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Cultura

Artes Plásticas

Artes Plasticas

Períodos Pre–hispánico y Colonial

El arte prehispánico antes de la llegada de los españoles se desarrolló especialmente en las poblaciones indígenas de las culturas del Noroeste Argentino (NOA). Conocían técnicas de cerámica, metales y textiles, producción que puede ser vista actualmente en museos y salas de exposición de la región o en el Museo de La Plata.

Los tiempos coloniales estuvieron signados por el arte religioso. En las iglesias de distintos puntos del país quedan valiosos exponentes, tales como esculturas y pinturas de asunto bíblico, retratos de personajes eclesiásticos o de funcionarios civiles. Las obras fueron realizadas por las propias órdenes religiosas, entre las cuales merece destacarse la Compañía de Jesús que mantuvo su primacía hasta 1767, año de expulsión de las posesiones españolas.



Período Independiente

Primera mitad del siglo XIX
A principios del siglo XIX, a instancias de Manuel Belgrano, se creó una efímera Academia de Dibujo que propiciaba la enseñanza de aspectos no sólo estéticos sino morales. Bajo la influencia de la Ilustración, la temática religiosa dio paso a las escenas de costumbres y Francia se convirtió en modelo artístico a emular, como forma de contrarrestar la influencia hispánica.

En 1815 Fray Francisco de Paula Castañeda inauguró otra Academia de Dibujo, que en 1821 pasó a formar parte de la Universidad de Buenos Aires. Instituciones similares se abrieron también en Mendoza y Santa Fe. Durante la presidencia de Rivadavia fueron convocados profesionales europeos que adscribían a criterios artísticos del Neoclacisismo aún imperante. Tras su caída se afianzó el Romanticismo, que buscaba en el pasado la esencia de un país en formación. Este movimiento derivó en un pintoresquismo extremo, con el acento puesto en retratos y paisajes.

Los artistas locales encontraron una fuente de formación en pintores extranjeros como Carlos Enrique Pellegrini y Cayetano Descalzi, o en viajeros que apuntaban al exotismo y trabajaban por encargo, como Emeric Essex Vidal y Raymond Quinsac de Monvoisin. También en este período se destacaron los litografistas Jean Douville y César Baclé. Todos ellos hicieron conocer el paisaje y los tipos humanos de nuestra tierra en el viejo continente.

Segunda mitad del siglo XIX
Los primeros pintores formados en la Argentina fueron Carlos Morel y Fernando García del Molino, quienes se enrolaron en un romanticismo ingenuo de cuño local, de corte costumbrista. Se destacó en este período Prilidiano Pueyrredón, otro romántico acrítico y naturalista, dúctil retratista de las figuras de la sociedad porteña y sus costumbres. Le siguieron Juan Manuel Blanes, un riguroso historicista, y Cándido López, quien reflejó con particular estilo la guerra del Paraguay.

Entre fines de 1871 y comienzos de 1872 se realizó en Córdoba la primera muestra de arte en la Argentina, como apéndice de la Exposición Nacional dedicada a producciones agrarias e industriales, donde fueron laureados el cordobés Genaro Pérez y el porteño Martín Boneo. Años más tarde, el gobierno nacional comenzó a estimular a los jóvenes con becas de perfección en Europa, mientras se fundaban centros de enseñanza que fueron creando condiciones para el incremento de la actividad artística y la conformación de un público interesado.

Por iniciativa privada se fundaron la Sociedad Estímulo de Bellas Artes (1876) y el Ateneo (1892) y desde la esfera estatal se creó el Museo Nacional de Bellas Artes (1895). La obra de Eduardo Sívori (considerado el introductor de naturalismo en el país), Eduardo Schiaffino, Ernesto de la Cárcova y Reinaldo Giudici, todos ellos de gran capacidad técnica, permite contemplar un arco de temas, desde el historicismo al verismo o el costumbrismo moralizante.

