Presidencia de la Nación

Cuerpas insurgentes


Por Julia Risso y Mariana Véliz

Descargá y leé el cuarto número: Corporalidades Diversas: de mandatos, narrativas y deconstrucciones

Un martes a la tarde en Caballito esperando para entrar a mi sesión de terapia, como todos los martes desde hacía dos años, un hombre me tocó la espalda.

—Disculpame, ¿vos tenés osteogénesis imperfecta?

Me costó reaccionar. No sabía a qué se estaba refiriendo y por qué estaba pidiéndome disculpas de antemano. Hasta ese momento, no sabía que la osteogénesis era una patología congénita que se genera por la falta de producción de colágeno, lo que causa fragilidad excesiva en los huesos.

—No, no tengo eso. ¿Por qué?

La persona respondió que le había despertado la curiosidad al verme, que conocía a alguien con esa patología y se fracturaba mucho, por lo tanto quería saber qué hacía yo para aminorar sus efectos. Ante mi escaso diálogo se despidió con una sonrisa y siguió su marcha. Yo inmóvil, sin demasiada reacción.

Esta simple experiencia en su momento pasó desapercibida. Me costó varias sesiones de terapia como la de ese martes identificar su nudo y empezar a tirar de los extremos para ver dónde estaba el mayor enredo: cómo reaccionamos cuando advertimos delante nuestro lo distinto. En este caso, Julia, una persona con discapacidad física.

Me propongo pensar junto a mi compañera Mariana, en estas líneas, qué nos pasa cuando nos encontramos ante un cuerpo que no responde a los patrones hegemónicos, qué pensamos y qué decimos.

¿Qué sucedería si anduviéramos todes por la vida preguntando cosas íntimas a le otre? Si eso fuera extremadamente intimidante, ¿por qué frente a una persona con discapacidad tenemos más derecho de intervenir su singularidad con opiniones o preguntas?

Que alguien pregunte mi diagnóstico antes que mi nombre es tan violento como injustificable. Ahora, como adulta, tengo más herramientas para saber que esa conducta está mal, pero me pregunto cuántas veces sucedió en mi infancia y respondí creyendo que tenía que dar explicaciones sobre mi discapacidad. Y vale la aclaración... lo considero mi día de suerte si la denominan discapacidad, muchas veces la llaman erróneamente “enfermedad”, “problema” o, simplemente, “lo tuyo”.

Que alguien pregunte mi diagnóstico antes que mi nombre es tan violento como injustificable.

Que las personas sin discapacidad reaccionen ante nosotres de esta forma exhibe a gritos una normalidad corporal que exige ser revisada. Si vemos hasta el hartazgo espaldas derechas y no ampliamos el imaginario, cuando aparezca una columna torcida como las nuestras sonarán las alarmas del frágil concepto de normalidad, el que será una decisión política abordar desde la información real y confiable, desde la militancia, desde el teje de redes de lucha, desde la justicia social, desde la conquista de derechos, desde la empatía y desde el amor.

Nacer con una corporalidad diversa, un cuerpo mutante, monstrue, deforme, torcido es disruptivo en un cistema que impone un único modelo de corporalidad. Son muchas las dificultades con las que nos encontramos, es tratar de sobrevivir todos los días ante las mi-radas, ante las opiniones, ante un entorno que está pensado para un cierto patrón hegemó-nico.

Soy Mariana, soy una mujer discaintersex, la palabra “discaintersex” es una palabra que inventé, es la unión de mis dos identidades políticas, persona con discapacidad y ser una persona intersex. Para hacer una breve definición de ambas identidades, podría decir que la discapacidad tiene que ver con una cuestión social, no una cuestión corporal, es decir, no está focalizada en el individuo. Hay barreras en los entornos (comunicacionales, actitudinales, edilicias) que impiden a una persona desarrollar sus vínculos, sus tareas y sus deseos en igualdad de condiciones. En mi caso, también tengo discapacidad motriz, la movilidad reducida, un cuerpo que se cansa y se fatiga, que el mundo no contempla entre sus ideales.

Por otro lado, la intersexualidad tiene que ver con algo corporal; como bien dije, vivimos en un cistema, en donde se impone que las personas debemos nacer con ciertas características corporales que respondan al pensamiento binario. Desde niñes nos enseñan que hay dos tipos de identidades, hombre y mujer; que ambos deben nacer con ciertas características sexuales (genitales, gonadales, cromosómicas, hormonales). El tema es que las personas intersex nacemos con una variación en cualquiera de estas características y son muy diversas estas variaciones. Yo soy una mujer cisgénero, que nació sin vagina, sin útero y con pequeños ovarios.

Las cuerpas diversas existen y resisten en un cistema en el que el discurso médico tiene poder hace décadas. Donde el paternalismo aplasta las decisiones, borra y pretende ocultar la diversidad. Desde niñes, constantemente nos tratan como cuerpos a arreglar, a rehabilitar y a enderezar, entonces nos construimos como sujetes, con ideas negativas y autodestructivas del debe ser. La diversidad es considerada como deficiente. Según el modelo médico rehabilitador yo debo tener mi columna derecha, tener cinco dedos y todas mis vísceras y órganos.

Según el modelo médico rehabilitador yo debo tener mi columna derecha, tener cinco dedos y todas mis vísceras y órganos.

Nos hacen creer que somos sujetes a los que nos falta algo, hay ausencias que debemos corregir o reponer, y que alguien debe ayudarnos. Cuando la realidad es que siempre estuvimos, no somos algo nuevo, pero como toda disidencia nos eliminaron del mapa y nos hicieron creer que éramos seres únicos e individuales. Mi niñez, adolescencia y cierta parte de mi adultez, viví con esta idea de que mi cuerpo estaba mal, pero fue gracias a la militancia y al encuentro con otres que entendí que no es algo simple el que tengamos estas ideas, ahí pude verlo y pude comprenderlo, observaba al cistema a los ojos y pude confrontarlo. En encuentros, en diálogos, en asambleas, en lo colectivo. La normalidad que me fue impuesta durante parte de mi vida no existe, es una construcción social puesta sobre una realidad que es diversa.

Hoy entendemos nuestros cuerpos como cuerpos políticos, disruptivos a toda norma y lógica, reflejo de lo diversos que podemos ser los seres humanos.

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