Domecq García: a 70 años del fallecimiento de un marino con visión estratégica

Fue el factor de la modernización de la Armada, que vio incrementar su flota, especialmente por la adquisición de submarinos y unidades de superficie.


Sobreviviente de la Guerra contra la Triple Alianza, con el transcurso de los años llegó a ser muy trascendente llegando a ocupar importantes cargos institucionales. Manuel Domecq García, había nacido en el pueblo de Tobatí (ciudad en Paraguay) el 12 de junio de 1859 y, con apenas 6 años, fue arrastrado por la vorágine de la guerra. Su padre, Tomás Domecq, médico militar, perdió la vida en el cerco de Humaitá, en 1868, y su madre, doña Eugenia García Ramos de Domecq, falleció también a causa de la guerra en 1869.

Ante la ausencia de los padres del niño Manuel Tomás Domecq García y con su hermana Eugenia, en el clima de desolación que se vivía en Asunción, fueron enviados a la Argentina para ser criados por un tío materno, Manuel García Ramos, fuerte estanciero de la época.

Llamado por su vocación, en 1877, el joven Manuel García Domecq ingresó a la Escuela Naval Militar, que funcionaba en el vapor “General Brown”, iniciando así una larga carrera profesional. Se destacó como estudiante y se recibió de Guardiamarina con excelentes calificaciones, como el primero de su promoción.

En esos años, el Gobierno argentino encaró numerosas expediciones exploradoras de su territorio, con la necesidad de definir sus límites con los países vecinos.

De varias de estas expediciones participó el joven oficial de Marina Domecq García, explorando lejanos territorios y realizando relevamientos hidrográficos, de importantes cursos fluviales como el Paraná y el Iguazú. Estas misiones lo llevaron a convertirse en uno de los importantes expertos en esas cuestiones.

En 1886 integró la comisión argentina de límites con el Brasil a las órdenes del Comandante Valentín Virasoro. Esta comisión trabajó con su par brasileño para delimitar, mediante el relevamiento de los ríos Pepiry-Guazú y San Antonio, la verdadera línea demarcatoria de la frontera entre el Brasil y la Argentina.

La innegable capacidad del joven, nacionalizado argentino, le llevó a cumplir importantes misiones encargadas por sus superiores, entre ellas el ser enviado a contratar la construcción de la fragata “Sarmiento”, destinada a ser buque escuela de la Armada Argentina. A su regreso fue designado Comandante en Jefe de la División del Río de la Plata.

Su misión en Japón

Por encargo del Gobierno del General Julio Argentino Roca, el Capitán Manuel Domecq García fue designado presidente de la comisión argentina para la construcción de los cruceros acorazados “Moreno” y “Rivadavia” en los astilleros Gio Ansaldo de Génova. Se dedicó de lleno a la fiscalización de la construcción de estos dos buques, los más avanzados de la época en materia naval, además de otros ya entregados a la Armada Argentina: “Garibaldi”, “San Martín”, “Belgrano” y “Pueyrredón”.

Pero el destino de los buques cuya construcción estaba fiscalizado por Domecq García iba a ser totalmente diferente del planeado. En 1902 la Argentina firmó con Chile un pacto de desarme y de equiparación del poder naval de ambos países.

Los dos acorazados se terminaron de construir en 1904 y, de incorporarse a la flota argentina, resultaría violado el pacto mencionado. Por esta razón, se tramitó la venta de los buques al Imperio del Japón.

Domecq García, como Jefe de la Misión Naval en Génova, fue el encargado de entregar los buques a los enviados japoneses. La guerra ruso-japonesa estaba en pleno desarrollo y el Imperio japonés había invitado al Gobierno argentino para que designase un oficial de la Armada para asistir como observador de la guerra. La designación recayó en Manuel Domecq García, quien desde Génova se trasladó hasta el escenario de guerra.

La misión de observador de la guerra ruso-japonesa fue muy provechosa en la carrera del marino, quien se ganó la confianza de los japoneses y tuvo ocasión de recorrer las instalaciones de diversos arsenales, la escuela naval, la escuela de maquinistas, entre otros destinos, además de estar a bordo de diversos buques de guerra y asistir a más de una batalla naval. Después de casi dos años en Japón, Domecq García retornó a la Argentina en mayo de 1906.

Luego de conocer los horrores de una guerra en plena niñez, de realizar expediciones exploratorias, de cumplir importantes misiones en el extranjero, entre otras cosas, en 1908, Manuel Tomás Domecq García ascendió a Contralmirante.

Ese mismo año, el Presidente Figueroa Alcorta lo designó a cargo de la comisión naval en Europa, que debía estudiar las propuestas y recoger informes de los distintos astilleros que construirían buques para reforzar el poder naval argentino.

Viajó nuevamente a Europa y Estados Unidos, donde encargó la construcción de los dos buques de guerra más grandes del mundo en ese momento. Estos dos acorazados fueron nuevamente bautizados con los nombres “Moreno” y “Rivadavia”.

Luego de tres años al frente de la misión naval, Domecq García retornó a la Argentina, siendo designado Comandante en Jefe de la Escuadra de Mar. Comandó el acorazado “Moreno” y, ya con el grado de Vicealmirante, comandó el buque insignia argentino, el acorazado “Rivadavia”.

En 1922, el doctor Marcelo Torcuato de Alvear fue elegido Presidente de la República y designó Ministro de Marina al marino más prestigioso del momento: Manuel Domecq García. Desde sus funciones ministeriales, fue el factor de la modernización de la Armada, que vio incrementar su flota, especialmente por la adquisición de submarinos, que se sumaron a la Armada Argentina algunos años más tarde.

Tanto el Presidente Alvear como el Almirante Domecq García alentaron la construcción de submarinos por la Armada Argentina y promovieron el equipamiento de un astillero especial. Ese astillero fue bautizado con el nombre de su principal mentor: “Astillero Ministro Manuel Domecq García”.

En el Ministerio de Marina

En su juventud, Manuel Domecq García fue uno de los fundadores del Centro Naval argentino. Ya como Ministro de Marina, fue el redactor, entre otras cosas, del proyecto de acuerdo con la República del Uruguay para la determinación de la jurisdicción de ambos países sobre las aguas que los separan; del anteproyecto de formación de la Marina Mercante argentina de ultramar; de la remodelación del puerto de Quequén y la construcción de otro en la bahía Uruguay; del proyecto de explotación de minerales ferrosos y plumbíferos de la mina Valcheta, entre otras realizaciones.

Siendo ministro, y por cumplir el límite de edad, con el reconocimiento de toda la institución, se retiró de la actividad naval, luego de 58 años. Su gestión no solo fue reconocida en el país, sino también en el extranjero: el rey Jorge V de Inglaterra lo honró con la condecoración de Caballero del Imperio Británico. Retirado de la actividad pública, se transformó en una persona de consulta a nivel gubernamental, por su experiencia y trayectoria.

El 11 de enero de 1951, a los 92 años, falleció luego de una vida de servicio a su país por adopción, al que contribuyó activamente a engrandecer su poderío naval. Obtuvo los máximos galardones y honores profesionales y el recuerdo admirado de sus compatriotas argentinos.