Documento de diagnóstico | Radiografía del trabajo argentino


El presente documento tiene como objetivo trazar un mapa del empleo en Argentina, y de su evolución de mediano plazo (siglo XXI). Los puntos sobresalientes de tal radiografía son los siguientes:

• El 64% de la población argentina (28 millones de personas) se encuentra en la franja etaria de “población en edad de trabajar” (15-64 años). Tal cifra es levemente menor a la media mundial y 3 puntos menor a la de América Latina.

• Casi el 45% de la población económicamente activa (9 millones de personas) tiene problemas de inserción laboral. De ese 45%, más de 8 puntos los explica el desempleo, 13 puntos el trabajo cuentapropista de bajo nivel educativo y 22 los asalariados informales (trabajadores en relación de dependencia sin cobertura jubilatoria).

• El sector público (el cual se explica mayormente por administración pública, fuerzas de seguridad, educación y salud) tiende a generar empleo mayormente formal: de acuerdo a la EPH, el 91% de los asalariados tiene descuento jubilatorio. En contraste, tal cifra cae al 59% para los asalariados del sector privado (y por debajo del 50% en el NEA y el NOA). La mayor formalidad del sector público va de la mano con ingresos horarios relativos mayores a la media, tendencia que también ocurre en la OCDE.

• Hay profundas diferencias regionales en cuanto a la composición de la población en edad laboral. El NEA experimenta las tasas de inactividad más elevadas, y lo contrario ocurre con CABA, distrito en donde además los trabajadores cuentapropistas tienden a ser de alto nivel educativo -a contramano de lo que ocurre en resto del país. El bajo desarrollo productivo del NEA y el NOA se expresa también en un bajo ratio de asalariados formales privados cada 100 personas, de modo que el sector público cobra protagonismo allí como generador de empleo formal.

• En la Patagonia, donde el empleo público es relativamente importante, ocurre algo distinto al NEA y el NOA: la formalidad en el sector privado también es elevada, lo cual se explica por la predominancia de sectores intensivos en capital, tales como el petrolero, en donde la informalidad es prácticamente nula.

• El conurbano bonaerense, por su parte, se caracteriza por una baja presencia relativa del sector público en la generación de empleo. El sector privado compensa allí en la generación de empleo, pero a costa de una mayor informalidad.

• La inactividad tiende a aumentar en las mujeres, en las personas de 55-64 años (y, más que nada, en los jóvenes), en los adultos de bajo nivel educativo y en las regiones periféricas del país (NEA, NOA, Cuyo y Patagonia).

• El mercado laboral argentino registró una notoria mejora entre 2004-2008, a tono con una elevada expansión económica. Tal mejora se evidencia por múltiples indicadores, tales como un rápido aumento de la tasa de empleo y caída de la desocupación, así como un notorio aumento de la formalidad. Entre 2008-11, la mejora de los indicadores prosiguió, aunque a un ritmo más lento. Desde 2011, y en un contexto de estancamiento económico -e incluso caída del ingreso por habitante-, el mercado laboral ha tendido a deteriorarse: la tasa de empleo -sobre todo en varones y en los jóvenes- se contrajo, aumentó el peso de los jóvenes ni-ni, y el empleo asalariado formal privado perdió peso en el total.

• En la actualidad, la tasa de desempleo es similar a la de 2006-8. No obstante, el desempleo juvenil es hoy más elevado y, a la inversa, el desempleo en los adultos próximos a la edad jubilatoria es menor.

• Es impreciso hablar de la “industria” o los “servicios” como un todo homogéneo. Como hemos visto, las diferencias en materia salarial -las cuales a su vez correlacionan con diferencias en niveles de calificación y formalidad- son muy diferentes en su interior. De allí la utilidad de discriminar entre sectores manufactureros de alta y baja tecnología, y lo mismo entre servicios de alta calificación respecto a los que no lo son.

• Del mismo modo, resulta erróneo considerar el cuentapropismo o la asalarización como un todo homogéneo. En Argentina, alrededor del 70% del cuentapropismo es de bajo nivel educativo e ingresos relativos bajos (el arquetipo de ello podría ser el vendedor ambulante, el albañil que hace changas o una costurera que trabaja en su casa), en tanto que el 30% restante es de alto nivel educativo e ingresos relativos altos (el arquetipo podría ser una arquitecta o un consultor freelancer). Del mismo modo, aproximadamente 2 de cada 3 asalariados son formales y con amplitud de derechos laborales (vacaciones pagas, licencia por enfermedad, aportes jubilatorios u obra social), y 1 de cada 3 informales y sin tales derechos.

• En efecto, las características socio-ocupacionales de los cuentapropistas de bajo nivel educativo tienden a asimilarse a la de los asalariados informales (con pobreza muy superior a la media), y a la inversa ocurre con la de los cuentapropistas de alto nivel educativo y los asalariados formales (con guarismos de pobreza muy inferiores a la media).

• La población argentina seguirá aumentando su nivel educativo -tendencia que ocurre en todo el mundo-. De continuar la trayectoria demográfico-educativa de 2006-16, en 2030 la fuerza laboral tendrá un menor peso de “primario incompleto” (-2p) y “primario completo” (-5p) a favor de “secundario completo” (+5p) y “universitario completo” (+2p).

