Presidencia de la Nación

Emiliano Dionisi: “Me encanta pensar que lo artístico tiene que ver con lo mágico”

En esta nota conversamos con el dramaturgo argentino, quien dirige el unipersonal La Diabla o cómo destruir el mundo en el Teatro Nacional Cervantes, protagonizado por Monina Bonelli. La obra continúa en cartel hasta el 3 de agosto.

“Hay personas que nacen con una sensibilidad inusual, una tan potente que son capaces de percibir lo que los demás no”, dice el director, actor y dramaturgo argentino Emiliano Dionisi, a propósito de su obra La Diabla o cómo destruir el mundo. Se trata del unipersonal que puede disfrutarse hasta el 3 de agosto, en el Teatro Nacional Cervantes. Monina Bonelli –acompañada al piano por Gretel Cortés– es quien interpreta a Mónica Cristina María Beatriz Ruiz, la mujer que no solo posee aquella percepción especial, sino también una habilidad sobrenatural para conectarse con algo más allá de lo terrenal.

Monina Bonelli, en escena. Foto: TNC.

El parlamento de la protagonista –incluye canciones que hacen avanzar la acción (y, sobre todo, la invocación de otros seres)– es la disertación en una conferencia sobre la conexión con ese otro plano que parece condicionar algunos asuntos humanos. Y entre aquellas almas que se presentan para sorprender a los espectadores, se encuentra la fundadora del mismísimo Teatro Nacional Cervantes: María Guerrero. A través del cuerpo de la conferencista, acercará al público a parte de su vida y cómo es que llegó a establecer en Buenos Aires uno de los teatros argentinos más importantes.

Por su parte, Mónica también compartirá algunas de sus experiencias en tanto médium y cómo fue vivir, desde niña, con un talento que bien pudo ser un don, bien pudo ser una maldición. Lo cierto es que esa percepción le permitió distinguir y reconocer distintas cualidades de la gente. Sobre todo, la maldad.

Foto: TNC.

A partir de ahí, la mujer en escena abrirá un espacio de reflexión –junto con aquellas otras voces que se manifestarán a lo largo de la obra– sobre cómo el mal puede imponerse en el mundo y atropellar a quien habite en él. La palabra, el diálogo, la emoción y la empatía parecieran ser todavía las grandes herramientas para cambiar –o al menos advertir– ese camino de tragedias y hecatombes. En ese sentido, ¿hay posibilidad de arreglar el mundo? ¿Estamos a tiempo de vivir otros posibles? Al respecto, conversamos con el director de la obra, Emiliano Dionisi, quien nos acerca más a aquella diabla que, en cada función, tiene mucho para decir.

El director, actor y dramaturgo argentino, Emiliano Dionisi. Foto: TNC.

–¿Cómo surgió la idea de poner en escena esta historia sobrenatural y, a la vez, tan terrenal que atraviesa uno de los grandes temas humanos como la maldad?

La Diabla surge por la invitación del propio Teatro Nacional Cervantes. El Teatro me invita a escribir una pieza para la Sala Luisa Vehil, que es una sala hermosa, muy conmovedora, muy pregnante. Al mismo tiempo, muy fantasmagórica. Y a mí me encantan las historias de fantasmas. Entonces había algo de ese mundo que se me pegaba con aquel espacio. Y, en relación con la obra, me di cuenta de que esta mujer se conecta con fantasmas que, en realidad, son fantasmas que tienen opinión, fantasmas que están enojados, fantasmas que ya no aguanta más. Entonces, quedó un espectáculo sobre una especie de cancionero de crítica, pero mediúmnico. Creo que se generó esa mezcla muy bonita, muy divertida. Y pensar que algo tan intangible como la maldad puede también cantar, bailar y hasta, por momentos, hacernos pensar que podemos pensar como ella.

