CNEA incrementa la esterilización de productos médicos con radiación ionizante

Este tratamiento es aplicado por especialistas en la Planta de Irradiación Semi-Industrial (PISI) del Centro Atómico Ezeiza.


Debido a la pandemia por COVID-19, la Planta de Irradiación Semi-Industrial (PISI), ubicada dentro del Centro Atómico Ezeiza de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CAE-CNEA), experimentó un incremento en la demanda de los servicios de irradiación de productos médico-hospitalarios y también de aquellos derivados de las actividades esenciales y autorizadas.

Desde hace décadas, la CNEA estudia los efectos de las radiaciones ionizantes tantos en alimentos como en una gran variedad de productos, entre ellos dispositivos de uso médico, fármacos, tejidos para implantes, etc. Según la dosis aplicada, puede lograrse una eliminación parcial de microorganismos (descontaminación) o total (esterilización).

“La radiación tiene un efecto biocida, o sea, elimina o detiene el desarrollo de determinados organismos. En caso de los productos médicos, se utiliza para eliminar microorganismos (bacterias, hongos, levaduras y virus) que suelen venir del proceso de fabricación, algunos en las materias primas, otros pueden ser producto de la manipulación de los operadores o microorganismos ambientales de la zona de producción”, explica el bioquímico José Pachado, responsable de la Gerencia Aplicaciones y Tecnología de las Radiaciones de la CNEA.

Ante el incremento de la demanda de productos médico-hospitalarios debido a la pandemia, la PISI se ha mantenido operativa, tomando el recaudo de operar con el plantel mínimo necesario, de manera de proteger al personal. Por este motivo se están irradiando prioritariamente insumos hospitalarios como solución fisiológica y, en segundo lugar, los productos derivados de actividades autorizadas.

Por otro lado, desde que empezó la pandemia se han comenzado estudios para evaluar la posibilidad de irradiación de productos que no se habían tratado antes en la PISI como por ejemplo hisopos para muestras nasofaríngeas (utilizados actualmente en pruebas diagnósticas para COVID-19) y barbijos quirúrgicos tricapa.

“Cuando se evalúa un nuevo producto –aclara Pachado-, lo que tratamos es de evidenciar si conserva sus características, es decir, que su calidad no sea modificada. La evaluación se centra en este aspecto, que estará dado por la composición del producto, y no en si se eliminan o no los microorganismos porque con toda la experiencia que se tiene ya sabemos que el efecto biocida efectivamente eliminará los microorganismos. Lo que realmente evaluamos es la tolerancia del producto a la radiación ionizante”.