En el campo de la escultura fueron consagrados los nombres de Francisco Cafferata, Lucio Correa Morales y Lola Mora, quienes desarrollaron una interesante labor en el campo de la estatuaria monumental, línea estética en la que después adquirirían relevancia Rogelio Yrurtia y Pedro Zonza Briano.


El siglo XX y la actualidad

Las tendencias impresionistas
El regreso de París de Martín Malharro y su inmediata exposición en 1902, marcó la aparición del impresionismo en nuestro país, al que adhirieron Faustino Brughetti y Ramón Silva. El paisaje luminoso se convirtió en centro de la pintura argentina, elección que compartieron los postimpresionistas Fernando Fader, Cesáreo Bernaldo de Quirós y Pío Collivadino, integrantes del grupo Nexos. Esta agrupación participó activamente en el debate sobre la realización de un arte nacional, estimulado por los festejos del Centenario de la Revolución de Mayo.

El peso de lo social
Alrededor de 1920 surgieron los Artistas del Pueblo, correlato plástico del grupo literario de Boedo. Alejados del folklorismo o de la nostalgia del pasado propiciados por la generación anterior, este núcleo formado en bibliotecas de izquierda al calor de las obras de Tolstoi, puso el énfasis en los problemas sociales. José Arato, Adolfo Belloq, Guillermo Facio Hébequer, Abraham Vigo y el escultor Agustín Riganelli expusieron en fábricas y barrios y crearon un Salón de Independientes al cual asistió también, pese no compartir íntegramente sus postulados, Benito Quinquela Martín, identificado con el Grupo de La Boca, en el que descollaron Alfredo Lazzari, M. Carlos Victorica, Eugenio Daneri y Víctor Cúnsolo.

Esta tendencia del arte social se intensificó en el realismo crítico de los años 30, que rechazaba la abstracción por considerarla elitista. En esta corriente sobresalieron Antonio Berni, Lino Enea Spilimbergo, Juan Carlos Castagnino, Carlos Alonso y Demetrio Urruchúa, quienes apelaron al mural, a técnicas y procedimientos como el collage, la fotografía y el montaje y desarrollaron una importante tarea educativa en centros de enseñanza artística.

Esta línea será retomada a fines de la década del 50 por el Grupo Espartaco, integrado por Ricardo Carpani, Juan Manuel Sánchez y Mario Mollari, quienes por medio de la monumentalidad buscarán llevar el arte al pueblo.

Las vanguardias
Paralelamente al surgimiento de la tendencia realista, en las antípodas de los Artistas del Pueblo, del naturalismo y del impresionismo, otro grupo de creadores se nucleó en torno a la divisa retorno al orden, en busca de formas libres y equilibradas, aunque alejadas del academicismo. Adhirieron a esta tendencia Emilio Petorutti y Xul Solar, sumándose luego Norah Borges, Alfredo Bigatti y Alfredo Guttero, allegados al grupo literario de Florida.

Por su parte, artistas argentinos residentes en Francia: Horacio Butler, Hector Basaldúa, Aquiles Badi, Lino Spilimbergo y Raquel Forner, formaron el Grupo de París bajo la consigna de buscar “lo eminentemente estructural de los valores plásticos”.

Hubo también una tendencia figurativa que puso el acento en la introspección, nutriéndose de lo cotidiano. Raúl Soldi, Fortunato Lacámera y Miguel Diómede, representantes de la denominada pintura sensible, cultivaron la expresión de matices delicados con una fuerte carga de subjetividad.

Mientras se afianzaba el realismo crítico, en las antípodas se fortalecían las propuestas surrealistas del Grupo Orión, compuesto por Vicente Forte, Luis Barragán y Leopoldo Presas, entre otros. No obstante, artistas identificados con los postulados de cambio social adoptaron algunos rasgos vanguardistas como Berni o Spilimbergo, quienes transitaron momentos cuasi surrealistas. Otros en cambio, como José Planas Casas y Juan Batlle Planas fueron exponentes “puros” de esta tendencia.

