Presidencia de la Nación

Historia de la Enfermedad de Chagas


La transmisión vectorial de la Enfermedad de Chagas (Trypanosomiasis Americana) se extiende desde el límite de México con los Estados Unidos en América del Norte hasta Chile y Argentina en el sur del continente. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), existen 17 millones de personas con infección chagásica, siendo 2.300.000 de ellas habitantes de nuestro país (datos Año 1993). Además del área rural, puede existir transmisión no vectorial de Trypanosoma cruzi en las áreas urbanas exentas de vinchucas. La transmisión es posible a través de la sangre de personas infectadas, por transfusiones, de la madre al niño, por transplante de órganos o por accidentes de los investigadores

Si bien el ingreso de la Enfermedad de Chagas al mundo de la medicina es relativamente reciente, es posible encontrar referencias relacionadas con ella, prácticamente desde la conquista del continente americano. Comenzando por Fray Ferdinando de Lizarraga que en el siglo XVI describiera la presencia y hábitos de las vinchucas en el valle de Cochabamba, Bolivia; y pasando por las descripciones hechas en crónicas de campamentos del Ejército Libertador comandado por San Martín en Chile, por narraciones sobre viajes realizadas por viajeros ingleses que recorrieron nuestro país durante el siglo pasado, essaywritingservices.com.au incluyendo la mención de “benchucas” realizada por Charles Darwin, particularmente la que alude a la ciudad mendocina de Luján de Cuyo; hasta llegar a referencias de Guillermo E. Hudson sobre la presencia de vinchucas en la campaña uruguaya.

La enfermedad fue descubierta y descripta en 1909 por el Dr. Carlos Ribeiro Justiniano Das Chagas (1879-1934), médico sanitarista que a principios de siglo se desempeñaba en el Instituto Bacteriológico de Manguinhos (hoy Instituto Oswaldo Cruz) de Río de Janeiro, Brasil. En el curso de una campaña antimalárica Chagas supo de la existencia de un insecto hematófago, llamado “barbeiro” por los naturales de la región, que pululaba en las chozas de barro y paja de la zona (cafuas) y atacaba al hombre en la oscuridad de la noche. Trabajando en la localidad de Lassance, a orillas del río Bicudo, capturó y analizó estos barbeiros, identificándolos como Conorrhinus megistus -ahora Panstrongylus megistus (Burmeister, 1835)-, y halló que el intestino posterior estaba poblado de parásitos “con caracteres morfológicos de Crithidias” que supuso formas intermediarias de un tripanosoma. Remitió entonces ejemplares del insecto al Dr. Oswaldo Cruz, quien hizo picar a un ejemplar de mono de la especie Callitrix penicillata. “Pasados veinte o treinta días después de la picadura -dice Chagas-, fueron encontrados en la sangre periférica de aquel mono, trypanosomas en gran número, con morfología distinta de cualquier especie conocida del género Trypanosoma. Iniciamos entonces el estudio del flagelado, consiguiendo rápidamente infectar por inoculación diversos animales de laboratorio: cobayos, perros, conejos y otros monos”. Cumplió los postulados que caracterizan la enfermedad infecciosa: el aislamiento del germen, su asociación con manifestaciones y lesiones que se reiteran y finalmente la reproducción de la enfermedad mediante la inoculación del germen a un animal. Chagas llamó entonces a este microorganismo flagelado Trypanosoma cruzi, en homenaje a su maestro O. Cruz. Entre mediados de 1907 y el 22 de abril de 1909 en que expuso su descubrimiento a la Academia Nacional de Medicina, Chagas, Cruz y colaboradores investigaron la epidemiología de la infección en el área, describieron la enfermedad aguda y crónica y estudiaron el ciclo biológico del tripanosoma en el insecto transmisor y en animales de laboratorio.

En el Instituto de Manguinhos comenzó una actividad febril: Gapsar Vianna continúa los estudios parasitológicos y descubre las lesiones fundamentales de su anatomía patológica; Guerreiroy Machado ensayan con éxito la reacción de fijación de complemento para el diagnóstico de la enfermedad en los casos crónicos; Ezequiel Díaz estudió el cuadro hemático; Arturo Neiva la biología del insecto transmisor, y Eurico Villela los aspectos clínicos. Los estudios del grupo de Manguinhos son enriquecidos por otros investigadores: Brumpt descubre el mecanismo de la transmisión de la parasitosis, mientras Mayer y Rocha Lima primero y Cronwell y Magarinos Torres después, aclaran aspectos de la anatomía patológica y la evolución del flagelado en los tejidos.

