La Fuerza de Submarinos


Por sus características, las operaciones de submarinos son secretas. Sin embargo, el conocimiento de la acción llevada a cabo por el A.R.A. “Santa Fé” en las islas Georgias del Sur, donde burló el bloqueo impuesto por el enemigo mediante submarinos atómicos, buques de superficie y helicópteros, para abastecer a los defensores de Grytviken, puede darnos una idea de las misiones de nuestros submarinos y de las adversas condiciones en que debieron operar. Más de una vez estuvieron bajo la mira de la fuerzas británicas mientras cumplían con su misión.

Submarino A.R.A. “Santa Fé”

Para el submarino A.R.A. “Santa Fé” (S-21), las operaciones en Malvinas comenzaron con la recuperación misma, en el marco de la "Operación Rosario". Dicha misión inició el 27 de marzo de 1982, cuando la unidad zarpó desde Mar del Plata bajo el comando del Capitán de Corbeta Horacio Bicain. A la nave se le asignaron dos misiones: la primera de ellas era acercar al personal de la Agrupación Buzos Tácticos (APBT) a las inmediaciones del Cabo San Felipe, al norte de Puerto Argentino, para luego destacarse a un área de patrulla asignada.

Durante los siguientes días, el S-21 navegaría con mar 2/3 y fuertes vientos australes que castigaron al personal de la APBT, mientras ensayaban las maniobras de botes desde la cubierta de la unidad. El 30 de marzo por la noche, el “Santa Fé” recibió la orden de postergar un día sus misiones, a causa del mal tiempo.

Luego del mediodía del 1º de abril, el S-21 quedó sin comunicaciones. Sin contacto con la superioridad, el desembarco se dejó para la madrugada del 2 de abril, en las costas al norte de Punta Celebroña, en las proximidades de la Isla Riñón. En la previa de la misión, el radar del submarino quedó fuera de servicio y con esfuerzo se repuso tres horas después. A las 3:35 horas, los botes de la APBT se desprendieron de la cubierta del “Santa Fé”, dando final a la misión del submarino e iniciando el marcado de playa para llevar a cabo la recuperación de las Malvinas.

La segunda misión del “Santa Fe” sería la más peligrosa y la definitiva para la nave de guerra. El 16 de abril zarpó desde Mar del Plata con 23 torpedos y un grupo de Infantes de Marina equipados para reforzar militarmente a las Islas Georgias del Sur. Desde el día de la zarpada hasta el 23 de abril, el S-21 debió sortear fallas en los sistemas y mala meteorología. Pero todas esas dificultades pasaron a segundo plano en la previa de la medianoche, cuando logró desembarcar el personal de infantería sobre las costas de la Caleta Capitán Vago.

Para ponerse al día con las reparaciones de a bordo, el 25 de abril el Capitán Bicain ordenó partir de Caleta Vago en busca de refugio. Luego de una hora de navegación, el S-21 fue atacado por
helicópteros británicos Wessex, Sea Lynx y Wasp. Es este último, el que lanzó un misil AS-12 que impactó en la vela del submarino argentino, hiriendo al Cabo Segundo Alberto Macías, que repelía el ataque desde la vela con un fusil FAL.

A las 7:30 el “Santa Fé” amarró en el muelle de Caleta Vago para quedar a la protección de las armas de las tropas de Infantería de Marina. Luego de un breve combate y ante la superioridad británica en el terreno, tanto la Dotación del submarino como la de Infantería de Marina se rindieron por la tarde. Al día siguiente, las fuerzas inglesas decidieron trasladar al submarino argentino capturado. Para la maniobra se destacaron seis suboficiales y el Comandante de la unidad, bajo la supervisión de oficiales ingleses armados con ametralladoras Sterling. Durante la maniobra, en un episodio confuso, un oficial inglés disparó una ráfaga de ametralladora al Suboficial Félix Artuso, causando su muerte.

Luego de amarrar la unidad, se escoró y se hundió definitivamente a 20 metros de profundidad, dejando sólo una parte de la vela a la vista.

Submarino ARA “San Luis”

En 1982, el Comandante del submarino A.R.A. “San Luis” era el Capitán de Fragata Fernando Azcueta. El 11 de abril zarpó al mando de su tripulación rumbo al Sur. Seis días más tarde recibió la orden de realizar una estación al este del Golfo San Jorge. En ese sector navegó por diez días y el 19 de abril quedó en desuso la computadora de control tiro. Esto significaba que, en caso de combate, los torpedos sólo podrían dispararse con el control manual de emergencia con una significativa pérdida de eficacia.

El 1º de mayo los sonaristas del “San Luis” advirtieron rumores hidrofónicos de naves de guerra. A las 8 de la mañana, el Capitán Azcueta ordenó cubrir puestos de combate. Pasadas las 10 de la mañana se efectuó el lanzamiento de un torpedo SST–4 sobre un blanco clasificado como un destructor. Cuatro minutos más tarde el submarino perdió contacto con el torpedo y no se escuchó ninguna explosión. El ataque fracasó.

La réplica enemiga llegó a las 13 con un torpedo antisubmarino lanzado desde un helicóptero británico. La agresión fue evadida y el submarino argentino emprendió su marcha hacia las costas malvinenses. A las 16 la unidad submarina encontró refugio en un fondo pedregoso, donde aguardó en total silencio mientras los ingleses continuaban atacando al buque con bombas de profundidad.

Pasadas las 21 del 1º de mayo, la hostilidad británica mermó. Así es que el “San Luis” pudo emprender su marcha en busca de aguas abiertas. La misma fue interrumpida cuando se reanudó el ataque inglés sobre la unidad argentina, por lo que se buscó el fondo de nuevo, dando inicio a una de las situaciones de guerra más difíciles para cualquier combatiente: operar en silencio.

Luego de una semana de patrullar, el 8 de mayo la unidad detectó un rumor hidrofónico y minutos antes de las 10 de la noche lanzó un torpedo antisubmarino MK–37. El disparo explotó y el blanco cambió el rumbo hacia la costa. Dos días después, el “San Luis” interceptó la trayectoria de una nave enemiga y en la madrugada del 11 de mayo, el Capitán Azcueta ordenó el disparo de un torpedo SST-4. Las naves enemigas se retiraron de lugar sin intentar ningún contrataque.

El 19 de mayo, luego de 40 días de patrulla y 864 horas de inmersión, el submarino “San Luis” llegó a la Base Naval Puerto Belgrano. El objetivo era reparar las computadoras de control de tiro y reabastecer la nave. Pero el 14 junio con el cese de las hostilidades entre Argentina y Gran Bretaña sorprendió a la tripulación.

A pesar de la falta de efectividad de los torpedos del “San Luis”, la actuación en combate del submarino causó conmoción en los altos mandos de la flota británica, ya que a pesar de que contaba con los más modernos y poderosos medios para la detección submarina, nunca pudieron localizar con precisión de blanco al buque de guerra nacional.