Científicas con vocación por el espacio

En el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, tres profesionales de la CONAE comentan por qué decidieron dedicarse a la investigación, cómo se formaron y desarrollaron sus vocaciones en el sector espacial de la Argentina.


La Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) en el ámbito del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Nación, en el “Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia” destaca la labor de las profesionales mujeres que se desempeñan en la institución, en diferentes áreas del conocimiento.

En sus testimonios María Fernanda García Ferreyra, Estefanía De Elía y Carolina Tauro, quienes trabajan en el Centro Espacial Teófilo Tabanera de la CONAE, ubicado en Falda del Cañete, provincia de Córdoba, valoran el camino que recorrieron para llegar a participar en proyectos satelitales importantes, como la Constelación SAOCOM, la Misión SABIA-Mar y otros de la agencia espacial nacional, que son altamente reconocidos en el mundo.

Entre otros temas, destacan el valor que tuvieron la curiosidad y las ganas de aprender desde muy pequeñas para elegir a la ciencia como una vocación, y la posibilidad de haber accedido a la educación pública y gratuita, así como poder dedicarse a la investigación y al desarrollo de tecnologías innovadoras desde el Estado. Además celebran la posibilidad de que más mujeres puedan sumarse a la carrera del conocimiento.

Del laboratorio al espacio


Foto Comunicación IG

María Fernanda García Ferreyra tiene 37 años y es experta en temas de calidad de aire de la Unidad de Emergencias y Alertas Tempranas de la Gerencia de Vinculación Tecnológica de la CONAE. Conoció su vocación por la ciencia y en particular por la química durante la escuela secundaria, que cursó en la localidad de Arroyito, provincia de Córdoba. Luego, en la Facultad de Ciencias Químicas de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) se interesó por la química aplicada al ambiente, aunque por entonces no pensó que en el futuro podría orientar esa formación al área espacial.

“En ese momento estaba más preparada para trabajar en un laboratorio”, recordó, y explicó que mientras hacía una pasantía en Brasil aplicó a una convocatoria de la “Maestría de aplicaciones espaciales de alerta y respuesta temprana a emergencias”, del Instituto Gulich (IG) de la CONAE y la Facultad de Astronomía, Matemática, Física y Computación de la UNC. “En el ámbito de la maestría trabajé con modelos para predecir qué sucede con los contaminantes en la atmósfera y usamos información satelital para validar el funcionamiento de esos modelos”. Luego obtuvo una beca para trabajar en CONAE para desarrollar productos destinados a mejorar la calidad del aire, hasta entonces inéditos en la institución.

Este año se cumple una década de ese momento. Hoy García Ferreyra trabaja junto a un grupo de profesionales en el desarrollo de aplicaciones satelitales y de modelos para evaluar la calidad del aire en la Argentina y en el monitoreo satelital de emergencias ambientales, tales como incendios, inundaciones, aludes y erupciones volcánicas. También es docente en la Maestría de Aplicaciones de Información Espacial del Instituto Gulich. En 2020, durante los primeros meses de la pandemia por el COVID-19, elaboró un trabajo que mostraba la reducción en los niveles de contaminación en las principales ciudades del país debido a la menor circulación del tránsito vehicular.

Fernanda destacó la labor que realiza con profesionales de diferentes disciplinas: “Cada persona tiene una forma diferente de aproximarse a un problema, de donde podemos aprender y complementarnos”. En relación al género, Fernanda consideró que “muchas veces hay dificultades en los vínculos interpersonales en el trabajo o situaciones de maternidades que se ven complejizadas, probablemente debido a la diferencia entre la cantidad de hombres y mujeres”. En este sentido subrayó que si bien durante sus estudios universitarios las mujeres eran mayoría, esa relación fue inversa cuando comenzó a trabajar. Por eso opinó que el cupo de género aún es una cuenta pendiente en las instituciones técnico-científicas.

Satisfacción profesional

Siempre me llamó mucho la atención distintas temáticas del desarrollo espacial”, dijo Estefanía De Elía, oriunda de La Calera, Córdoba, aunque para llegar a trabajar en este área decidió primero formarse en informática y realizó la licenciatura en Ciencias de la Computación en la UNC (FaMAF). “Durante la carrera elegí dos materias optativas vinculadas con el ámbito espacial, relacionadas con el procesamiento de imágenes satelitales. Luego hice la Maestría de aplicaciones espaciales de alerta y respuesta temprana a emergencias del Instituto Gulich. Fui parte de la primera cohorte, que egresó en 2011”, recordó.

