Aquellas pequeñas cosas. Por Carlos Tomada

Néstor Kirchner siempre decía que las grandes transformaciones nacían de las pequeñas cosas de todos los días. Del esfuerzo sostenido. De la convicción, el trabajo y la tenacidad, y desde ese lugar construía. Ése es el hombre que yo conocí.


Néstor Kirchner siempre decía que las grandes transformaciones nacían de las pequeñas cosas de todos los días. Del esfuerzo sostenido. De la convicción, el trabajo y la tenacidad, y desde ese lugar construía.

Ése es el hombre que yo conocí. El Kirchner militante, o el presidente que eran lo mismo. El que no dudaba en llamar diez veces en un día, a este ministro, para interiorizarse de un problema. O para señalar un camino. O simplemente apurar una solución.

Así vivía la política. Así daba rienda suelta a su vocación transformadora. Y a la urgencia interna que le provocaba la desigualdad.

En 2003 en el Congreso, cuando asumió, dijo que quería que hiciéramos nacer una Argentina con progreso social. Donde los hijos puedan aspirar a vivir mejor que sus padres. Sobre la base de su esfuerzo, su capacidad y su trabajo. Estaba proponiendo un modelo de producción, trabajo y crecimiento sustentable. Y profundizó con la necesidad de recuperar los valores de la solidaridad y la justicia social.

Con estas palabras, y en un discurso fundacional, afirmó: “Sabemos que el mercado organiza económicamente, pero no articula socialmente. Debemos hacer que el Estado ponga igualdad allí donde el mercado excluye y abandona”.

Con esta lógica, puso al empleo en el centro de las políticas públicas. Y le dio vida a un Ministerio de Trabajo que durante décadas había sido desvalorizado.

No fue tarea sencilla. Pobreza, desocupación, indigencia y desesperanza eran lo que sobraba.

Trabajo no registrado, salarios agotados y mínimos también. Ni qué hablar de las jubilaciones a las que le habían quitado el 13% de sus haberes. Si hasta teníamos una ley vergonzosa que precarizaba el empleo como una presión para que nadie reclamara nada.

Recuerdo que en esos días, con Kirchner añorábamos poder encarar las cuestiones propias del mundo del trabajo. “Ya van a llegar... Ya van a llegar”, decía. Y llegaron.

Durante su presidencia el trabajo creció todos los meses. Comenzó el período más prolongado de generación de empleo, que hoy continúa. Millones de puestos. Y junto con ellos se potenciaron las negociaciones colectivas. Además, se sacó de un cajón el Consejo del Salario Mínimo, Vital y Móvil, intocado por años. Se aumentaron 9 veces las jubilaciones. Y, con una moratoria, se recuperó de la exclusión a más de 2 millones de trabajadores que por las políticas de los `90 no tenían aportes.

Kirchner hizo mucho más de lo que prometió. Su sueño comenzó a plasmarse. Se sentaron las bases para poner en marcha las transformaciones que está llevando adelante Cristina. Y que son fundamentales. Se protegió al empleo frente a la crisis global. Se intensificó la lucha contra la informalidad. También, se recuperó la administración de fondos de los jubilados que se iban al extranjero. Se logró la ley de Movilidad Jubilatoria para que lo aumentos no dependan más de ninguna discrecionalidad. Se instaló la Asignación Universal por Hijo. Es decir, el sistema de cobertura social más amplio que nuestro país recuerde.

Así tuve el privilegio de acompañar a un presidente que cambió la historia y a una Presidenta que está cambiando el futuro.

Desde la emoción me viene a la memoria un episodio que no me canso de repetir. A pocos días de asumir como presidente, en un tono casi confesional, Néstor me sugirió: “Todos los días hacé algo, grande o pequeño, lo que sea, para que el pueblo viva mejor; vas a ver que de esa forma en unos años nos vamos a encontrar con una Argentina que se parecerá a la Argentina que siempre soñamos”. También en eso tuvo razón.