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A 130 años del nacimiento de Lino Enea Spilimbergo, uno de los grandes maestros del arte argentino

La Secretaría de Cultura de la Nación recuerda la figura del pintor, grabador y muralista nacido el 12 de agosto de 1896. Su obra, marcada por la renovación estética, el muralismo y la enseñanza, lo convirtió en una referencia fundamental del arte argentino del siglo XX.

Con motivo de los 130 años del nacimiento de Lino Claro Honorio Enea Spilimbergo, que se conmemoran este 12 de agosto, la Secretaría de Cultura de la Nación recuerda la trayectoria y el legado de uno de los artistas más importantes de la historia del arte argentino. Pintor, grabador y muralista, Spilimbergo desarrolló una obra que combinó las enseñanzas de la tradición clásica con las vanguardias del siglo XX, además de dejar una extensa labor como docente y formador de nuevas generaciones de artistas.

Spilimbergo nació el 12 de agosto de 1896 en el barrio porteño de Palermo. Hijo de los inmigrantes italianos Antonio Enea Spilimbergo y María Giacoboni, cursó sus primeros estudios en el colegio salesiano Don Bosco y luego ingresó a la Escuela Industrial para estudiar dibujo de ornamentación. Mientras trabajaba como cadete, telefonista y más tarde en la Oficina de Correos y Telégrafos, asistió a la Academia Nacional de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón, donde tuvo como maestros a Pío Collivadino y Ernesto de la Cárcova.

Su talento quedó demostrado desde muy temprano. Egresó en apenas tres años, la mitad del tiempo previsto, comenzó a ejercer la docencia y obtuvo el Primer Premio de Grabado del Salón Nacional de Bellas Artes por sus aguafuertes Elementos de trabajo e Invierno.

Entre 1921 y 1924 se instaló en Desamparados, provincia de San Juan, siguiendo la recomendación médica de vivir en un clima más seco debido al asma crónica que padecía. Allí mantuvo una intensa disciplina de trabajo artístico, realizó su primera exposición individual y creó obras como Figura de niña y Seres humildes, con las que volvió a ser distinguido en el Salón Nacional.

En 1925 obtuvo el Premio Único al Mejor Conjunto del Salón Nacional, reconocimiento que le permitió viajar a Europa para ampliar su formación. Vivió en Italia y Francia, donde estudió en la Académie de la Grande Chaumière y en el taller de André Lhote. Durante esa etapa incorporó nuevas técnicas e influencias, desde la pintura renacentista italiana hasta las búsquedas poscubistas y metafísicas de artistas como Paul Cézanne, Carlo Carrá y Giorgio de Chirico.

En París trabó amistad con Antonio Berni y otros artistas argentinos que integraban el grupo conocido como "los muchachos de París". De regreso al país, en 1928, junto con su esposa francesa Germaine, consolidó una producción atravesada por la temática social y el muralismo.

En 1933 participó en la creación junto al artista mexicano David Alfaro Siqueiros de la realización del mural Ejercicio plástico en la quinta de Natalio Botana, director del diario Crítica. La obra, restaurada décadas más tarde, puede visitarse actualmente en el Museo de la Casa Rosada.

Durante esos años produjo algunas de sus creaciones más destacadas. La Serie de las terrazas profundizó su exploración de la figura humana, mientras que Breve historia de Emma (1936-1937), integrada por treinta y cuatro monocopias inspiradas en una crónica policial. También ilustró con once aguafuertes el poemario Interlunio, de Oliverio Girondo, trabajo que fue distinguido con la Medalla de Oro al Grabado en la Exposición Internacional de París de 1937.

La enseñanza ocupó un lugar central en toda su trayectoria. Fue profesor en la Escuela de Artes Gráficas, en la Academia Nacional de Bellas Artes, en la Escuela Superior de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón y en la Escuela de Bellas Artes de La Plata. Entre 1948 y 1952 dirigió el Instituto Superior de Artes de la Universidad Nacional de Tucumán, donde impulsó la formación de muralistas. Entre sus discípulos se cuentan Enrique Sobisch, Medardo Pantoja, Luis Lusnich, Eolo Pons, Leopoldo Presas y Ana Sacerdote. En 1956 fue incorporado como miembro de la Academia Nacional de Bellas Artes.

A partir de la década de 1950 participó en importantes exposiciones nacionales e internacionales, entre ellas la Bienal de Venecia, la Bienal de San Pablo y muestras de pintura argentina realizadas en Nueva York, Helsinki, México y Pekín, consolidando su prestigio como una de las figuras centrales del arte argentino.

A lo largo de su carrera recibió numerosos reconocimientos, entre ellos el Primer Premio de Grabado del Salón Nacional (1922), el Premio al Mejor Conjunto del Salón Nacional (1925), el Primer Premio del Salón Santa Fe (1927), el Primer Premio del Salón Rosario (1929), el Primer Premio del Salón Nacional (1933) y, en 1937, el Gran Premio de Pintura, la Medalla de Oro al Grabado en la Exposición Internacional de París y el Gran Premio de Honor del Salón Nacional.

Desde 1959 alternó su residencia entre Buenos Aires y Unquillo, en la provincia de Córdoba, donde falleció el 16 de marzo de 1964, a los 67 años. Sus obras integran hoy las colecciones del Museo Nacional de Bellas Artes, el Museo Provincial de Bellas Artes Emilio Caraffa y el Museo Municipal de Bellas Artes Doctor Genaro Pérez, entre otras instituciones.

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