La Aviación Naval


Hay una foto. Se ve rústica e íntima. La imagen es icónica porque a partir de ella se puede contar cómo fue la Guerra de Malvinas para la Aviación Naval: audacia y coraje en cada batalla, pero con un profesionalismo reconocido mundialmente.

La foto fue tomada el 4 de mayo de 1982 en Río Grande, la tarde después de haber atacado al primer buque que perdió en combate la Marina Británica desde la Segunda Guerra Mundial.

En la imagen, un piloto aeronaval sostiene un stencil sobre el fuselaje del Super Etendard 3-A-202 para pintar la silueta negra del destructor HMS "Sheffield". El dibujo va con una equis roja encima, de hundido.

El que sostiene la plantilla es el Capitán de Corbeta Augusto Bedacarratz, uno de los dos pilotos de la Armada Argentina que atacaron y hundieron al buque inglés.

Si bien un helicóptero Alouette de la Aviación Naval abrió fuego sobre fuerzas inglesas en la reconquista de las islas Georgias del Sur el 3 de abril, los días de mayo fueron en los que cobró mayor protagonismo su accionar.

Como el día de la foto. Esa madrugada, un avión Neptune de la Escuadrilla Aeronaval de Exploración descubrió al “Sheffield”, y a media mañana los Super Etendard piloteados por el Capitán Bedacarratz y el Teniente de Fragata Armando Mayora despegaron de Río Grande rumbo a las Malvinas. Salían a cazar armados con misiles Exocet.

—¡¡Lanzar, ahora!! —ordenó Bedacarratz. Mayora no escuchó bien la orden, pero vio el lanzamiento, pulsó su gatillo, el misil se desprendió, cayó y se encendió… segundos eternos. El "Sheffield" no detectó el ataque hasta que un oficial en el puente de comando divisó, casi al ras del mar, una estela. Cinco segundos después, el Exocet impactó justo en el centro del buque, donde está la sala de operaciones, dos metros y medio sobre la línea de flotación. Del agujero que quedó salió fuego y una columna de humo de 30 metros, incontrolable, que incendió el buque y obligó a abandonarlo. El “Sheffield” agonizó 6 días. Hundido.

Aquella batalla constituyó un hito táctico porque nunca antes en la historia se había usado la combinación explorador-avión de ataque.

Osadía y valentía en cada acción, como el día que los británicos llegaron con toda su fuerza a las islas. Ese 21 de mayo, en vuelo de reconocimiento, armado y sin escoltas, el Teniente de Navío Owen Crippa descubrió el desembarco en el Estrecho San Carlos: barcos y más barcos, movimiento de lanchas y tropas al norte de las Malvinas.

A bordo de un avión Aermacchi MB339, se lanzó solo al ataque, con cañones y cohetes que impactaron contra la fragata HMS “Argonaut”, en medio de un intenso fuego antiaéreo enemigo proveniente de los buques que apoyaban el desembarco. En su arremetida debió recobrar muy fuerte su avión para evitar chocarlo. Pensó: “Si giro hacia el estrecho, me bajan. Mejor me meto entre ellos”. Microsegundos de una decisión acertada: pasó entre medio de los buques ingleses y la defensa antiaérea de la flota inglesa quedó helada ante la hazaña de Crippa. No pudieron dispararle porque se impactarían entre ellos.

El Teniente Crippa volvió, observó y dibujó un croquis con la ubicación y cantidad de buques. Tras su arribo al aeropuerto de Malvinas y luego de pasar un informe de la situación, todas las unidades aéreas se prepararon para atacar el desembarco.

Ese mismo día, aviones A-4Q Skyhawk de la Tercera Escuadrilla de Caza y Ataque remataron al HMS “Ardent”, que ya estaba herido por un ataque anterior de la Fuerza Aérea. Una sección al mando del Capitán de Corbeta Alberto Phillippi descargó sus 12 bombas de 500 libras, destruyendo el lanzamisiles antiaéreo. Tras el ataque, una patrulla de aviones Sea Harrier británicos detectó a los A-4Q argentinos y derribaron al Capitán Phillippi y al Teniente de Fragata José Arca, que lograron eyectarse, y al Teniente de Fragata Marcelo Gustavo Márquez, quien falleció en combate.