A partir de los años 50, Roberto Aizemberg, Osvaldo Borda, Jorge Tapia y, posteriormente, Guillermo Roux retomarían esta senda en la que convivían poesía, metafísica y elementos oníricos.

Segunda mitad del siglo XX
En 1944 la revista Arturo se convierte en portavoz de la abstracción geométrica rechazando el arte figurativo. Considerada como una segunda vanguardia, los defensores de la abstracción o arte concreto: Carmelo Arden Quin, Gyula Kosice, Tomás Maldonado y Lidy Prati, se reconocían herederos de Pettoruti. De este grupo luego surgieron otras propuestas como la Asociación Arte Concreto Invención, Madí y el perceptismo.

Hacia 1952 se constituyó el Grupo de Artistas Modernos de la Argentina, con José Fernández Muro, Sarah Grilo y Miguel Ocampo, quienes propugnaban el cambio de la racionalidad geométrica hacia la liberación de los sentimientos y la primacía de lo subjetivo. Sin abandonar la abstracción, pero centrados en nuevas búsquedas, figuras como Martha Peluffo, Víctor Chab, Josefina Robirosa y Osvaldo Borda conformaron a su vez el Grupo Boa.

Todos estos encuentros marcaron una nueva etapa del vanguardismo en el país y prepararon el camino para movimientos como el arte óptico y cinético (Julio Le Parc, Hugo Demarco y Luis Tomasello), el informalismo (Kenneth Kemble, Fernando Maza y Mario Pucciarelli), la Nueva Figuración (Luis Felipe Noé, Jorge de la Vega, Ernesto Deira y Rómulo Macció), el arte destructivo (Barilari Kemble, Jorge López Anaya y Antonio Seguí) y el happening (Marta Minujín, Rodolfo Azaro, Margarita Paksa y León Ferrari) – tendencias propias de la década del 60, que tuvo su epicentro en el Instituto Di Tella–. Dirigido por Enrique Oteiza y Jorge Romero Brest, el Di Tella estimuló no sólo el uso de materiales no convencionales sino el abandono total de formalismos, en un ámbito de absoluta libertad formal, en el que se borraban las fronteras entre creador, obra y vida cotidiana.

Simultáneamente, habían comenzado las primeras manifestaciones del conceptualismo, que puso su acento en lo irónico y caótico del desorden cotidiano. Sobre esta línea trabajaron Alberto Greco y Edgardo Antonio Vigo y, en un plano de acción pura: Nicolás García Uriburu y Carlos Ginsburg.

El cierre del Di Tella en 1970 por presión de las autoridades militares, dio lugar al Centro de Arte y Comunicación, donde nacería el Grupo de los 13, luego Grupo CAYC en 1975. Integrado por Jaques Bedel, Jorge Glusberg, Víctor Grippo y Clorindo Testa –entre otros–, propiciaba exposiciones de arte conceptual, arte ecológico, arte pobre, arte de proposiciones y arte cibernético. Sin integrarse en propuestas colectivas, coincidieron desde distintas miradas sobre el concepto Lea Lublin y Liliana Porter, quienes prefigurarían el neococeptualismo, encarnado posteriormente en Jorge Macchi y Juan Paparella.

