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A 30 años de su muerte: Niní Marshall, la creadora de un humor inolvidable

La Secretaría de Cultura de la Nación recuerda a Niní Marshall, actriz, guionista y comediante, referente del humor argentino y creadora de personajes emblemáticos del cine, la radio y el teatro.

Este 18 de marzo se cumplen 30 años del fallecimiento de Marina Esther Traverso, conocida artísticamente como Niní Marshall, una de las figuras más influyentes del espectáculo argentino. Actriz, guionista y comediante, marcó a varias generaciones con un estilo único y con personajes que quedaron grabados en la memoria popular. Dueña de un lenguaje propio, se animó a jugar con el lunfardo y a retratar, desde el humor, la vida cotidiana de la sociedad argentina.

Considerada la gran figura cómica del siglo XX en el país, Marshall logró abrirse camino en un ámbito dominado por hombres y se transformó en pionera de la comicidad femenina. Su capacidad para observar la realidad social y transformarla en personajes inolvidables la convirtió en un ícono de la radio, el cine, el teatro y la televisión durante más de medio siglo.

Falleció el 18 de marzo de 1996, a los 92 años. Sus contemporáneos la apodaban la dama del humor o la Chaplin con faldas, en reconocimiento a su talento para construir personajes y situaciones que combinaban ironía, ternura y crítica social.

Historia y Trayectoria

Había nacido el 1 de junio de 1903 en Buenos Aires en el seno de una familia de inmigrantes asturianos formada por Pedro Traverso y María Ángela Pérez. Su nombre artístico surgió de un apodo familiar: Niní derivaba de Marinina, como la llamaban en su infancia. El apellido Marshall combinó la primera sílaba de su nombre con el apellido de su marido, Marcelo Salcedo, al que luego se le agregaron una “h” y una “l”.

Desde muy pequeña mostró interés por el arte. A los cuatro años ya manifestaba inclinación por la actuación y a los cinco realizó su primera presentación pública en el Centro Asturiano de Buenos Aires. Durante su niñez estudió danzas españolas, canto, piano, dibujo, pintura e idiomas como francés, alemán e inglés. También organizaba pequeñas representaciones teatrales con otros niños del barrio.

Su carrera artística comenzó en los años treinta en el ámbito periodístico. Bajo el seudónimo de Mitzy trabajó como crítica de espectáculos en la revista Sintonía. Más tarde adoptó el personaje de Yvonne D’Arcy, una supuesta cancionista internacional con la que participó en distintos programas radiales. Sin embargo, su talento para la comedia la llevó a desarrollar una carrera actoral que crecerís rápidamente.

El salto definitivo al cine llegó en 1938 con Mujeres que trabajan, película en la que participó como protagonista y también como guionista. A partir de entonces su presencia en la pantalla grande se volvió constante. A lo largo de su trayectoria intervino en 38 películas: 28 en Argentina, 9 en México -durante su etapa de exilio- y una en España.

Entre sus títulos más recordados figuran Cándida (1939), Hay que educar a Niní (1940), Yo quiero ser bataclana (1941), Orquesta de señoritas (1941), Cándida, la mujer del año (1943), Buenos Aires canta (1947), Catita es una dama (1956), Cleopatra era Cándida (1964) y ¡Qué linda es mi familia! (1980), la última película de su carrera.

Pero más allá de sus trabajos cinematográficos, Niní Marshall es recordada principalmente por los personajes que creó. Observadora minuciosa de la vida cotidiana, construyó figuras inspiradas en distintos sectores sociales y en las colectividades inmigrantes que formaban parte de la identidad porteña.

Entre ellos se destacan Catita, una mujer de conventillo hija de inmigrantes italianos, y Cándida Loureiro Ramallada, una empleada doméstica gallega que hablaba con divertidos errores lingüísticos.

Catita apareció por primera vez en 1937 en Radio El Mundo y rápidamente se convirtió en un fenómeno popular. Con su saludo característico “As noches muchachos” inauguró un repertorio de expresiones y deformaciones del idioma que el público adoptó con entusiasmo. Cándida, en cambio, había surgido en 1934 en el programa radial El chalet de Pipita.

Marshall explicaba que sus creaciones nacían de la observación cotidiana. Escuchaba conversaciones en peluquerías, plazas o transportes públicos y luego transformaba esos gestos y formas de hablar en caricaturas humorísticas. Esa capacidad para captar los matices del habla popular fue uno de los rasgos distintivos de su obra.

Paradójicamente, ese mismo recurso le trajo dificultades. Tras la Revolución de 1943, el Consejo Superior de las Transmisiones Radiotelefónicas decidió prohibir sus personajes en la radio al considerar que “deformaban el idioma”. La medida obligó a Marshall a alejarse de ese medio, aunque continuó trabajando en cine y más tarde retomó su actividad en teatro y televisión.

A pesar de esos obstáculos, su carrera continuó creciendo durante décadas. Participó en café concert, en ciclos televisivos y en numerosas producciones cinematográficas, consolidándose como una de las artistas más populares del país.

En 1989 fue declarada Ciudadana Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires, uno de los muchos reconocimientos que recibió a lo largo de su trayectoria. También obtuvo el Premio Podestá a la Trayectoria en 1992, entre otros homenajes.

Al cumplir 90 años resumió su vida con una frase que refleja su estilo sencillo y cercano al público: "Mi vida no es más que la de una señora de su casa que se hizo la graciosa".

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