A fines de la década de 1970, la CNEA inició el desarrollo de tecnología propia para el enriquecimiento de uranio, con el objetivo de avanzar hacia la autonomía en el ciclo del combustible nuclear.

En ese contexto, se decidió construir una planta en el paraje Pichi Leufú Arriba, a unos 70 kilómetros de San Carlos de Bariloche. La obra fue ejecutada por la empresa INVAP S.A. y finalizada a comienzos de la década de 1980. Su propósito principal era obtener uranio enriquecido para la fabricación de elementos combustibles para los reactores de potencia y de investigación desarrollados en el país.
En 1983, se obtuvo uranio enriquecido a escala industrial mediante el método de difusión gaseosa. Este logro posicionó a la Argentina como el séptimo país en el mundo con esa capacidad y el quinto en desarrollar su propia tecnología para enriquecer uranio.
En 1996 el programa fue interrumpido debido a cambios en el contexto internacional de la energía nuclear. Sin embargo, las actividades de investigación y desarrollo continuaron, con el fin de preservar y actualizar el conocimiento tecnológico adquirido.
A principios de 2007, se iniciaron las tareas de reacondicionamiento y actualización del Complejo Tecnológico Pilcaniyeu (CTP) para recuperar sus capacidades, mejorar sus estándares a nivel operativo y de seguridad y adecuarse a los requerimientos del Grupo de Proveedores Nucleares (NSG, por sus siglas en inglés). Este grupo, del cual la Argentina forma parte desde 1994, está conformado por 48 países que cuentan con capacidad de exportación de productos y servicios relacionados con la energía nuclear.