• Entre 2003-17, se registró una clara caída de la prima educativa en Argentina, manifestada por un menor diferencial de salarios horarios por nivel educativo completado. Algo similar ocurrió con la edad: el salario horario tendió a ser más homogéneo entre las edades. Esta menor dispersión es un factor relevante a la hora de explicar por qué la distribución del ingreso es actualmente más igualitaria que en los primeros años de la post convertibilidad.

En tanto, de la comparación internacional tomando los promedios de los países de la OCDE como referencia, encontramos tendencias comunes a la Argentina, pero con algunas diferencias:

• Existen algunas regularidades en la fisonomía del mercado laboral entre Argentina y la OCDE. Por ejemplo, las ramas mejores pagas en Argentina tienden a ser las mismas en la OCDE. Algo similar ocurre con las horas trabajadas por sector: en ambos casos, servicio doméstico y enseñanza son las de menores horas trabajadas.

• Tanto en la OCDE como en Argentina los jóvenes tienden a sufrir mayores tasas de desempleo que el resto de los grupos etarios. Asimismo, la prociclicidad del empleo y el desempleo pareciera ser más marcada en los jóvenes, tanto en la OCDE como en Argentina.

• Los sectores más feminizados en Argentina (servicio doméstico, educación, salud) son también los más feminizados en la OCDE. Esta correspondencia entre nuestro país y los países desarrollados también se observa en las ramas más masculinizadas, como construcción, petróleo y minería, transporte, suministro de agua, electricidad y gas, agro, industria o información y comunicación.

• A nivel sectorial, hay ciertos parecidos de familia (y también ciertas diferencias) en las tendencias registradas en la OCDE y Argentina desde 2004. En ambos casos se registra un declive relativo de sectores como el agro, la industria manufacturera y el comercio, a manos de servicios intensivos en conocimiento (tales como información y comunicación, actividades profesionales y de ciencia y tecnología, salud y educación), y otros de menor calificación, como actividades administrativas, trabajo social, hoteles y restaurantes y recreación -estos dos últimos tienen que ver con el esparcimiento-.

• Vale tener en cuenta, de todos modos, que en la OCDE el empleo manufacturero de alta tecnología prácticamente no perdió participación relativa desde 2004 (aunque sí lo hizo en Argentina), de modo que lo que explica el repliegue manufacturero en el empleo es mayormente la industria de baja tecnología, que ha tendido a relocalizarse en países de salarios menores. Asimismo, servicios intensivos en conocimiento tales como información y comunicación y actividades profesionales, científicas y técnicas aumentaron mínimamente su peso en el empleo en Argentina, y lo hicieron con una intensidad claramente mayor en la OCDE.

• Respecto al empleo manufacturero, resta para futuros trabajos estimar en qué medida el repliegue relativo se debe (o no) a la tercerización de ciertas actividades (limpieza, servicios jurídicos y de contabilidad, etc.) que originalmente eran intra-muros a empresas de servicios subcontratadas. En otros términos, resta por analizar si hubo o no cambios en la contribución manufacturera al empleo indirecto, lo cual requiere una actualización de la matriz insumo-producto (que en Argentina data de 1997).

• El envejecimiento de la población económicamente activa ofició como un factor de atenuación del desempleo tanto en Argentina como en la OCDE, habida cuenta de que, a mayor edad, menor tasa de desempleo.

• En la OCDE, la tasa de empleo femenino es considerablemente más alta que en Argentina (no así en la tasa de empleo masculino), y tal diferencia es particularmente muy elevada en las mujeres jóvenes. Es esta brecha en lo que ocurre con las mujeres la que explica por qué la tasa de empleo de la población en edad laboral es menor en Argentina que en los países desarrollados.

• La calificación del empleo es sensiblemente más elevada en la OCDE que en Argentina. Del mismo modo, la estructura sectorial del empleo tiene un mayor peso de las ramas intensivas en tecnología/calificación, lo cual se refleja tanto a nivel manufacturero como en los servicios.

• La calificación de la fuerza laboral en Argentina es relativamente baja para el PBI per cápita que tiene el país. Esto no es un fenómeno aislado, sino que se repite para toda la región latinoamericana (y también Medio Oriente). Por el contrario, en países que pasaron por el bloque soviético -con ingresos por habitante no demasiado distintos a los nuestros- la fuerza de trabajo es de una calificación elevada.

• El porcentaje de jóvenes “ni-ni” es sensiblemente mayor en Argentina que en la OCDE (20% contra 10%), lo cual se explica mayormente por lo que ocurre con las mujeres jóvenes. A nivel temporal, la brecha entre nuestro país y la OCDE había llegado a ser de 7,4 puntos porcentuales en 2011 y desde entonces volvió a aumentar, a tono con el estancamiento económico experimentado aquí.

• El cuentapropismo y el trabajo familiar tienden a disminuir a mayor desarrollo económico, a favor de una mayor asalarización. Tal tendencia es particularmente marcada en el caso de las mujeres, que en sociedades desarrolladas tienden a insertarse en ramas como por ejemplo salud y educación, de alta asalarización -en muchos países, como por ejemplo los escandinavos, se trata de ramas ligadas al empleo público-.  

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