Contrariamente, otros artistas mantenían el acento en las injusticias sociales. Cabe mencionar entre ellos a Antonio Seguí, Carlos Gorriarena, Alberto Heredia y Jorge Demirjian. El realismo optó por una representación mimética del mundo, exacerbada a veces hasta un hiperrealismo preciosista como el que cultivaron Hugo Laurencena, Carlos Arnaiz, o Héctor Giuffré. En esta línea y protagonizando experiencias vinculadas a la política, se destacó Tucumán arde de Juan Pablo Renzi. Oscar Bony, Pablo Suárez y Diana Dowek pueden ser considerados parte de esta fusión entre arte y compromiso militante. Esta postura implicó retomar la senda del arte concreto basado en los principios de la percepción visual y la reivindicación de géneros tradicionales, como se ve en las obras de Víctor Magariños, María Martorell, Rogelio Polesello y los integrantes del Grupo de Arte Generativo: Eduardo Mac Entyre y Miguel Ángel Vidal. También por estos años se acentuó la expresión de la identidad latinoamericana, a través de técnicas y motivos propios del arte precolombino. En este camino, Marcelo Bonevardi, Alejandro Puente y Pérez Celis alimentaron el denominado constructivismo rioplatense.

Tras la dictadura militar y con el retorno de la democracia, se potenciaron las búsquedas. A principios de la década del ’80 surgió el Grupo de la Abstracción Sensible (Carlos Silva y Raúl Masón) que impulsó el retorno al arte figurativo y al trabajo artesanal, enfatizando los elementos pictóricos decorativos y ornamentales que habían sido desvalorizados por el arte conceptual. Hacia 1982 el Grupo IIIII (Guillermo Kuitca, Osvaldo Monzo y Pablo Bobbio, entre otros) y el Grupo Babel (Nora Dobarro, Juan Lecuona y Gustavo López Armentía, por citar sólo a algunos) cuestionaron el concepto de unidad artística y comenzaron a usar elementos extraídos de la historia del arte como lenguaje.

La década de los 90 estuvo signada por el arte light o kitsch con abundancia de elementos escolares, domésticos, cotidianos y baratos, en una atmósfera de artificio y cinismo, matizada con elementos retrospectivos resignificados y descontextualizados: Jorge Gumier Maier, Graciela Hasper, Román Vitali, Karina El Azem y Fabio Casero cultivaron esta tendencia. Otro grupo eligió recuperar los principios de la abstracción agregando estilos y materiales de campos no artísticos: Fabián Marcaccio, Alejandra Padilla y Silvia Gurfein son algunos de los nombres de esta corriente. Como contrapartida, hubo otros creadores que mostraron una veta sensible a los problemas y miserias sociales de la época y para mostrar ese rostro apelaron a lo abyecto, integraron en sus obras lo perverso y lo feo con alusiones permanentes a la violencia, a lo efímero de la vida y a la degradación corporal. En esa senda expresiva recurrieron a materiales corrompibles de origen animal o humano y a elementos rotos o fuera de contexto. Este fue el camino transitado por Daniel Santoro, Nicola Costantino, Alicia Herrero, Gabriela Sacco y el Grupo Escombros –con su estética de lo roto–.

Para Agendar -Préstamos y subsidios para artistas-

Para obtener un préstamo o subsidio del Fondo Nacional de las Artes, a diferencia de la tramitación de becas, no existen plazos de vencimiento para la presentación de solicitudes. Puede hacerlo en cualquier mes del año, siempre y cuando se trate de día hábil.

Normativa

El auspicio oficial y la declaración de interés nacional de actividades artísticas y/o culturales están contemplados en el Decreto 101/85 y en la Resolución SC Nº 476/92. Para ampliar información sobre el marco legal y los pasos a seguir en la tramitación pertinente, dirija su consulta a la Secretaría de Cultura.

Museo Nacional de Bellas Artes

Reúne la mayor colección de la Argentina y cuenta asimismo con obras de destacados artistas universales.
Av. Del Libertador 1473
(1425) Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Teléfonos: (54–11) 4803–0802 /8814.
Horario: martes a viernes de 12.30 a 19.30 hs.; sábados, domingos y feriados de 9.30 a 19.30 hs.

Salas de la Argentina y del mundo

Si desea obtener información sobre salas de exposición ubicadas en diversas ciudades de la Argentina y del mundo, consulte el directorio que ofrece la Secretaría de Cultura.


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