–Es interesante esa idea de ir más allá para ver más acá. Es decir, a partir de lo sobrenatural, reflexionar un poco más, por ejemplo, en qué mundo estamos viviendo (o en qué mundo podríamos dejar de vivir). En ese sentido, y teniendo en cuenta distintos momentos de la historia, ¿lo racional sigue sin alcanzar para entender el mal?

–Me parece que la obra justamente es una trampa por eso, porque invita al mundo del más allá, de lo desconocido, para hablar con voces, buscar mensajes. Y los mensajes que traen son con opiniones sobre el mundo de los terrenales. El personaje principal, en un momento, dice que este es el infierno terrenal en el que vivimos. La obra habla del mundo concreto. Creo que lo mediúmnico, los fantasmas, los espíritus, las almas, terminan siendo un conducto casi poético para poder hablar de un mundo que, si frenás un poquito (ni siquiera tanto) y mirás a los costados, está bastante difícil y complicado.

Emiliano Dionisi y Monina Bonelli. Foto: TNC.

–Al respecto, ¿creés que esa habilidad sobrenatural del personaje tiene puntos en común con el arte? ¿Las artes aún tienen ese poder, esa visión para cuestionar, advertir, transformar?

–Me encanta pensar que lo artístico tiene que ver con lo mágico, porque lo artístico son asociaciones, son asociaciones inesperadas y es creación, es casi una alquimia. A partir de distintas cosas que están sobre la mesa, que parecieran no tener un sentido lógico, un artista puede generar una nueva alma, un nuevo espíritu y tocar un tema en particular. Así que la magia siempre estuvo muy pegada al teatro y, sobre todo, en su sentido ritual. Creo que eso es algo que toma con mucho respeto La Diabla. Más allá de que tenga humor, acidez, cosas bastante macabras por momentos y que tenga una mirada muy crítica sobre el mundo en el que vivimos, no pierde de vista que todo se genera en un ritual teatral, que es lo más parecido que conozco a un ritual mediúmnico.

–Además del monólogo de la protagonista, se incluyen canciones y propuestas musicales que hacen avanzar la historia. En relación con eso, ¿creés que lo intelectual y lo emocional necesariamente se excluyen a la hora de reflexionar sobre distintos temas? ¿O son dos formas para lograr un pensamiento más completo? ¿El teatro y el arte en general logran unir ambos extremos?

–A mí me parece que en el arte, justamente, la herramienta fuerte que nosotros tenemos para llegar a ciertos temas es la emoción. Hay excelentes dramaturgos y dramaturgas que van a partir de ciertas tesis al intelecto, pero si vos me preguntás a mí, me parece que nos estamos perdiendo la herramienta más poderosa que tiene el teatro, que es la emoción. Para ir por el intelecto, leo a algunos filósofos, algunos tratados y, de hecho, en otras instituciones se enseñan mucho mejor que en el teatro. Entonces, me parece que la emoción es nuestra gran herramienta, imposible de disuadir para que, a partir de la emoción, nos quede algo flotando y algún tema pendiente. Y, desde allí, podamos plantear un montonazo de temas. Johan Velardes, que es un gran dramaturgo colombiano, dijo una vez: “La obra es la conversación que se tiene luego en la pizzería”. Es eso que se logra en la gente, que queda flotando y que se termina cristalizando con el tiempo. Ese primer acercamiento es emocional, el teatro es emocional: pensamiento, descubrimiento y conocimiento emocionales.

La obra permanece en cartel hasta el 3 de agosto, en el Teatro Nacional Cervantes. Foto: TNC.

–Para quienes todavía no vieron la obra, ¿qué recomendarías para disfrutarla más?

–Dejarse llevar por un viaje inesperado. Un viaje que tiene curvas muy sinuosas y muy mentirosas. Aconsejo que desconfíen de esa protagonista, aconsejo que desconfíen de la obra y que se dejen llevar por esa música preciosa y toda esa magia que presenta el mundo de los espíritus y el mundo de los vivos. Porque al fin y al cabo, la gran pregunta de la obra es qué es un fantasma, qué es un fantasma para cada uno en cada momento de la vida.

Scroll hacia arriba