Al teniente Arca lo rescató un helicóptero del Ejército Argentino; el Capitán Phillippi nadó hasta la costa y sobrevivió en el terreno 3 días, hasta que llegó al campo de un isleño de origen británico que le dio cobijo.

Detrás, otra sección de A-4Q Skyhawk, al mando del Teniente de Navío Benito Rótolo e integrada por los tenientes de navío Carlos Lecour y Roberto Sylvester, descargaron sus bombas que impactaron sobre la popa de la fragata HMS “Ardent”, que no pudo parar de arder en llamas hasta el día siguiente. Hundido.

El 23 de mayo por la mañana, en la Bahía San Carlos, otros tres A-4-Q Skyhawk piloteados por los Capitanes de Corbeta Rodolfo Castro Fox y Carlos María Zubizarreta y el Teniente de Navío Marco Aurelio Benítez pasaron rasantes y lanzaron bombas a un destructor tipo County, se estima que es el HMS “Antrim”, que quedó averiado.

También arremetieron contra la fragata HMS “Antelope”, que había sido atacada por la Fuerza Aérea. Al regreso de esta misión, la pista y las condiciones meteorológicas muy adversas le ocasionaron problemas en el aterrizaje al Capitán Zubizarreta, que falleció al intentar eyectarse de su avión despistado.

El “Antelope” sucumbió a los ataques aéreos argentinos, a pesar de que intentaron remolcarlo para desactivar las bombas que habían penetrado en su interior. Una, que parecía fallida, explotó y lo abrió desde la línea de flotación hasta la chimenea. El buque inglés se apagó, consumido por el fuego y cegado por el humo, y los británicos lo abandonaron. Durante la noche siguió ardiendo y detonando por dentro hasta que se quiebró al medio y se hundió. Otra imagen icónica de la Guerra de Malvinas.

El 25 de mayo, Día de la Patria, dos Super Etendard de la Segunda Escuadrilla Aeronaval de Caza y Ataque piloteados por el Capitán de Corbeta Roberto Curilovic y el Teniente de Navío Julio Barraza le dieron un golpe descomunal a la logística de la flota británica al atacar con los ya gloriosos misiles Exocet AM-39 al eco más grande en los radares: pensaron que era un portaviones, pero horas más tarde se enteraron que habían herido de muerte al portacontenedores “Atlantic Conveyor”. La pérdida para los británicos fue millonaria: una docena de aeronaves, combustible, vehículos de combate, repuestos, carpas, armamento, pertrechos para las tropas y material para construir una pista de aterrizaje móvil.

Con el último misil Exocet, dos Super Etendard de la Aviación Naval se lanzaron a atacar al portaviones HMS “Invencible”, al este de las Malvinas. Era el 30 de mayo y contaron con el apoyo de 4 aviones de la Fuerza Aérea. Fue la única operación conjunta entre ambas fuerzas y la última misión de los Super Etendard, piloteados por el Capitán de Corbeta Alejandro Francisco y el Teniente de Navío Luis Collavino.

Los radares de Puerto Argentino ya lo tenían ubicado, pero el buque estaba en alerta y a la espera de los aviones. Fue una misión de puro riesgo y valor que consistía en herir al portaviones con el Exocet y rematarlo con las bombas que descargaran los A4 de la Fuerza Aérea.

"Enganchado el más grande. Lanzo misil" - dijo el Capitán Francisco, a unas 20 millas del blanco.

Al último Exocet lo vieron desprenderse y caer del Super hasta casi tocar el agua, encender el motor y salir volando a su objetivo, dejando detrás una estela blanquecina. Los A4 siguieron la estela del misil, que voló a Match 1 y se perdió de vista. Dos de los A4 fueron derribados, los otros dos vieron una columna crepitante de humo negro y lo tomaron como una señal para descargar su artillería sobre el buque portaviones.

Según el gobierno británico, al “Invencible” no recibió impacto alguno ni soportó averías como consecuencia del ataque. Según el radar de Puerto Argentino, la actividad de vuelo se redujo a la mitad inmediatamente después de esa misión y el buque se retiró de la zona.