Desde el comienzo de sus investigaciones, Chagas previó que se trataba de una endemia de extraordinaria importancia por la extensión del área que abarcaba y por la acción patógena del Trypanosoma cruzi, su agente etiológico. Debido a que la casi totalidad de los pacientes con T. cruzi en circulación padecían simultáneamente de bocio o de cretinismo endémico, se intentó atribuir tales afecciones tiroideas crónicas al parásito, al extremo de llegar a proponer el nombre de “tiroiditis parasitaria” para la enfermedad. Este aspecto despertó grandes polémicas, especialmente en Argentina y Brasil, que terminaron por alejar el interés de los médicos de su tiempo y de ese modo postergó por muchos años el interés en esta enfermedad. Aun así, lentamente, el descubrimiento de Chagas fue progresando: en El Salvador, Segovia describe el primer caso de Enfermedad de Chagas aguda en 1914; en 1919 Tejera descubre los primeros enfermos agudos y tripanosomas en sangre en Venezuela, señalando al Rhodnius prolixus como vector de la enfermedad, y Escomel en Perú también encuentra un paciente con parásitos en sangre. En ese año se hace igual descubrimiento en Paraguay, Lutz, Souza, Araujo, De Fonseca y Migone encuentran las primeras vinchucas infectadas y en el año 1924, Gaminara en Uruguay realiza estudios sobre la infección de las vinchucas del país por el T. cruzi. En 1931 se informan 19 casos humanos de la hallados durante una campaña antipalúdica en la zona del Canal de Panamá.

Chagas no llegaría a disfrutar en vida la consagración de su descubrimiento y esfuerzos. Padeció indiferencia y calumnias. De su desazón es muestra el siguiente párrafo que le pertenece: “…hay un designio nefasto en el estudio de la Trypanosomiasis. Cada trabajo, cada estudio, apunta un dedo hacia una población malnutrida que vive en malas condiciones; apunta hacia un problema económico y social, que a los gobernantes les produce tremenda desazón pues es testimonio de incapacidad para resolver un problema tremendo. No es como el paludismo un problema de bichitos en la naturaleza, un mosquito ligado al ambiente o como lo es la esquistosomiasis relacionada a un factor ecológico límnico casi inalterable o incorregible. Es un problema de vinchucas, que invaden y viven en habitaciones de mala factura, sucias, con habitantes ignorados, mal nutridos, pobres y envilecidos, sin esperanza ni horizonte social y que se resisten a colaborar. Hable de esta enfermedad y tendrá a los gobiernos en contra. Pienso que a veces más vale ocuparse de infusorios o de los batracios que no despiertan alarma a nadie…”

En nuestro país, la Enfermedad de Chagas fue conocida desde 1911 a través de conferencias y demostraciones efectuadas por Lozano, Maggio y Rosenbusch. Buenos Aires constituía la más importante y prestigiosa meca científica para cualquier sudamericano que deseara consagrar un descubrimiento o investigación. Por ello en 1912 CHAGAS viajó a Buenos Aires y presentó en los ambientes científicos porteños la enfermedad por él descubierta y el resultado de sus estudios. Su visita fue dura y causa de profunda desilusión: se le criticó el haber incluido como manifestación específica de la nueva tripanosomiasis a enfermos con alteraciones de la glándula tiroides, que correspondía a otras entidades y estados pluricarenciales que existían en la región.

Tripanosomiasis era un hallazgo casual y que no representaba necesariamente una enfermedad. En 1914, Maggio y Rosenbusch mostraron por primera vez que el T. cruzi infectaba al Triatoma infestans, que resultaría el insecto vector más común en el país, aunque sugieren que “la vinchuca infectada con el T. cruzi en la Argentina, con mucha probabilidad no produce la Enfermedad de Chagas. La causa puede ser la atenuación del trypanosoma por el clima…”. En 1915 y 1916, los mismos autores en unión con Kraus señalan la falta de relación epidemiológica entre vinchucas infectadas y bocio y cretinismo endémico, lo que daba bases a las dudas sobre las concepciones patogénicas de CHAGAS. En 1924, MÜHLENS (investigador del Instituto de Enfermedades Tropicales de Hamburgo), Dios, Petrocchi y Zuccarini al practicar exámenes de sangre buscando parásitos de Malaria en Tucumán y Salta, hallaron los primeros seres humanos infectados por T. cruzi.

