias de enredos que, así como sucedía durante el Siglo de Oro español, sigue atrayendo y divirtiendo al público del siglo XXI. ¿Por qué piensa que sucede? ¿Hay cierta idiosincrasia argentina en este tipo de representaciones más que en otras?
-En el espectáculo nos permitimos ciertos anacronismos, recurso cómico tan viejo como legítimo. Entre ellos, el vodevil, que es en realidad un género de origen francés, pero muy popular en nuestro país entre fines del siglo XIX y las primeras décadas del XX, justo cuando María Guerrero completaba la construcción del Cervantes. Así que el segundo de los tres actos de nuestro espectáculo, con sus enredos, confusiones y puertas, es un homenaje a ese tipo de teatro muy popular. Su efectividad, como hoy comprobamos, tiene que ver con la exactitud de relojería que requiere y que el público aprecia por su virtuosismo.

-En la obra se mantienen algunos elementos de otras piezas que has estrenado, como los parlamentos en verso, el vestuario de época, los espacios musicales, etc. Son obras que, más allá de la historia que se cuenta, el espectador no olvida nunca que está frente a una obra de teatro (la forma por sobre el fondo). ¿Compartís esta idea? ¿Hay un interés especial en ese pacto de lectura?
-El teatro que se alude a sí mismo es, también, un mecanismo cómico. Lo usamos desde los tiempos de Aristófanes y los grandes comediógrafos fundadores. Desde entonces a hoy, el público pacta con autor, director y elenco para disfrutar estos guiños.

-En relación con esa idea de "la forma por sobre el fondo o el artificio artístico por sobre la historia", que puede evidenciar de una manera distinta las operaciones discursivas que configuran formas de ser y mundos posibles (en la obra, quizá se hace más evidente con la representación del teatro dentro del teatro), ¿creés que es en ese sentido que la comedia, las artes, el teatro pueden ser peligrosos para determinados sectores y liberadores para otros?
-Que el humor es o puede ser peligroso para la autoridad también se sabe desde los griegos. Aquel libro perdido que Aristóteles dedicó a la comedia y que, según la novela de Umberto Eco (El nombre de la rosa) habría sido destruido por un cura fanático que se oponía a la idea de la risa, es un ejemplo poético de esto. En el caso concreto de nuestro espectáculo, la compañía de cómicos elige representar ante el virrey la obra de un autor francés prohibido, Marivaux, cuyo solo título es una provocación: La isla de los esclavos. Este texto, estrenado en París en 1725, fantasea con una isla donde los esclavos son libres y sus amos los sirvientes. En vísperas de la Revolución Francesa (1789) que conmovió al mundo, la idea de representar esa obra en la Ranchería (1783) es, decididamente, una idea peligrosa. De hecho, mucho antes de nuestra Revolución de Mayo de 1810 y bajo el virreinato de Arredondo, hubo en Buenos Aires una amenaza de motín de esclavos negros y comerciantes franceses, supuestamente unidos para matar a los amos porteños, conspiración real o imaginaria que fue aplastada con detenciones y torturas.

-En este sentido, se ha especulado mucho sobre la necesidad de las artes en la sociedad. ¿Pensás que, actualmente, las artes se hacen más necesarias que nunca como un modo de generar conocimiento, promover la reflexión crítica y proponer pensamiento alternativo?
-Vivimos tiempos convulsos. No solo política y económicamente hablando: la pandemia vino también a exponernos toda nuestra fragilidad. Y en la noche oscura, ¿qué nos queda a los humanos sino el arte? ¿Qué hubiera sido de nuestros encierros forzados sin un libro, sin la posibilidad de pintar, sin una guitarra o incluso sin una serie de tele? Ahora más que nunca, el arte es humanidad.


Foto: La Nación.

Gonzalo Demaría
Dramaturgo, novelista, compositor, director, con espectáculos estrenados principalmente en Buenos Aires y en París. En su ciudad natal escribió y dirigió las piezas "La Anticrista y las langostas contra los vírgenes encratitas" (2010-2011), exitoso auto sacramental en verso que mezcla la gauchesca con el cine de horror clase B; "Cabo Verde" (2009), que explora el siniestro mundo del higienismo; "Novia con Tulipanes" (2006) y "Lo que habló el pescado" (2004), espectáculo que recibió diversos premios y distinciones para su autor, director e intérpretes. En el campo del teatro musical se inició en 1996 como autor del libro de la comedia musical "Nenucha, la envenenadora de Monserrat" (en colaboración con Damián Dreizik). En el 2005 estrenó dos comedias musicales en Buenos Aires, "Houdini" y "Rita la Salvaje", la primera con libro y música suyas, además de una ópera contemporánea en París, en el Thèâtre National de Chaillot, "Mambo Místico", que marcó el esperado debut en el teatro musical de la gran estrella franco-argentina Marilù Marini. Este espectáculo también premiado, con partitura del compositor italo-brasilero Aldo Brizzi, fue creado por Alfredo Arias. Con él colaboró Demaría en otro espectáculo porteño, "Relaciones tropicales". También en París estrenó la ópera pop "Trois Tangos" (2009-2010), con versos suyos escritos en tres lenguas distintas y música de Axel Krygier. Con Helena Tritek concibieron para Claudia Lapacó "Para qué las canciones". Gonzalo Demaría adaptó para la escena nacional los musicales "Chicago", "Zorba" y "Cabaret", esta última también para Madrid. Sus letras para "Chicago" fueron consideradas por los autores originales Kander & Ebb como una de las mejores versiones de la obra en el mundo.

Imagen de portada: Infobae.