Definición de una ciudad sustentable


Entendemos por ciudades sustentables a aquellas localidades que cuentan con un entorno adecuado para el desarrollo de todas las personas que la habitan y la transitan y que hacen uso racional de los recursos sin comprometer los de las futuras generaciones.
Desde una perspectiva sistémica consideramos que es fundamental comprenderlas como una interacción entre el sistema ambiental, social y económico. En este sentido, su significado y definición varían de acuerdo con el entorno urbano al que se aplican. Es decir, no existe un tipo ideal de ciudad sustentable, sino que ésta se conforma según sus características propias.

Tomamos las siguientes dimensiones de la primera definición:

  1. Localidades: Dentro de esta dimensión trabajaremos grandes ciudades, ciudades emergentes, ciudades medianas y pequeñas comunidades.
  2. Entorno adecuado para el desarrollo: De acuerdo con lo planteado, un entorno adecuado para el desarrollo supone el acceso a derechos básicos. Se trata de alcanzar ciertos estándares que deben presentarse en cada uno de estos sistemas, pudiendo sus habitantes disfrutar de los derechos participativos, económicos sociales y ambientales de forma homogénea, superando las desigualdades.
  3. Personas que la habitan y la transitan: Se trata de los destinatarios de las políticas. Es toda la población que integra el espacio sobre el que se está trabajando.
  4. Uso racional de los recursos: Implica tener en cuenta que aquellos recursos que requerimos para satisfacer nuestras necesidades básicas pueden agotarse, contaminarse o saturarse. Esto quiere decir que pueden dejar de existir o volverse inutilizables. En consecuencia, hacer un uso racional de los mismos implica conocer los riesgos de su uso inadecuado para poder direccionar nuestra acción hacia una práctica sustentable que evite los riesgos mencionados. Para eso se deberá procurar que la utilización de los recursos naturales, hídricos y energéticos renovables no supere la capacidad de los sistemas naturales para reponerlos y que la velocidad a la que consumimos recursos no renovables no supere el ritmo de sustitución de los recursos renovables duraderos.