Diversidad, feminismo y ambientalismo para imaginar un futuro posible

En el cuarto encuentro virtual “Lo que vendrá, pensando juntos el futuro”, del que participaron Luciana Peker y Magdalena Abt Giubergia, se rescató la voz de las protagonistas que cotidianamente construyen muchas ruralidades para imaginar modelos de desarrollo sostenible alternativos al vigente.


El Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible propició nuevamente una charla conducida por el periodista especializado en temas ambientales, Sergio Elguezábal, para reflexionar sobre la relación que une a las mujeres, con el ambiente.

Casi con susurros, la candida tonada santiagueña de Magdalena se volvió certeza cuando previno: “Hay que habitar la ruralidad para entender que no hay modelos únicos de vida, sino varios actores que lo construyen”. Además,la ingeniera agrónoma explicó que “hay feminismos, que son campesinos, populares y comunitarios, que a pesar de la desigualdad, la soledad y la sobrecarga de exigencias que implica para muchas compañeras, el acceso a varios derechos, tienen capacidad de acción”, aseguró mientras rescató como ejemplo de eso, la mirada de la referenta del Movimiento Campesino de Santiago del Estero (MOCASE), Deolinda Carrizo.

Magui, como la reconocen en su entorno, monte adentro, vive en la provincia de Santiago del Estero, y habla con humildad desde su experiencia como coordinadora dentro del proyecto Bosques Nativos y Comunidad, por la que le tocó aprender a observar diferente la construcción cotidiana de las identidades comunitarias en alianza con el monte y lo ancestral. “Es momento de que se ponga el ojo y retribuir la función que cumple la población campesina sobre los servicios ecosistémicos de esta zona boscosa, que representa el 80 por ciento del total del país”.

“¿Cual es la noción del cuidado necesario en estos tiempos, vos que acompañás a los y las campesinas en el cuidado del bosque?”, preguntó el periodista, a lo que Magui respondió que “cuidar es volver la mirada, reconocer y revalorizar lo que hizo un grupo de la sociedad, más que hacer algo nuevo”, indicó. También explicó que “el fenómeno de la agroecología, la producción sana de alimentos y muchas otras disciplinas que hoy están proponiendo una forma nueva de cuidar de los bienes comunes, contribuyen con un rescate de técnicas y saberes ancestrales. Incluyendo la incorporación tecnológica, es decir: volver a la fuente”, y, en ese sentido, agregó “que el cuidado del bosque va por ahí: empezar a reconocer los métodos mecanismos tradicionales, con los cuales las comunidades han podido vivir en un lugar haciendo uso de un recurso, de forma tal de que, el recurso está todavía presente.

Hay explicaciones profundas para entender el funcionamiento orgánico del sistema depredador que rige. Una se posa sobre la base de la experiencia, que Magui resalta como un abanico, que siempre se abre desde arriba en la historia de nuestros pueblos. Es decir “las comunidades miran a las ciudades, las ciudades a los países centrales del mundo, y así vamos perdiendo raíz”, explicó. Al respecto, explicó que hay que revertir ese esquema de poder y empezar a generar las modificaciones desde abajo.

Por su parte, desde la perspectiva de comunicadora y referente del movimiento feminista, Luciana Peker, valoró la importancia de la relación de la tierra con las mujeres en este momento histórico, de las que primero aprendió escuchando que “en principio hay que revalorizar el trabajo del cuidado doméstico que ejercen las mujeres, pero también, el potencial en la función productiva que rescata el conocimiento ancestral, porque así como destacamos la revolución de las hijas, también valoramos el de madres, abuelas y tatarabuelas, de América Latina y en Argentina también”. Repensando las experiencias, la periodista explicó que quizá sea más efectivo diseñar fomentos e incentivos para estas identidades tan beneficiosas para todos y todas, en vez de políticas públicas sancionatorias como lo expresaron en su momento la discusión por las retenciones agropecuarias que se le aplicaron a las entidades rurales del sector más concentrado del modelo extractivista. Es decir, “promover desde el estado la agricultura familiar mediante exenciones impositivas, mejoras de infraestructura, propiciar y valorizar el sistema del cuidado comunitario, en estímulos que se adapten a la diversidad que componen estas redes comunitarias, a las que se les deben brindar los soportes para ingresar al circuito de consumo de las ciudades, por ejemplo”.

Durante otro pasaje de la charla, la comunicadora se refirió al valor agregado que con orgullo representó la marea verde para “cambiarlo todo”, desde Argentina para el mundo, en referencia al parámetro clásico de “centro periferia” del que se sustenta el sistema; pero además, auguró los cambios que se desarrollan dentro del movimiento feminista incorporando la diversidad y plurinacionalidad en su mirada. Aunque advirtió: “somos un movimiento político, no solo una agenda de temas”, respecto a la posición de poder, como desafío de construcción de referencias claras, sin perder el sentido de la horizontalidad en el proceso de transformación que habitamos.

Por último, ante el desafío de imaginar un futuro posible en este contexto tan brusco de cambios de hábitos de vida que impuso la pandemia, producto del COVID-19, Abt precisó que el futuro por el que ella trabaja, “es poder reconstruir una sociedad más justa, pero también con nuestro hábitat con la que también compartimos derechos y destinos, para construir un modelo más justo”. Asimismo, Luciana no imagina un futuro en esta oscuridad, si no se da vuelta este modelo. “Me imagino un futuro lleno de preguntas, sin tantas respuestas, con mucha unidad y menos internas, pero que contemple las estructuras ancestrales de la ruralidad, pero para que no sean solo palabras, se deben fomentar las estructuras y las políticas públicas, que nos lleven a nuevos puentes y nuevos desafíos. Ese futuro es con diversidad con feminismo, y con ambientalismo, que es el mejor futuro y además es el único futuro posible”.