El Departamento de Energía Solar de CNEA también colabora con la Dirección Nacional del Antártico para dotar de energía solar a distintas instalaciones argentinas en ese continente. Desde 2014, la Base Marambio tiene ocho paneles fotovoltaicos de silicio sumando un total de 2 kW de potencia, interconectados a su red eléctrica. Están montados en el techo de la terminal de pasajeros y generan un promedio de 1.650 kWh por año. Esto representa el 34% del consumo anual de una vivienda unifamiliar. En la base Carlini se instaló recientemente un sistema de 2,2 kW también conectado a la red. Esto permite ahorrar parte del combustible que utilizan los generadores eléctricos.
“Nos interesa tener instalaciones en regiones polares, donde además de generar energía podamos recabar algún dato científico. Por ejemplo, la eficiencia de los paneles solares que trabajan a bajas temperaturas o la medición de radiación solar utilizando nuestros sensores”, dice Hernán Socolovsky.
Hay una tercera instalación en el refugio Elefante, una base de observación de fauna. Opera entre septiembre y marzo, ya que en invierno queda bajo 2,5 metros de nieve. Antes la gente tenía que llevar un generador diésel y el combustible. Hoy no hace falta, porque se instalaron cuatro paneles que en total suman 1 kW de potencia. Como consecuencia de la eliminación del ruido del generador, el refugio se rodeó de pingüinos y se puede avistar más fauna.
