El alto rendimiento y cómo convivir con las presiones

La coordinadora del Área de Psicología del CeNARD advirtió sobre los efectos que tienen las presiones en los deportistas y explicó cómo trabaja su equipo para que los atletas puedan convivir con esta realidad. “El alto rendimiento no es saludable”, sentenció Nelly Giscafré.


Los Juegos Olímpicos de Tokio vuelven a mostrar el alto grado de presión que sufren los deportistas y cómo influye en su rendimiento. Los casos de la gimnasta estadounidense Simone Biles (24 años), quien se retiró de la escena olímpica y el de la tenista japonesa Naomi Osaka (23), derrotada sorpresivamente y aceptando un problema de salud mental, aparecen como emblemáticos. Y la coordinadora del Área de Psicología del CeNARD, Nelly Giscafré, brindó detalles de por qué -el alto rendimiento no es saludable-.

“El grado de exigencia es cada vez mayor y cuando el deportista desconoce su agotamiento mental y físico el estrés, que siempre existe, aumenta y no lo puede gestionar. Los deportistas de elite deben aprender a convivir con las presiones”, analizó la Giscafré.

“Nosotros en el CeNARD trabajamos interdisciplinariamente con todas las áreas del servicio médico que coordina el doctor Enrique Prada; el trabajo de equipo entre los psicólogos y los clínicos, cardiólogos, traumatólogos, kinesiólogos, fisiólogos, nutricionistas, especialistas en biomecánica, entre otras especialidades, ayudan al deportista a sostenerse en el alto rendimiento”, prosiguió la licenciada.

Al momento de retirarse Biles señaló: “Somos personas al fin y al cabo, y a veces hay que dar un paso atrás". En tanto Osaka, quien encendió el pebetero olímpico en la fiesta inaugural, al caer ante la checa Marketa Vondrousova en los octavos de final de los Juegos, expresó: “Sentía que tenía todo el peso del mundo a mi espalda, todas las derrotas me decepcionan, pero esta duele más que las otras”.

Osaka, figura del tenis mundial y ganadora de cuatro Grand Slam, había sido noticia al retirarse del Abierto de Francia al recibir una multa de 15.000 dólares, por no presentarse a la rueda de prensa, aunque había avisado que por estrés necesitaba no hablar con los periodistas durante la competencia. Y no sólo se marchó de Roland Garros para tomarse un descanso mental, tampoco compitió en Wimbledon.

“Nuestro trabajo como psicólogos deportivos consiste en ayudar al atleta a poder administrar ese dedicado equilibrio que hay entre la pasión y la exigencia. Por eso es muy importante que los atletas puedan reconocer sus diferentes necesidades, eso les permite estar contentos con ellos mismos y lidiar con toda la presión que existe de los dirigentes, periodistas, familia y público en general. Hay un momento en que el personaje deportivo es todo lo que se ve de ellos, hasta en su círculo más íntimo; y no se identifica al ser humano”, continuó Giscafré, quien lidera el equipo de trabajo de los psicólogos Eduardo Lamas, Lorena Gaivizzo y Ianina Echodas.

Y dejó su última reflexión: “La psicología deportiva ayuda al deportista y cuánto más entrenado esté en este aspecto más herramientas va a tener al momento de enfrentarse a situaciones estresantes. En muchos casos la meditación también es un buen recurso; es importante entender que la mente da señales y cuando la exigencia se va de lugar aparecen estos problemas psicológicos que afectan el rendimiento deportivo”.