En esa década comienza la relación de Salvador Mazza (1886-1946) con la Enfermedad de Chagas, marcando un hito en la historia del conocimiento de la enfermedad. Mazza, nacido en Rauch, Provincia de Buenos Aires, y graduado de médico en 1910 se especializó en bacteriología química y patología. En su carrera profesional fue integrante del Departamento Nacional de Higiene, como se llamaba entonces al Ministerio de Salud; organizó un lazareto en la isla Martín García a fin de investigar la presencia de portadores sanos de gérmenes del cólera en inmigrantes provenientes de Europa y de Oriente; luego sucedió a Carlos Malbrán como Profesor de la Cátedra de Bacteriología de la UBA, fue jefe del Laboratorio Central del Hospital de Clínicas de Buenos Aires y trabajó en el Ejército en la modificación de la vacuna antitífica que se daba entonces a los conscriptos. Por 1920 Mazza viajó varias veces a Europa y al Instituto Pasteur de Argelia, donde conoció a Charles Nicolle, futuro Premio Nobel de Medicina con quien desarrolló una gran amistad y que sembró en él la idea de radicarse en el interior del país para investigar la patología regional. Así, en 1926 Mazza funda la Sociedad Científica de Jujuy, cuyo primer presidente será el malariólogo Guillermo Paterson, inglés y médico del Ingenio La Esperanza, que luego acompañaría a Mazza hasta su muerte. Entre 1926 y 1927 se crean filiales de la Sociedad en Salta, Tucumán, Catamarca, Santiago del Estero, La Rioja y Corrientes. En 1928 con el apoyo y patrocinio del Dr. José Arce se crea oficialmente la «Misión de estudios de patología regional Argentina» (MEPRA),organismo de extensión universitaria dependiente del Instituto de Clínica Quirúrgica de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires, con sede en las afueras de la ciudad de Jujuy en un edificio construido especialmente para ella y donado por particulares. Entretanto, Mazza que había conocido a CHAGAS en Alemania y estaba muy impresionado por la claridad y solidez de sus argumentos sobre la enfermedad, impulsó numerosos estudios que pronto confirmaron la presencia e importancia de esta patología en nuestros suelos. En 1926, Mazza encontró un perro naturalmente infectado por T. cruzi y en 1927 diagnosticó clínicamente el primer caso agudo conocido en el país. En el año 1935 Cecilio Romaña describe el síndrome puerta de entrada ocular, denominado complejo oftalmo-ganglionar, chacoma ocular o signo de Romaña.

En la década del 30, al frente de la MEPRA, Mazza impulsó el estudio de esta afección demostrando innumerables aspectos sobre sus insectos vectores, mamíferos hospederos, epidemiología y patogenia. Esta tesonera labor permitió diagnosticar varios cientos de casos sospechados por la clínica y comprobados parasitológicamente. Por otra parte, la comprobación de infección humana en zonas exentas de bocio endémico permitió superar las trabas que habían frenado a Chagas. Como consecuencia de estos trabajos la Trypanosomiasis Americana fue tema del VI Congreso Nacional de Medicina, en 1939. En 1940 Mazza y Miguel E. Jörg definen los tres períodos anátomo-clínicos de la enfermedad, definición que conserva su validez y aceptación hasta nuestros días. En 1946 Mazza que había viajado a Méjico sufrió un infarto agudo de miocardio y falleció. La MEPRA que se había constituido en un verdadero equipo multidisciplinario de asistencia, docencia e investigación con alcance prácticamente sobre todo el país y de cuya importancia son testimonio más de 300 publicaciones realizadas sobre la Enfermedad de Chagas, Leishmaniasis, Brucelosis, Uncinariasis, Zootoxicosis e infecciones bacterianas, quedó transitoriamente a cargo de Jörg pero no pudo sobreponerse a los avatares político-institucionales que concluyeron con su traslado a la Capital Federal primero y luego con su disolución en 1958.

Activar: 
0
Scroll hacia arriba