Áreas de intervención


Mujer y salud

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS, 1986), la salud es un estado de bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de enfermedad o debilidad.

La salud integral comprende la salud física, mental, social y espiritual a lo largo de todo el ciclo de vida de la mujer. Incluye la prevención, la detección, el diagnóstico y el tratamiento de las condiciones que son más comunes en las mujeres, o que tienen manifestaciones, riesgos o demandan intervenciones que son diferentes para las mujeres.

La salud integral de la mujer

  • Respeta los valores y el conocimiento que las mujeres tienen basados en su propia experiencia con la enfermedad y la salud.
  • Reconoce la importancia de la diferencia de género.
  • Reconoce la necesidad de un abordaje multidisciplinario.
  • Reconoce la diversidad de las necesidades de salud de las mujeres en función de la raza o etnia, la condición social, la cultura, la preferencia sexual y la educación.
  • Reconoce la importancia de empoderar a las mujeres para facilitar su autonomía en las decisiones relativa a su salud.

Salud reproductiva

Implica que las personas puedan tener una vida sexual satisfactoria y segura y que gocen de plena capacidad de reproducirse y de la libertad de decidir cuándo y cuán a menudo hacerlo.

Implícitamente en esta última condición están los derechos de la mujer a ser informadas y a tener libre elección y acceso a métodos para regular la fecundidad, que sean seguros, eficaces, de fácil alcance y aceptables, y el derecho de acceso a servicios y cuidados de salud apropiados que permitan a la mujer atravesar con seguridad el período del embarazo, parto, y postparto.

Violencia de género

La violencia contra las mujeres ha sido y es un tema prioritario para el Instituto

Desde su creación ha participado activamente en la formulación y seguimiento de proyectos dedicados a esta temática. En la sanción de la Ley 24417 del año 1994 sobre Protección de la Violencia Familiar realizó una serie de acciones tendientes a su consecución, y también participó en la Comisión del Ministerio de Justicia que elaboró su Decreto Reglamentario 235/96; realizó el seguimiento de los proyectos de ley para la reforma del Título III del Libro Segundo del Código Penal "Delitos contra la Honestidad", y mantuvo contacto con legisladores para la sanción de la Ley Nº 25087 que la modifica por Delitos contra la integridad sexual que recoge la mayoría de los cuestionamientos formulados por el movimiento de mujeres y el Instituto Nacional de las Mujeres, así como las Recomendaciones de la CEDAW.

Las luchas por la igualdad de género, no son ajenas a la reivindicación de derechos en nuestra historia. A través de procesos revolucionarios, transformadores y políticos, las mujeres han sido las protagonistas invisibles de conquistas eternas en nuestro país.

En el año 2009 se promulgó la Ley 26485 de Protección Integral para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres en los Ámbitos en que Desarrollen sus Relaciones Interpersonales. Esta norma amplía los tipos y modalidades de violencia contra las mujeres, considerándolas no sólo una problemática privada, sino también de orden público. En este sentido, quedan establecidos como tipos de violencia: física, psicológica, sexual, económica y patrimonial, y simbólica, las cuales se pueden dar en los ámbitos doméstico, institucional, mediático, laboral y obstétrico y contra la libertad reproductiva.

La problemática de la violencia contra las mujeres forma parte de la agenda del gobierno nacional. Pero es un desafío que necesita del compromiso social de todos como ciudadanos de nuestro país.

La pervivencia y reproducción de diferencias de trato basadas en estereotipos sexuales y relaciones de dominación son las causantes directas del uso de la violencia contra las mujeres y contribuyen a que nuestras sociedades no puedan avanzar en el desarrollo pleno de la igualdad.

Las políticas implementadas tienen su impacto concreto en la vida de cada uno de nosotros pero el desarrollo de acciones orientadas a luchar contra la violencia de género forman parte de un profundo cambio de paradigma cultural... y los cambios culturales requieren de tiempo y de un fuerte y generalizado compromiso cívico.

Desde el Instituto Nacional de las Mujeres estamos trabajando en equipo con todos los Ministerios desde una mirada integral, transversal, interdisciplinaria y esencialmente federal en distintas dimensiones para reducir y eventualmente, erradicar la violencia hacia las mujeres. Desde la sensibilización y prevención, hasta la asistencia directa a las mujeres víctimas de violencia machista, el Estado tiene la responsabilidad primaria de generar políticas públicas inclusivas que permitan abordar este flagelo.

Nuestra prioridad de trabajo es: generar las condiciones para unirnos como país para lograr hacer realidad el ideal de una sociedad libre de violencia.