Ese mismo año ingresó en la CONAE, primero en la puesta operativa de servidores de mapas para la estratificación de riesgo de casos de dengue y chagas a nivel local y nacional, y en el desarrollo de módulos para el procesamiento de datos satelitales integrados a la cadena de producción del Servicio del Segmento de Usuario de CONAE. En 2014 se sumó al proyecto SAOCOM, donde aún trabaja, con 36 años de edad, abocada al sistema de planificación automática del Centro de Operaciones de la Misión. “El objetivo del sistema es generar un plan de comandos que se suben a los satélites. Considerando los pedidos de los usuarios, las pasadas sobre las estaciones y otras restricciones de recursos propias de cada satélite, el sistema de planificación debe generar una secuencia de comandos a ser ejecutados por el satélite en las siguientes 24 o 48 horas”, explicó.

“De alguna forma pienso que empecé mi carrera de atrás para adelante, porque el procesamiento de imágenes se relaciona con la etapa final de una misión espacial. Trabajar en esa área me ayudó a entender los requerimientos asociados a los pedidos de los usuarios, que son parte de los inputs del sistema de planificación”, detalló. Además De Elía integra un grupo de investigación y desarrollo cuyo objetivo es participar en otros proyectos que forman parte del Plan Espacial Nacional, por ejemplo la Misión Sabia-Mar. “Siento mucho orgullo y satisfacción por ser parte de estos proyectos que tienen tanta importancia a nivel nacional e internacional”, dijo, y destacó que la posibilidad de interactuar con profesionales de diferentes disciplinas también la ayuda a crecer.

En relación al rol de las mujeres en la ciencia, sostuvo que al estudiar computación en la universidad se encontró con una gran mayoría de compañeros varones, y si bien esa situación se repitió en el trabajo, de un tiempo a esta parte hubo cambios positivos: “En el ámbito laboral siempre fuimos menos mujeres, pero nunca sentí un trato diferencial. En CONAE me sorprende para bien que en los últimos años haya muchos roles importantes y relevantes que están siendo ocupados por mujeres”, concluyó.

Curiosidad por el conocimiento


Foto Comunicación IG

Desde muy pequeña Carolina Tauro sintió atracción por la ciencia. “Siempre fui curiosa. Me interesaba saber cómo funcionaban la cosas. En mi casa leía las revistas de divulgación científica que compraban mis padres y me generaban una fascinación impresionante”. En Jesús María, Córdoba, de donde es oriunda, cursó la escuela secundaria con orientación en computación. “Ahí aprendí a programar, pero sentía que quería conocer más. Fue en la Universidad Nacional de Córdoba donde descubrí que las respuestas a mis preguntas estaban en la Física”, comentó. “También siempre me fascinó el espacio, por la curiosidad de conocer qué hay más allá, pero mi llegada a la CONAE fue casual. Estaba haciendo un doctorado en el área de las neurociencias y se presentó la posibilidad de hacer un curso de teledetección que le llamó la atención. A raíz de ese vínculo surgió una propuesta laboral para trabajar en la Misión SAC-D/Aquarius”.

Carolina trabaja en CONAE desde 2009. Con 40 años de edad, actualmente es investigadora principal de la Misión SABIA-Mar, que está en etapa de desarrollo y se prevé poner en órbita en 2023. Su tarea es conducir los objetivos científicos de la misión, lo cual implica garantizar que la información del satélite esté disponible para la comunidad de usuarios y llegue como un aporte a la sociedad. “Existe una componente de investigación muy fuerte que involucra todos los procesos y algoritmos que se le aplican a los datos obtenidos por el satélite a unos 700 km de la Tierra, para obtener información de la composición y características de la superficie del mar”, explicó.

“Me siento gratamente sorprendida y con mucho orgullo por el recorrido de mi carrera profesional. Fue un largo camino para llegar acá, siempre de crecimiento, más allá de los vaivenes y las dificultades. El balance es positivo”, aseguró. “En lo personal nunca sentí que el hecho de ser mujer me condicionara, incluso en la carrera universitaria, donde sólo tuve dos o tres compañeras. En el trabajo, si bien también se impone la presencia de varones, por suerte empecé a tener más compañeras mujeres y tuve la suerte de generar hermosos vínculos con ellas”, concluyó.-